Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

Archivar para el mes “abril, 2015”

Madrugada

Sirena de ciudad

La madrugada se cuela en la ventana
muestra el parque ante tus ojos
-y quien dice parque no siempre dice parque-.
Escuchas silencio en las sirenas
que emergen desde el suelo de la noche
-y quien dice suelo no siempre dice suelo-.
Lanza insomnio en esa lucha de Titanes:
a la derecha tus 50
en la izquierda con algunos más de peso
asfalto contra huesos
-y quien dice asfalto no siempre dice asfalto-.

Dice canto, libertad, alas, vuelo…

Dolores Leis Parra

Carrusel

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Una mujer escapa,
se aleja de un carrusel que,
día a día, le ata más a un suelo
que pudre el salitre.
Huye al otro lado de las olas
(un océano sin tiovivos oxidados)
con el temor en las manos
de esos giros imprevistos
que le aguardan
lejos del círculo perfecto
con que engañar
su perfecta vida de casada.
Huye con la fuerza en las pisadas
de quien comienza
el camino incierto de la felicidad
convencida de que seguir
en esta orilla
es sinónimo de muerte.

Dolores Leis Parra

Alabastro

Alabastro

Aparcó el coche en la penumbra del callejón. El círculo de mujeres se abrió dejando a la vista lo que con tanto celo ocultaban.

La joven de alabastro agarró con sus manos menudas el bajo de una falda casi inexistente tirando de ella. Recolocó el pecho, lo ajustó al corpiño hasta conseguir un canalillo digno de la Loren y con un contoneo de caderas, provocado por sus elevados tacones, se acercó hasta el hombre que aguardaba en el interior del vehículo. Se inclinó para colocarse a la altura de la ventanilla, sonrió mostrando unos dientes bien cuidados que, junto a la punta insinuante de la lengua, le invitaron a soñar.

Diosa. Regía. Ojeó el interior: tapicería de plástico cuarteada, pelos de mascota en el asiento trasero, bolsas vacías y el arrugado envoltorio de una hamburguesería cercana. Se incorporó dejando frente a los ojos del conductor sus nalgas firmes y las cimbreantes caderas.

―Me llamo Keyla. —Murmuró antes de alejarse.

Desapareció entre las formas femeninas. Un círculo protector que la ocultaba de los mortales que buscan el placer en las cálidas noches. Arrancó el motor y sin encender los faros dejó atrás el callejón. En pos de sus ruedas una risa blanca como ventanales de catedral. Alabastro.

Dolores Leis Parra

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