Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

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Mujer-isla

Florecer (Sara Fratini)

Y de nuevo el vacío,
el silencio que envuelve a la Mujer-isla
perdida en un océano
de personas que la ignoran.

Desea escapar de esa Tierra de Nadie
alejarse de las raíces de los versos
que en su rápida lectura, todo dice
a aquel para el que fueron recitados.

Tiene la certeza de que en esos labios
la Mujer-isla sería un volcán en erupción,
su torrente de palabras lava ardiente,
cenizas el corazón que llora en el centro de la sala.

Dolores Leis Parra
(Inédito)

 

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Un pequeño refugio

Café (Blog)

Me pesa lo incompleto. Atrás quedó la lección aprendida, el puñetazo en el estómago, la puñalada en la espalda, el beso en la mejilla. Mi mirada atraviesa los huecos del destino, trata de adelantarse a los hechos buscando respuestas en el altar de los recuerdos, en la mímica de los sueños, quizá en otras ciudades de paso.

Agarro con cabezonería el famoso clavo ardiendo aunque sé que mis manos se abrasan más allá de la piel y los huesos, créanme señores, huele a carne pasada de punto.

No encuentro refugio entre las cuatro paredes que componen mi mal llamada «casa», una habitación arrendada donde el silencio peina el aire y lo adorna con un pasador de indiferencia, un lugar donde rebosa el vacío de la soledad administrado con cuentagotas, muerte lenta por desgaste.

Huyo, me sumerjo entre una multitud de desconocidos que ignoran mi historia inmersos en la propia, sonrío saboreando café en mi local favorito mientras observo de reojo, con cierta envidia, a dos muchachas conversando a mi lado. Pienso en las amigas que quedaron en España y en las que aguardan en Puerto Montt a que me decida a dar un salto… Este local se ha convertido en una balsa dentro del tormentoso oleaje de Santiago, un refugio al que escapar cuando la realidad aprieta, un lugar para pensar, trazar planes, buscar estrategias, reconducir caminos, reír y/o llorar. Un espacio donde recupero las ganas de escribir, dónde encuentro de nuevo mi voz, dónde vuelvo a ser la mujer que hace unos meses abandonó su tierra dispuesta a enfrentar todo lo que venga.

Dolores Leis Parra

In Situ

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Regresaste.
Te preguntó si lo harías y dijiste «sí», con la inconsciencia del que busca revivir la felicidad. ¡Qué difícil cuando asaltan -a todas horas- los recuerdos! Grita el llanto y huyes sabiendo que jamás escapas.

Regresaste.
Te creías fuerte y caíste –como caen los necios- en la trampa de la escalera que subes y bajas esperando su llegada. El beso. El vuelo de la falda ascendiendo ansiosa por sentir sus manos. Humedad que aguarda.

Regresaste.
Hay testigos. Fotografías enredadas en niebla –es fácil culpar al objetivo en lugar de a las lágrimas-. El móvil no da para más pero dejó constancia de que fuiste y no hubo encuentro. In Situ la memoria solitaria.

Dolores Leis Parra

Lluvia

lluvia de pasion

Miró por la ventana, el bosque se extendía a sus pies.

Sabía que era un bosque porque los libros que la rodeaban así se lo habían dicho. Sabía incluso distinguir cada una de las especies vegetales que componían ese bosque.

Aprendió que los árboles podían ser de hoja caduca y de hoja perenne. No era difícil, solo debía aguardar a eso que llamaban “Otoño” para distinguirlo.

En el invierno vio como los denominados abetos cubrían sus hojas con un manto blanco nombrado “Nieve”, agua solidificada fría y húmeda.

Tropezó en los libros con el significado de su nombre.

“Lluvia: Precipitación de agua de la atmósfera que cae de las nubes en forma de gotas.”  Aquel día dejo de ver el bosque para mirar al cielo.

No siempre había nubes y de haberlas nunca eran iguales. Aprendió a distinguir esas que la nombraban. Grises y compactas. En algunas ocasiones su nombre caía manso y apaciguado; en otras, torrente enfurecido, arrasaba la tierra haciendo peligrar los arbustos más débiles.

Mil veces estuvo a punto de sacar la mano por esa ventana y sentirla. Mil veces la metió en el bolsillo esperando que pasaran las ganas.

Lluvia conocía el mundo desde los libros.

Lluvia veía el mundo a través de un cristal.

Aprendió a distinguir la primavera del verano por la inclinación de los rayos del Sol que entraban en la habitación. Por el verdor de las flores, por el cantar de los pájaros.

Vivía encerrada en su torre de marfil.

Lluvia nunca abriría la puerta de su mazmorra.

Día de lluvia

2013-09-11 14.06.34

Soledad bajo la lluvia,

mojada, perdida, arrugada

la camisa bajo el peso de las gotas,

más no doblegada.

El vacío de tu nombre en la mirada,

cansada de oír vanas palabras

que quieren teñir de rojo

el gris de las campanas.

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