Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

Archivar para el mes “mayo, 2013”

Solidaridad a mi juicio, mal entendida

Ayer, toda ilusionada cogí la maleta, la llene de libros y marché hasta el Parque del Retiro donde hoy da comienzo la Feria del libro de Madrid.

Me atendieron muy amablemente en casi todas las casetas, eso sí, explicándome lo inoportuno del día elegido pues andaban contra reloj para que todo estuviera preparado para la inauguración de hoy viernes.

En una de ellas, no diré cual por no ser indiscreta, el discurso que me dieron para no aceptar mi novela fue impresionante. Me dice la mujer, que por cierto ni miró el libro que le ofrecía, que solamente trabajaban con distribuidoras, hasta aquí, perfecto. Pero de pronto me empieza a contar que antes tenían en la librería una sección de mujeres auto publicadas (como es mi caso, soy mujer y me he auto publicado), pero que no habían tenido más remedio que dejar de hacerlo y suprimir la sección, pues las mujeres nos olvidamos enseguida de nuestra obra. Le aseguro que no es mi caso, que yo llevo un seguimiento muy exhaustivo de ella, más me aclara, que no se refiere a eso. Me dice que no somos solidarías con otras mujeres que se auto publican, que ni siquiera miramos la obra que tenemos al lado en la estantería, que no nos interesa en definitiva, lo que publican las demás. Es por ello, que no aceptan obras que como he dicho anteriormente no le lleguen con el respaldo de una distribuidora.

Una, que es bastante cortada, escucha la explicación sin saber muy bien que decir. Recojo mi maleta, que no mis libros que ni siquiera habían salido de su interior, y me marcho en busca de nuevas casetas a las que ofrecer mi material.

Ya con calma y tras meditar lo que la señora me dijo, supe la respuesta que tenía que haberle dado y que no le llegué a dar, pero que ahora escribo, porque lo cierto es que las palabras me queman en la garganta.

“Yo no elijo un libro (y compro muchos) por ser auto publicado o porque su autor sea una mujer. Si me limitara a eso, me perdería centenares de obras que no cumplen esas características y que son libros que sí deseo leer. Bien porque me interesa la novela, el ensayo o el poemario; bien porque me interesa el autor o autora del mismo o simplemente porque el libro me ha entrado por el ojo, me ha llamado la atención la portada, el título o la sinopsis, vamos, que ese libro en concreto me ha elegido a mí. Es por ello que no me considero menos solidaría con otros/as autores por no elegir sus novelas, del mismo modo que si alguien compra mi libro espero que lo haga porque le gusta el género, desea leerlo, se lo han recomendado, siente curiosidad o le ha llamado la atención; no por una solidaridad que según mi criterio, está mal entendida.”

Dicho lo cual, y habiendo desahogado el rum rum que me bailaba por dentro, doy por zanjado el tema. Si las personas en cuestión leen este artículo, que se den por aludidas y por contestadas a lo que por precavida y vergonzosa, no fue capaz de responderles ayer.

Dolores Leis Parra

Arco Iris

Continuó corriendo, eso sí lo recuerda, minutos, horas… tal vez sólo segundos, aunque los calambres de sus piernas evidenciaban lo contrario. No iba a abandonar, no cuando lo sentía tan cercano que con alargar uno de los brazos lo podría tocar; más constató afligido que los colores juguetones se escapaban de entre los dedos.

Saco fuerzas del anhelo por conseguirlo, corrió más lejos aún del más allá, y cuando la determinación empezaba flaquear, se vio envuelto en un haz de colores que se proyectaba desde el horizonte hasta converger en él.

A pesar de todos aquellos que se burlaron de su hazaña, defendió la veracidad de lo que decía. Pero le dolía tanto ver sus sonrisas incrédulas, escuchar sus palabras tan científicamente correctas que se encerró en sí mismo, impenetrable y hermético, en algunas ocasiones colgado, siempre feliz.

Le descubrí en el bar de una estación de trenes, allá por los Pirineos. Al buscar la mirada de quien con tanta elocuencia hablaba, supe de inmediato, que todo lo que contaba era verdad. Sus ojos reflejaban para aquellos que sabían mirar, los colores de ese Arco Iris que en su loca carrera por la montaña, llegó a tocar.

