Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

La falda muy corta

Cuando la viste entrar supiste que se iba a liar, en realidad lo sabías de antes, cuando sin esperarlo, tus hijos llegaron y ocuparon un lugar en primera fila. De nada sirvió el apresurado mensaje, ni tampoco ayudó el numeroso público que abarrotaba la sala, fue escucharse, en el silencio del poema, la puerta que se abría y todos, sin excepción, giraron la cabeza para ver quien era el desalmado que se atrevía a llegar tarde al recital.
Y allí estaba ella, altiva, arrogante, desafiante con quienes buscaban cuestionarla, hermosa como siempre, una exótica flor en aquel jardín de oscuros intelectuales, con la sonrisa pintada de rouge y la falda varios centímetros más corta de lo recomendable en un acto de esas características, pero… así era ella y todo se lo perdonabas, hasta aquella interrupción incómoda que hizo levantarse a los dos adolescentes que apenas empezabas a recuperar tras el divorcio y que la miraron de manera despectiva mientras abandonaban la sala.
Quizá algo bueno saliera de esa situación, pensaste, la presentación de tu nuevo libro andaría de boca en boca por muchas semanas, publicidad añadida que siempre es de agradecer, por lo que calmado el revuelo y gran parte de los murmullos, indicaste con un gesto a la mujer que aguardaba junto a la puerta que ocupara una de las sillas que había quedado vacía y carraspeando, para captar de nuevo la atención del respetable, diste comienzo a una nueva lectura.

Dolores Leis Parra

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Viaje al Norte

No hace falta viajar a Alaska
para interiorizar el camino.
Cree el viajero que la sabiduría
se adquiere observando,
tras el cristal sucio de la kombi,
el olvido.
Muestra condescendiente a la retina,
sin más humildad que el yo,
la mirada ficticia de la cámara
y cree que la espiritualidad
es desplazar la materia
desconociendo que el camino
es mucho más que un puñado
de kilómetros recorridos.

Dolores Leis Parra (Inédito)

Eres tú mi príncipe azul…

Portada del cuento
Trabajo de la profesora Luisa Arroyo y su hija

      

Desde el Liceo Luis Humberto Acosta, en la comuna de El Monte, me invitaron a escribir una introducción que diera pie a un baile de cuento que se realizaría durante el Café Literario organizado para finalizar los actos que conmemoraban la semana del libro.

Mi admiración y agradecimiento a los pequeños príncipes y princesas que pusieron alas a mis palabras: Krishna, Amaranta, Crishna, Karla, Antonia, Scarlett, Andrés, Benjamín, Gonzalo, Luis y Yostin.
Nada más bello que su sonrisa.
Nada más hermoso que su cariño.

CUENTO PARA UN VALS
Había una vez, en un país no tan lejano, un hermoso palacio coronando la montaña. Los príncipes habían partido en busca de aventuras deseando conquistar nuevas tierras y convertirse en recordados guerreros. Las princesas, por su lado, marcharon también en busca de sus propios cuentos dejando entre sus muros al rey solo y triste.
Pasaron los años y ninguno regresaba, cansado el anciano rey de que sus palabras sólo obtuvieran silencio como respuesta decidió dar un gran baile con el que llenar de alegría su corazón y los altos techos del palacio; mandó descorrer las cortinas, encerar los suelos hasta convertirlos en espejos y engalanar con lazos y globos las paredes.
La noticia de los preparativos corrió por los distintos reinos llenándose el lugar de vecinos que deseaban acompañar al rey y participar de la fiesta.
Llegaron los príncipes que, nerviosos, paseaban de un lado a otro por la escalinata, tropezando entre sí cada pocos pasos.
Aurora despertó de su sueño.
Blancanieves abandonó el bosque.
Bella visitó su cabello con pétalos de rosa.
Y Cenicienta se calzó de nuevo los zapatitos de cristal.

¡Silencio! Parece que alguien viene…
¡Sí! ¡Son cascos de caballos! Se acerca un carruaje…
¡Miren! La sala está iluminada…
¿Escuchan? Es la música que se filtra por las ventanas. Hay risas en el palacio…
Ya están aquí las princesas ¡Qué comience el baile!

Dolores Leis Parra

(Música de fondo)
Eres tú mi príncipe azul…

Pequeños príncipes y princesas junto a las profesoras Luisa Arroyo (5º Básico) y Alejandra Caverlotti (coreógrafa y profesora de yoga)

 

 

…más cine por favor

Fotograma de «Palmeras en la nieve»

Han sido jornadas de cine, tres películas en dos días, tres películas que me han llegado al corazón y a las tripas…
Debo confesar que no he sido nunca cinéfila y que es ahora, en la vejez, cuando empiezo a disfrutar de este maravilloso arte. Qué nadie se lleve las manos a la cabeza, no es mi cometido hacer crítica de ellas, tampoco estoy capacitada para criticar nada que no sea mi propia obra, pero no puedo dejar de nombrarlas por si alguien con gustos similares, y sensibilidad a flor de piel, se anima.

