Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

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Conversar nos hace más inteligentes

Artículo publicado en la Revista Altheia. Abril 2012, nº 7

Somos aún muy niños cuando aprendemos a hablar. Apenas empezamos a balbucear las primeras palabras nuestros padres orgullosos muestran la proeza a familia y amigos que sonríen y aplauden lo inteligente que somos ante esos sonidos a los que hay que echar mucha imaginación para descubrir el significado; si además el niño habla antes de lo que médicamente está marcado el orgullo de esos mismos padres se multiplica por lo precoz que ha resultado ser.

Lo cierto es que cuando no hablan o se retrasan al hacerlo nos lamentamos e incluso los llevamos al pediatra “doctor es que el niño no dice nada y el de fulanita que tiene el mismo tiempo habla perfectamente”; cuando empiezan a hacerlo el lamento es aún mayor “con lo bien que estábamos cuando no decía nada”. Es entonces cuando empieza la batalla, el niño se quiere hacer oír y los padres lo tratan de hacer callar. Si estamos hablando con otra persona le mandamos callar por educación “debes esperar a que terminemos”, si sentados frente al televisor “calla niño que no me dejas oír”, si estamos cansados “ahora no por favor “. En definitiva y sin ánimo de criticar nunca es buen momento para que un niño nos cuente lo que ha hecho durante el día, si ha conocido a nuevos amigos, si ha recibido un elogio por parte del profesor o lo más habitual una regañina.

Nuestro afán por no escuchar llega a tal extremo que los regalos que les hacemos les convierten aún más si cabe en solitarios. PSP, DS, ordenadores portátiles, televisiones de menor tamaño para su habitación… regalos todos ellos para que se entretengan sin necesidad de sentarse a nuestro lado e interrumpir esos escasos momentos de relax de los que podemos disfrutar.

Al leer esa frase que pronunció Don Ángel en ese saloncillo al que Mº José Fdez. Cornago hace referencia no puedo dejar de preguntarme si la educación que damos a nuestros hijos es la más adecuada para ellos o para nosotros. Estamos formando niños solitarios que se escudan en el anonimato del chat para decir todo lo que pasa por su cabeza impunemente; en internet todo vale, puedes decir cualquier cosa que siempre encontrarás a alguien que esté de acuerdo contigo y que invariablemente será tu nuevo compañero de conversación, los que discrepan pueden ser borrados con un solo movimiento de dedo y puesto que a nadie le gusta escuchar críticas hacía nuestra manera de pensar es más fácil darle al botón y que desaparezca.

En estos días he podido disfrutar del placer de la conversación, esa que surge así sin más, por el mero hecho de compartir conocimientos. He aprendido sobre historia, literatura y albañilería, entre otros muchos temas.  He escuchado y me han escuchado, tenía algo que decir y se me ha dado la oportunidad de hacerlo… De acuerdo no soy un niño pero si para mí, un adulto ha sido tan satisfactorio imaginemos como lo será para ellos que su mundo se basa en comunicar y escuchar para poder desarrollarse y crecer.

Si conversar nos hace más inteligentes “perdamos” parte de nuestro valioso tiempo en procurarnos sabiduría porque no sólo son ellos los que aprenden, para nosotros también es una lección de vida escucharles.

Dolores Leis Parra

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