Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

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Eres tú mi príncipe azul…

Portada del cuento
Trabajo de la profesora Luisa Arroyo y su hija

      

Desde el Liceo Luis Humberto Acosta, en la comuna de El Monte, me invitaron a escribir una introducción que diera pie a un baile de cuento que se realizaría durante el Café Literario organizado para finalizar los actos que conmemoraban la semana del libro.

Mi admiración y agradecimiento a los pequeños príncipes y princesas que pusieron alas a mis palabras: Krishna, Amaranta, Crishna, Karla, Antonia, Scarlett, Andrés, Benjamín, Gonzalo, Luis y Yostin.
Nada más bello que su sonrisa.
Nada más hermoso que su cariño.

CUENTO PARA UN VALS
Había una vez, en un país no tan lejano, un hermoso palacio coronando la montaña. Los príncipes habían partido en busca de aventuras deseando conquistar nuevas tierras y convertirse en recordados guerreros. Las princesas, por su lado, marcharon también en busca de sus propios cuentos dejando entre sus muros al rey solo y triste.
Pasaron los años y ninguno regresaba, cansado el anciano rey de que sus palabras sólo obtuvieran silencio como respuesta decidió dar un gran baile con el que llenar de alegría su corazón y los altos techos del palacio; mandó descorrer las cortinas, encerar los suelos hasta convertirlos en espejos y engalanar con lazos y globos las paredes.
La noticia de los preparativos corrió por los distintos reinos llenándose el lugar de vecinos que deseaban acompañar al rey y participar de la fiesta.
Llegaron los príncipes que, nerviosos, paseaban de un lado a otro por la escalinata, tropezando entre sí cada pocos pasos.
Aurora despertó de su sueño.
Blancanieves abandonó el bosque.
Bella visitó su cabello con pétalos de rosa.
Y Cenicienta se calzó de nuevo los zapatitos de cristal.

¡Silencio! Parece que alguien viene…
¡Sí! ¡Son cascos de caballos! Se acerca un carruaje…
¡Miren! La sala está iluminada…
¿Escuchan? Es la música que se filtra por las ventanas. Hay risas en el palacio…
Ya están aquí las princesas ¡Qué comience el baile!

Dolores Leis Parra

(Música de fondo)
Eres tú mi príncipe azul…

Pequeños príncipes y princesas junto a las profesoras Luisa Arroyo (5º Básico) y Alejandra Caverlotti (coreógrafa y profesora de yoga)

 

 

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Encuentro

Imagen de google

Pregunté, como se me dijo en el email, por la dueña del departamento, supe que había habido un error en las fechas y no me esperaban hasta el día siguiente aunque, por fortuna, la que iba a ser mi casera se encontraba en casa, la curiosidad del joven pasó por indagar si era «la española», como si sólo mi nacionalidad fuera importante en esa situación, para replegarse de nuevo en el silencio de los monitores que vigilaban los largos pasillos y al negocio que se cocía en su teléfono móvil.
Dos perros, uno blanco y otro negro, precedieron en las escaleras primero unas piernas, luego un grueso chaquetón de hombre para finalmente dar paso al rostro que intentaba ocultar la vejez con una capa de maquillaje de colores imposibles, pero lo más llamativo no era la pintura grotesca que cubría sus párpados o labios, sino la mata de pelo rojizo cardado que más parecía sacado de una tienda de disfraces que cabello natural. Soy coja, me dijo a modo de saludo, aunque yo nunca percibí su cojera, al contrario, siempre me costó seguirla el paso.
En España decimos que más sabe el diablo por viejo que por diablo; esa mujer, además de vieja, era la reencarnación femenina del demonio y yo, sobradita como llegué, creyéndome de vuelta de todo, caí de bruces en sus garras.

Dolores Leis Parra

Caminos de barro

Fotografía internet

La lluvia
embarra desde el martes los caminos
anuncia
que el llanto del cielo
perdurará en el altar de los siglos.

Dolores Leis Parra (Inédito)

Mujer-isla

Florecer (Sara Fratini)

Y de nuevo el vacío,
el silencio que envuelve a la Mujer-isla
perdida en un océano
de personas que la ignoran.

Desea escapar de esa Tierra de Nadie
alejarse de las raíces de los versos
que en su rápida lectura, todo dice
a aquel para el que fueron recitados.

Tiene la certeza de que en esos labios
la Mujer-isla sería un volcán en erupción,
su torrente de palabras lava ardiente,
cenizas el corazón que llora en el centro de la sala.

Dolores Leis Parra
(Inédito)

 

Frases ya escritas

…despierta el metro con su carga de insomnes (1 de Noviembre, 2014)

…muñones de dedos amputados señalando un corazón (Entelequia, 2015)

…El silencio se adueñó de los altos techos (El pasado en cada esquina, 2015)

…Morfeo (no) tiró la toalla (Matrix, 2015)

…no vio la sombra, tampoco la sombra que seguía a la sombra (El pasado en cada esquina, 2015)

…y alegra esa cara Maxwell, que estamos en España (El último Bernal, 2013)

…Cuesta no pensar en nada, tan sólo escribir (Mediodía, 2017)

…si nos anclamos al pasado renegando del futuro ¿qué sentido tiene desafiar al presente? (Relatividad, 2017)

Dolores Leis Parra

 

Mediodía

Queda atrás el mediodía, obediente sigo a Sarito hasta el jardín. Me siento en la entrada para llenarme de sol, él se tumba junto a la banca que sostiene el cubo de agua del que bajan a beber los gatos vecinos. Se siente el calor, mi cuerpo lo agradece el suyo se adelanta medio metro dejándose caer en las sombras de las flores que ocultan la reja.