-El hilo invisible (2017)
-Hostiles (2017)
-Palmeras en la Nieve (2015)

Esta última es una adaptación de la novela de Luz Gabás que, por motivos tecnológicos, no pude leer en su momento y que ahora, tras ver la hermosa y dramática historia que esconde sus páginas, me hace cuestionarme mi capacidad como escritora. Si la película es maravillosa cómo no ha de ser el libro.

Pues nada a seguir echándole ganas sin caer en el desaliento…

¡A ponerle empeño no más!

Dolores Leis Parra

Un día como hoy

Hace tiempo que los recuerdos que facebook me trae cada mañana son escasos y totalmente anodinos, me cuesta reconocerme en esas frases sin fuerza, en esas fotos cliché, en esa mujer que parecía querer demostrar que seguía ahí a pesar de silencio al que estaba condenada.

Facebook es la constancia de lo vivido, a diario entremezcla actualidad y recuerdos que muchos vuelven a compartir intentando convencerse de que cualquier tiempo pasado (no) siempre fue mejor, recuerdos mostrados con orgullo, con nostalgia, con esa letanía de repetir, mientras que yo sólo puedo deslizar el ratón y dejar que continúen ocultos en ese espacio que la aplicación titula, casi a modo de burla, «un día como hoy», como si hoy fuera todos los días.

¿Vivimos para facebook? ¿Son reales esos momentos o sólo pose para acaparar pulgares hacía arriba y corazones? ¿Existe lo que no se comparte en las redes sociales? Miro ese pasado y no sé si es que no supe captar los momentos o simplemente mi vida se diluyó en esa nube que llamamos internet, pero me niego a creer que la Dolores de los primeros facebook y la de los últimos son producto de la madurez que nace de cumplir años y desperdiciar sueños. Lo bueno, y aunque alguno se eche las manos a la cabeza, es que creo estar recuperándola y quizá el año que viene los recuerdos sean dignos de ser recordados… y si no, no.

Dolores Leis Parra

 

Encuentro

Imagen de google

Pregunté, como se me dijo en el email, por la dueña del departamento, supe que había habido un error en las fechas y no me esperaban hasta el día siguiente aunque, por fortuna, la que iba a ser mi casera se encontraba en casa, la curiosidad del joven pasó por indagar si era «la española», como si sólo mi nacionalidad fuera importante en esa situación, para replegarse de nuevo en el silencio de los monitores que vigilaban los largos pasillos y al negocio que se cocía en su teléfono móvil.
Dos perros, uno blanco y otro negro, precedieron en las escaleras primero unas piernas, luego un grueso chaquetón de hombre para finalmente dar paso al rostro que intentaba ocultar la vejez con una capa de maquillaje de colores imposibles, pero lo más llamativo no era la pintura grotesca que cubría sus párpados o labios, sino la mata de pelo rojizo cardado que más parecía sacado de una tienda de disfraces que cabello natural. Soy coja, me dijo a modo de saludo, aunque yo nunca percibí su cojera, al contrario, siempre me costó seguirla el paso.
En España decimos que más sabe el diablo por viejo que por diablo; esa mujer, además de vieja, era la reencarnación femenina del demonio y yo, sobradita como llegué, creyéndome de vuelta de todo, caí de bruces en sus garras.

Dolores Leis Parra

Caminos de barro

Fotografía internet

La lluvia
embarra desde el martes los caminos
anuncia
que el llanto del cielo
perdurará en el altar de los siglos.

Dolores Leis Parra (Inédito)

Mujer-isla

Florecer (Sara Fratini)

Y de nuevo el vacío,
el silencio que envuelve a la Mujer-isla
perdida en un océano
de personas que la ignoran.

Desea escapar de esa Tierra de Nadie
alejarse de las raíces de los versos
que en su rápida lectura, todo dice
a aquel para el que fueron recitados.

Tiene la certeza de que en esos labios
la Mujer-isla sería un volcán en erupción,
su torrente de palabras lava ardiente,
cenizas el corazón que llora en el centro de la sala.

Dolores Leis Parra
(Inédito)

 

Reflexiones sobre la muerte

 

No es la muerte, es ese miedo a reencarnarse en otro cuerpo que nunca recordará quien fuiste, los momentos que viviste ni lo que sentiste mientras los vivías.
No es la muerte, es el miedo a perder la identidad, son los recuerdos que abandonan el espíritu, ocultos en los bolsillos de ese traje que llamamos cuerpo y que, como él, serán devorados por las llamas o los gusanos.
No es la muerte, ni el dolor por los que quedan, es despertar y no saber en quien te has convertido ni que cuota de felicidad y sufrimiento te tocará pagar en esa nueva vida que te ofrecen.
No es la muerte, es el temor del más allá y la certeza de la desmemoria.
No es la muerte, es el olvido.

Dolores Leis Parra

Teatro

«A mi padre»

Regreso al blog con la maldición de no ser yo quien escribe.
Este año planea la incertidumbre de la vejez y el olvido: esos fantasmas que nadie invita y se sientan a tu mesa; viajes nunca realizados a los que reclamas un regreso; teatros abarrotados, sin palco ni platea, dónde sentarse a disfrutar los entreactos de la vida.

Regreso al blog con ese filo de amenaza: un umbral con salida al precipicio y el castigo de la muerte acechando entre bambalinas.

Dolores Leis Parra

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