Dolores Leis Parra

Poesía y tú

Antes de pasar al poema quiero aclarar que no soy poeta. Hice mis pinitos, como cualquier muchacha enamorada, en la adolescencia; entonces si que llené cuadernos con versos (que no sonetos) de rima libre y sentimientos profundos y reales.

El poema que escribo a continuación, es posterior a esa etapa, aunque no creo mentir si digo que fue escrito hará unos doce o quince años. Lo sé, porque creo que fue poco antes del cambio de siglo cuando escribí los últimos, aunque tal vez me lleve sorpresas en algún otro cuaderno olvidado. Este cuaderno en concreto, pertenece a esos años de finales de siglo o principios del nuevo (no es uno de aquellos que emborronaba cuando empezaba a descubrir la diferencia entre amistad, cariño y amor).

Poesía y tú

Si la poesía hablase,

sólo tu voz se escucharía.

Si la poesía mirase,

tus ojos la reflejarían.

Si la poesía tocase,

las manos que me acarician

serían puro poema.

Si la poesía cantase,

tu voz, dulce y melancólica

me envolvería.

Pero la poesía no habla,

no mira, no toca y no canta,

por eso han de ser mis manos

las que llenas de poesía,

conduzcan el poema hasta ti.

Dolores Leis Parra

Miles de sonrisas pintadas en el rostro

Es curioso pero cuando la sonrisa aflora a mis labios justo antes de abrir los ojos. En el momento del despertar. Cuando disfruto de esos minutos haciéndome la remolona en la cama, dudando si poner los pies en el suelo o esperar cinco minutos más; siempre pienso que será un día fantástico, lleno de armonía y buenas noticias. Y no porque yo sea una persona intuitiva, para nada, simplemente porque me encanta creer que con una sonrisa todo va a funcionar “a mi manera”.

Van pasando las horas, y nada sucede que confirme el vaticinio inicial. Pasan cosas por supuesto, ni buenas ni malas, cosas que te dejan con la ambigüedad de no saber muy bien si traerán lodos o buenas cosechas. No llega ese wasap en el que mi hija me dice ( imagino que saltando de alegría) que ha aprobado aquel examen tan difícil al que se presentó; tampoco correos con buenas noticias, ni comentarios optimistas y alegres, positivos y alentadores…, por no llegar, no llegan ni correos, ni comentarios, aunque sean tristes… Afirmo que esto último es motivo de alegría.

Mi hijo siempre dice que es culpa mía, que espero email que no tienen porque llegar. Pero yo no cejo, ni pierdo la esperanza, menos en días como el de hoy que he despertado con miles de sonrisas pintadas en el rostro.

Dolores Leis Parra

Presentación Escuela Literaria “Letras Vivas” (13/05/2013)

“Todos tenemos un pequeño niño escritor”

Con esta frase abrió el acto de presentación Jorge Cabrera, representante de Plus Ultra entidad patrocinadora de la Escuela Literaria “Letras Vivas” y que tomó la palabra después de la intervención de Elena Muñoz, coordinadora de la asociación Escritores de Rivas y autora de “Como el viento en la espalda”, que explicó en qué consistía el proyecto y cuál era su objetivo.

La escuela literaria estará a cargo de José Guadalajara (Juego de tablas y La luz que oculta la niebla, entre otros)  como coordinador y encargado de la organización; y Fernando López Guisado (La letra Perdida) como director de la escuela y encargado de impartir los cursos.

“Escribir no es sólo contar historias, hay que saberlas contar. Exige mucha dedicación, mucho tiempo y por supuesto una cierta predisposición. Letras Vivas quiere encauzar ese conocimiento partiendo de la técnica pero sin perder el resto de elementos que conforman el trabajo que conlleva la escritura” Apuntó también José Guadalajara que “Letras Vivas es algo más que un taller de escritura. Se trata de encontrar talentos y facilitarles la continuidad más allá del curso”

Este evento forma parte de un curso cero, adelanto del intensivo de verano (8 horas) que se llevará a cabo durante el mes de julio en Rivas Vaciamadrid, y que al formar parte de los cursos facilitados por el ayuntamiento, su número de participantes ha de verse limitado a 15.

