Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

Frases ya escritas

…despierta el metro con su carga de insomnes (1 de Noviembre, 2014)

…muñones de dedos amputados señalando un corazón (Entelequia, 2015)

…El silencio se adueñó de los altos techos (El pasado en cada esquina, 2015)

…Morfeo (no) tiró la toalla (Matrix, 2015)

…no vio la sombra, tampoco la sombra que seguía a la sombra (El pasado en cada esquina, 2015)

…y alegra esa cara Maxwell, que estamos en España (El último Bernal, 2013)

…Cuesta no pensar en nada, tan sólo escribir (Mediodía, 2017)

…si nos anclamos al pasado renegando del futuro ¿qué sentido tiene desafiar al presente? (Relatividad, 2017)

Dolores Leis Parra

 

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Relatividad

Quien sabe lo que nos depara el pasado.
La frase no es mía, la he leído de un contacto que a su vez lo leyó en fb y me parece una frase genial, ¿qué es el futuro sin pasado? A veces hay que vivir el pasado y el futuro en el mismo plano, por igual y en paralelo, ambos son giros de una moneda lanzada al aire.
Se dice que somos la consecuencia de lo que decidimos en el pasado, no sólo ese pasado que recordamos y engloba nuestra niñez y adolescencia, no sólo de esos pasos certeros o equivocados que dimos en la vida adulta; también de todas las elecciones de las muchas vidas que nos tocó vivir en distintas épocas y con distintos cuerpos.
Podemos creer que el cuerpo que lucha por la supervivencia en este plano es el mismo que, en otras dimensiones, se manifiesta como envoltorio de una mente que necesita diferentes sueños para ser feliz de los que somos conscientes aquí y ahora… también podemos no creer.
Es cierto que nadie sabe lo que nos depara la vida, ni pasada ni futura ni presente por que éste cambia con un suspiro, una palabra, una lágrima… El presente es el más efímero de los tiempos y quizá por eso nos cuesta tanto vivir en él, es más sencillo regresar al pasado que, en su intemporalidad, se hizo eterno o renegar de ese futuro, de equilibrio incierto, en que se transforma la lágrima al deslizarse por la mejilla, y mientras, en un brevísimo lapso de tiempo nos asalta la inquietud  de no poder responder la más sencilla de las preguntas: si nos anclamos al pasado renegando del futuro ¿qué sentido tiene desafiar al presente?, y como no encontramos respuesta relativizamos, cual genio loco, los conceptos espacio-tiempo y seguimos respirando.

Dolores Leis Parra

Declaración

YO SOY Dolores Leis Parra
YO SOY Escritora
YO SOY Artesana
YO SOY Fuerte
YO SOY una Luchadora

YO AMO la Vida
YO AMO la Sencillez de mi Vida
YO AMO la Complejidad de mi Vida
YO AMO mi Vida

YO SOY Valiente
YO SOY Creadora
YO SOY Escritora
YO SOY Dolores Leis Parra

Dolores Leis Parra
Halloween 2017

Mediodía

Queda atrás el mediodía, obediente sigo a Sarito hasta el jardín. Me siento en la entrada para llenarme de sol, él se tumba junto a la banca que sostiene el cubo de agua del que bajan a beber los gatos vecinos. Se siente el calor, mi cuerpo lo agradece el suyo se adelanta medio metro dejándose caer en las sombras de las flores que ocultan la reja.

Sin tregua pasan los minutos…

Cansado, quien sabe si de la arena húmeda que le sirve de colchón o de la soledad que le envuelve, camina hasta la escalera para sentarse a mi lado, vigilante observa cada brizna, cada rama, cada insecto, cada efecto del viento que a sus ojos se vuelve juguete o manjar.

Miro la fecha de mi última entrada, hace semanas que no publico una historia, aunque las historias siempre giran en torno a la mente desbocada. Cuesta dar forma a las ideas, disfrazar la realidad de ficción, crear señuelos, encontrar un minuto para sentarse a tomar sol y disfrutar del ronroneo calmo de un gato. Cuesta no pensar en nada, tan sólo escribir.