Sin tregua pasan los minutos…

Cansado, quien sabe si de la arena húmeda que le sirve de colchón o de la soledad que le envuelve, camina hasta la escalera para sentarse a mi lado, vigilante observa cada brizna, cada rama, cada insecto, cada efecto del viento que a sus ojos se vuelve juguete o manjar.

Miro la fecha de mi última entrada, hace semanas que no publico una historia, aunque las historias siempre giran en torno a la mente desbocada. Cuesta dar forma a las ideas, disfrazar la realidad de ficción, crear señuelos, encontrar un minuto para sentarse a tomar sol y disfrutar del ronroneo calmo de un gato. Cuesta no pensar en nada, tan sólo escribir.

Dolores Leis Parra

Lecciones

Aprendí a reconciliarme con el miedo,
mirar de frente al monstruo
que habita mi interior,
y a trabajar para encontrar
el rastro de humanidad
que esconde la imagen del espejo.

Aprendí a mirar sin miedo
la cuenca de mis ojos,
a escuchar silencio en el ruido
que confunde la palabra,
a descansar sin temor
en el centro de tu pecho.

Aprendí que entre la bruma
existe un camino de girasoles
que ilumina la más oscura de las noches.

 

Dolores Leis Parra
-Inédito-

Cuero de chancho

«Cuando alguien decide ser fiel a si mismo y vivir de manera alternativa tiene que hacer cuero de chancho». Así le hablaba Alejandra a su hija que, con doce años, tiene muy claro lo que le gusta, lo que desea y como quiere vivir su vida a pesar de sufrir diariamente a los molestos compañeros que ni entienden ni quieren entender, mucho menos aceptar.
La intolerancia se instala en las aulas y en las calles; el intolerado se vuelve intolerante pero no sólo con los que son intolerantes con él, su grado de intolerancia se extiende a esas otras personas, siempre minorías, que como ellos ha decidido ser fieles a si mismos y vivir de manera políticamente incorrecta. De este modo se crea una especie de partido de tenis dónde la fuerza del saque tira a matar y en muchos casos mata.
Me han preguntado en varias ocasiones que cuando voy a buscar trabajo, también me han echado en cara, directamente, que no trabajo, parece que hacer joyas y venderlas (quien dice joyas dice cualquier tipo de artesanía), escribir una novela o un poemario, dar clases de yoga o artes marciales, ser entrenador personal, hacer el pino puente o bailar zapateado en la plaza principal, no es trabajo porque no te obliga a pasar ocho horas en una tienda u oficina. Si optas por ese tipo de vida te conviertes en un rebelde, por sacar los pies del tiesto, por tener el valor de abandonar matrix para regresar a tu esencia, pero es lo que has decidido y hace feliz aunque no te permita tener un lujoso coche en la puerta ni una boyante cuenta bancaria o ser el más popular de los compañeros de clase.
Me pregunto si yo también, desde mi manera actual y diferente de ver la vida me he vuelto intolerante o sólo es incomprensión y tristeza ante la manera de actuar de muchos de aquellos que no entendieron mi elección y se perdieron en el silencio, el desdén, la burla y el olvido.
Ante ello cubro mi piel con Cuero de chancho que, aún revestida, siente de cuando en cuando la cuchilla que sin querer o queriendo trata de degollarlo por intentar vivir fuera de los límites de la vanidad.

Dolores Leis Parra

La torre

torreon

Tengo el blog ligeramente (¿ligeramente?) abandonado. Podría escudarme en que estamos en verano (vivo en el hemisferio Sur) y es bien sabido que en esta época todos colgamos el letrero de «cerrado por vacaciones» en la última entrada y no abrimos hasta que las noches estivales comienzan a refrescar; pero sería engañarme a mí misma porque lo cierto es que aunque los poemas han acompañado a la estación y al mar, no me decido a compartirlos pues me alimento de la esperanza (y la ilusión) de formar un poemario, digno y veraz, que emocione y guste al posible lector, y para ello creo que la sorpresa de lo inédito es importante, aunque quien sabe, quizá, como en tantas otras ocasiones, esta apreciación esté equivocada.
Canas forma parte de esos poemas de mar, escrito cuando las olas aún resonaban en los oídos urbanos y el bañador recién salía de la lavadora tras eliminar los últimos residuos de sal que, rebeldes, se adherían a la tela. No sé si como muestra sirve un botón, pero si persisto en la idea será el único que alcancen a leer. No se confundan no abandono su escritura, «mi escritura», tampoco cierro el blog, ni por vacaciones ni por derribo, es mi torreón, al que me subo cuando necesito otear el horizonte y encontrar palabras para sobrevivir.

Dolores Leis Parra

Canas

Turquesa, ágatas, granate, aguamarina, obsidiana, zoilita con rubí...

Turquesa, ágatas, granate, aguamarina, obsidiana, zoisita con rubí…

Despierto
decidida a dejar atrás
las canas y la indolencia
con las que el mar
vistió mi cuerpo.
Piedras de colores,
que adornarán brazos ajenos,
esperan en el taller;
rutinas con las que tinturar
el día a día de un cabello
que de nuevo luce negro.

Dolores Leis Parra

 

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