Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

Archivar para el mes “noviembre, 2013”

Alzheimer

Pierdes la confianza

mientras escuchas salvas,

cañones en la noche

de cuentos piratas.

Dejas de lado la cordura

con cada nueva palabra

que marca el encabezado,

el pie de página.

Letras turbias, olvidadas

dentro de una mente blanca,

que emborrona la tinta

de la vieja máquina

cansada de escribir

para nadie, para nada.

Sólo quien a la noche

recoge la casa,

encuentra en la papelera

pedacitos de alma.

Princesas rescatadas.

Dolores Leis Parra

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Años de EGB

CEIP Regimiento Inmemorial del Rey (Moratalaz)

Una solicitud de amistad en facebook. Un privado. Un grupo de wasap. Cuantas herramientas entre las manos para recobrar y recordar los años lejanos de EGB. Más de treinta ¡Cómo corre el tiempo! Por fortuna siempre hacía adelante, de otro modo, seríamos incapaces de enfrentarnos a esa época con una sonrisa.

Colegios públicos que aún siendo mixtos, segregaban las clases por sexos. Patios llenos de combas y gomas de saltar los primeros años, confidencias y sonrojos los previos a la graduación. Alumnos cruzando miradas e iniciando conversaciones, que morían sin llegar a nada frente al silbato del profesor que ese día cuidaba el recreo.

Cuando eras la fea, la empollona, la torpe o la simpática; cualidades todas que a esa edad, no son tan buenas ni tan malas como la literalidad del adjetivo indica. Caía al azar cuando entrabas, allá por los seis años y ya no te abandonaba hasta los catorce. Fin del ciclo.

Hoy comparto una entrada de blog poco habitual. Hablar de mi niñez siempre me ha parecido un trabajo demasiado agotador como para acotarlo en letras, sin embargo, en este día se adueña del papel un grito liberador. Aflojo el corset de la adolescencia. Desabrocho el sujetador del pudor. Arrojo el liguero de la vergüenza. Recobro el final de una década y el comienzo de otra (los 70 y los 80). Regreso con paso firme, acompañada, al colegio dónde estudie EGB.

Dolores Leis Parra

Historias en autobús

Historias en autobús

Viajar en autobús es un magnífico escaparate a la diversidad que nos rodea.

Veo una joven (no más de veinte años), lleva dentro de su bolso un perrito pequeño, como sugiere el diminutivo, es un chucho feo, negro y delgado. La madre de la joven (que no del perro), se sienta detrás y se pasa todo el viaje haciendo cucamonas al animal, entre frase y frase, la más joven besa el largo hocico que asoma por una abertura de su bolso ¿Serán igual de cariñosas la una con la otra, como lo son con el perro?

“Lo poco gusta, lo mucho cansa” Escucho sin querer esta cita (o queriendo, que en el autobús ya se sabe, igual escuchamos conversaciones ajenas, que leemos el libro de nuestro compañero de asiento) y retrocedo al pasado. He oído infinidad de veces esta frase aunque llevara perdida años en mi memoria. He de dar la razón a la mujer que la ha pronunciado, aunque en mi ensimismamiento he perdido el hilo de la conversación que ambas mantenían. No cabe duda que la frase resulta certera con independencia del contexto en que se pronuncie. Pero ¿Cómo cuantificar ese poco o mucho? ¿Dónde encontrar ese término medio que en teoría nos lleva a la virtud?

Frente a mí se sienta una chica, vista desde mi edad, casi una niña. Su cabello mezcla la gama de violetas hasta llegar al rosa, el labio inferior apenas se ve, oculto por una línea de pirsin, en los ojos una gruesa raya de kohl  le dibuja unas ojeras que su juventud niega. El tinte, los pirsin (y posiblemente algún tatuaje), la languidez de los ojos ocultando con maquillaje su brillo, están ahí, son parte de esta juventud que nos rodea. Moda, o modo de saberse parte a una tribu y afrontar la vida. ¿Qué pasa por la cabeza de una adolescente para maltratar su cuerpo de esa manera?, porqué estéticas aparte y por muy valiente que seas, tiene que doler.

Levanto la cabeza ¿Me observarán los demás como yo hago con ellos? ¿Qué imagen se crean de mí esos viajeros que ni conozco ni me conocen? Su mirada se detendrá en alguien que trata de tomar notas en una libreta obviando vaivenes y mareos. ¿Intuirán que escribo sobre ellos? ¿Qué la vida que proyectan forma parte de mis historias?

¿Escribirá simultáneamente alguien sobre mí?

Dolores Leis Parra

Frío

Las emociones pasaban por su lado sin tocarle ¡Y mira que algunas lo habían intentado! En el entierro de sus padres. Cuando le dieron el premio a toda su carrera. Durante el beso que selló su matrimonio con Felicia… Tantas y tantas ocasiones a lo largo de los años para sentir emoción, que no fueron más allá, de la indiferencia mostrada por un niño que consigue todo lo que quiere.

Por suerte era un magnífico actor. El mejor. Nadie lo pondría en duda cuando en breves minutos el presentador de la gala abriera el sobre, extrajera la tarjeta, y anunciara al mundo el tan ansiado nombre.

― Y el ganador del Oscar a la mejor interpretación masculina es…

La ovación y el frío fueron uno en el teatro. El cerebro ordenó el gesto. Nadie, ni siquiera los más cercanos, notaron ese segundo de inexpresividad en su rostro.

Dolores Leis Parra

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