Dolores Leis Parra

Gatos en el tejado

 

Sarito

Talismán, mi gata imaginaria, paseaba por las planchas del tejado de los vecinos, sigilosa, al acecho, escondiendo el cuello tras la bola de pelaje que cubre su gran cuerpo mientras a la derecha, entre otras planchas de otra casa vecina, un gato plomo, no de pelaje sino de suciedad, caminaba distraído olisqueando las esquinas.
Hacía horas que Sarito se había marchado por la misma puerta que, a pesar de mi advertencia, siempre dejaban abierta las alumnas y empezada la clase no había posibilidad de abrir nuevamente hasta que el sonido de los cuencos la diera por finalizada, aproximadamente una hora después.
En mi afán de gata maternal y protectora le escuché arañar la puerta de aluminio que separa la sala del más pequeño de los patios, también oí como golpeaba con su patita la puerta de madera que da acceso a otro patio algo mayor, finalmente mi guía auditivo, que no instinto, me llevó hasta el piso superior donde lejos de hallar a mi gato encontré a los nombrados con anterioridad, ignorando la primera mi visión en la ventana, y sin dignarse siquiera a mirarme el segundo.
Soltar, no aferrarse, libertad, amar sin apegos… Entiendo todos y cada uno de estos conceptos pero el temor me impide relajarme cada vez que éste gato, alocado y jaranero, sale de paseo por el barrio. Y me asomo a la ventana buscando su pelaje canela en el jardín de los vecinos, y le llamo con la misma voz ñoña que usamos al hablar a los niños pequeños (¿cariño o estupidez?), y viene casi siempre y cuando no lo hace aguardo su salto al interior y corro a cerrar rascando de seguido su barriga blanca mientras él mordisquea suavemente y lame mi mano, besos que se hacen perdonar la intranquilidad que su ausencia me ocasiona.

Dolores Leis Parra

 

Lecciones

Aprendí a reconciliarme con el miedo,
mirar de frente al monstruo
que habita mi interior,
y a trabajar para encontrar
el rastro de humanidad
que esconde la imagen del espejo.

Aprendí a mirar sin miedo
la cuenca de mis ojos,
a escuchar silencio en el ruido
que confunde la palabra,
a descansar sin temor
en el centro de tu pecho.

Aprendí que entre la bruma
existe un camino de girasoles
que ilumina la más oscura de las noches.

 

Dolores Leis Parra
-Inédito-

Crónica de un Festival

Cartel promocional del I Festival Fusión Arte (Plaza de Armas de Talagante)

Ni el frío, ni la noche fueron excusa el sábado para que la Sala/Teatro de la Casa de la Cultura de Talagante se llenara de amigos y amantes de las artes. El llamado lo hizo Marez a través del I Festival Fusión Arte, festival que contó con la participación y el apoyo de la Corporación cultural que de manos de su director, Don Manuel Vergara, le hizo entrega de un cuadro conmemorativo por su labor en la difusión de la cultura en la comuna.
El evento reunió en un mismo escenario música, circo, teatro y poesía, y para dar la bienvenida a los asistentes, en el hall de acceso al teatro, los cuadros de Madalena Lobão-Tello.

Madalena Lobão-Tello

Coordinar y empastar las distintas manifestaciones artísticas que componían el festival no era tarea fácil, pero Marez lo consiguió al introducir la magia del circo como conductor y presentador de las distintas participaciones.

En un año en que la polémica por el premio Nobel de literatura levantó ampolla entre muchos escritores y poetas, decir que la música que nos acompañó esa tarde era poesía en movimiento. Ivok, Critical funk y Marez dejaron claro que la buena música acoge buenas letras y las buenas letras duplican su mensaje con la buena música. Tiempo de volar, soñar y reivindicar, o póngales ustedes el orden, que éste no alterará el producto.

Ivok

 

Marez

 

 

 

 

Critical funk

El Teatro estuvo a cargo de Sol Segura y Compañía que escenificó un fragmento adaptado del mito de Medea.

 

 

 

 

 

Y en cuanto a la poesía, tres fueron los poetas participantes, uno Talagantino, otro de Tomé y la española que escribe, vecina de esta comuna desde hace casi un año.

Ricardo García (Tomé)

Javier Tarkowski (Talagante)

Sacarse selfies mientras uno recita no es nada sencillo, más bien diría que misión imposible por lo que no puedo dejar constancia gráfica de mi paso por el I Festival Fusión Arte pero les prometo -palabra de Leis- que allí estuve recitando mis poemas.

Dolores Leis Parra

Hoy

Me siento bien, sonrío, es increíble como un pequeño logro me hace pasar de la preocupación a la euforia.
Paseo por Santiago, bajo por Estado en dirección a la Alameda, casi llegando descubro el Burger King donde un año antes hice una entrevista de trabajo, ¿porqué no? me digo, mi día bien merece un capricho. Elijo cuidadosamente, no quiero tomate, lechuga ni ninguna de las otras mariconadas que pretenden convertir la comida basura en algo saludable, sólo carne (doble), bacón y queso acompañado de mucho ketchup y mostaza.
La misma mujer que aquel día me permitió acceder a las oficinas me saluda sonriente mientras me pregunta si quiero subir al piso superior, creo ver en ese gesto que me ha reconocido, pero, quién sabe.
Me siento junto a la ventana, abro el envoltorio, saco el móvil y entre bocado y bocado me doy cuenta de que en lugar de saborear ese momento tan especial me dedico a mirar como un autómata el facebook. Apago. Me quito las gafas. Muerdo con deleite la carne jugosa que chorrea entre el tierno pan hasta mi mano, sorbo (casi rayando la mala educación) de la pajita que corona mi bebida y mientras observo la calle, y a sus transeúntes, me pongo a idear este relato. Al terminar el almuerzo bajo las escaleras, la misma mujer que me recibió se despide con un guiño, no me cabe duda, me ha reconocido.
Satisfecha, feliz, humana, recorro los pocos metros que me separan del metro.
Sonriendo, sonriendo, sonriendo…

Dolores Leis Parra

Salirse de ruta

Veo, escucho y leo, contenta ante este nuevo despertar de la consciencia y la conciencia, que algún amigo y otros conocidos virtuales, deciden dar carpetazo y empezar una vida diferente. No diré que nueva, porque nada más antiguo que recuperar la m(v)isión que se nos dio al nacer y que un alto porcentaje de seres, a fuerza de convencionalismo y cuadrícula, se vieron forzados a olvidar para sustentar una sociedad consumista que les convirtió en robot del sistema, sin alma ni sonrisa.

Va por todos aquellos que, a pesar del miedo, decidieron cambiar la comodidad de una ruta predecible para desplegar las alas, quebradas al crecer, y retornar al hogar.

Dolores Leis Parra

Cuero de chancho

«Cuando alguien decide ser fiel a si mismo y vivir de manera alternativa tiene que hacer cuero de chancho». Así le hablaba Alejandra a su hija que, con doce años, tiene muy claro lo que le gusta, lo que desea y como quiere vivir su vida a pesar de sufrir diariamente a los molestos compañeros que ni entienden ni quieren entender, mucho menos aceptar.
La intolerancia se instala en las aulas y en las calles; el intolerado se vuelve intolerante pero no sólo con los que son intolerantes con él, su grado de intolerancia se extiende a esas otras personas, siempre minorías, que como ellos ha decidido ser fieles a si mismos y vivir de manera políticamente incorrecta. De este modo se crea una especie de partido de tenis dónde la fuerza del saque tira a matar y en muchos casos mata.
Me han preguntado en varias ocasiones que cuando voy a buscar trabajo, también me han echado en cara, directamente, que no trabajo, parece que hacer joyas y venderlas (quien dice joyas dice cualquier tipo de artesanía), escribir una novela o un poemario, dar clases de yoga o artes marciales, ser entrenador personal, hacer el pino puente o bailar zapateado en la plaza principal, no es trabajo porque no te obliga a pasar ocho horas en una tienda u oficina. Si optas por ese tipo de vida te conviertes en un rebelde, por sacar los pies del tiesto, por tener el valor de abandonar matrix para regresar a tu esencia, pero es lo que has decidido y hace feliz aunque no te permita tener un lujoso coche en la puerta ni una boyante cuenta bancaria o ser el más popular de los compañeros de clase.
Me pregunto si yo también, desde mi manera actual y diferente de ver la vida me he vuelto intolerante o sólo es incomprensión y tristeza ante la manera de actuar de muchos de aquellos que no entendieron mi elección y se perdieron en el silencio, el desdén, la burla y el olvido.
Ante ello cubro mi piel con Cuero de chancho que, aún revestida, siente de cuando en cuando la cuchilla que sin querer o queriendo trata de degollarlo por intentar vivir fuera de los límites de la vanidad.

Dolores Leis Parra

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