Fernando López nos dio una clase magistral en la que afirmó que “se puede enseñar a escribir” que “la literatura es como un reloj. Hay distintos tipos y formas, pero todos tienen como fin, marcar la hora”.

Como ejemplo, un triángulo. En cada vértice indicó las cualidades, o es más exacto decir necesidades, que debe tener todo el que aspira a convertirse en escritor.

  1. La creatividad y el impulso artístico que nos permiten tener algo que contar.
  2. Aprender a hacer crítica literaria. Saber utilizar las técnicas y recursos que tenemos a nuestro alcance.
  3. Tener un objetivo, que en este caso será expresar y trasmitir encontrando nuestra propia voz.

Principalmente en el escritor novel, se observan errores de puntuación, técnica o canon. Hay que saber aplicar estos elementos pero ante todo se debe saber, el porqué de aplicarlos. Sólo así podremos romperlos si llega el caso. No podemos ponernos corsé como escritores. Un escritor hace arte con la palabra y debe practicar todos los géneros que nos ofrece la literatura, aunque evidentemente, habrá alguno en el que se sentirá más cómodo.

Fernando López añadió que se escribe por tres razones. Ganar dinero. Para que te quieran y para perdurar (para ésta última, está claro que hay que ser el mejor) Es vital que el escritor se mueva, mueva su libro y mueva su marca que se traduce en su persona, sin perder la máxima de qué “En el fondo lo que importa es el acto de creación”.

Así terminó la intervención de Fernando López Guisado, dejándonos a todos los presentes con ganas de más. Prueba de ello es que el director de la Escuela literaria Letras Vivas, tuvo que arrearnos para que nos fuéramos, esperando como estábamos, escuchar mucho más sobre el arte de escribir.

Apuntar que durante el trascurso del mismo, Elena Muñoz anunció que la Escuela de escritores Letras Vivas y el blog El ballet de las palabras, convocan un certamen de microrrelatos, cuyo premio será una beca para participar en el curso intensivo de verano que impartirá el poeta ripense Fernando López Guisado.

https://www.facebook.com/academialetrasvivas?filter=1

http://elballetdelaspalabras.blogspot.com.es/2013/05/nuevo-certamen-de-microrrelatos-una.html

Dolores Leis Parra

Presentación de El último Bernal en El mirador literario de Covibar Una velada mágica

En el día de ayer, en presencia de familiares y amigos, y con algunas ausencias notables, dio comienzo el evento mediante el cual presentamos en sociedad El último Bernal.

Los encargados de abrir el baile fueron la señorita Jimena Martínez del Rosal y don Emiliano Bernal, patrón de la Bernalesa que gentilmente nos cedió su residencia para tal menester. Trascurrió la velada bajo la batuta de dos grandes maestros de ceremonias, Manuel Hernández y Elena Muñoz, que una vez más mostraron su pericia y buen hacer en el papel de acompañantes y amigos de una asustada debutante Dolores Leis, invitada de El mirador literario de Covibar en este mes de mayo.

Tras esta amable introducción doy paso a mi propia voz para contaros de primera mano como viví ese momento tan importante en la vida de un autor. La presentación de su primera novela.

Con cierto retraso, no somos los españoles pueblo puntual, Manuel tomó la palabra. Hablo de cómo había descubierto la novela en una librería del barrio y como se sintió atraído por su portada y la buena calidad que presentaba la encuadernación. Me conmovió la mención a Villaescusa de Haro, al que considero mi pueblo si no de nacimiento, sí de adopción; había estudiado parte de su historia, explico como el Cardenal Cisneros, se llevó de este pequeño pueblo de la Mancha, la universidad que en principio se ubicaría allí, desplazándola a Alcalá de Henares, donde se encuentra en la actualidad. Dio pequeñas pinceladas sobre la obra, destacando la lucha de la mujer por escapar a los convencionalismos de una sociedad encorsetada.

Él fue quien añadió mi nombre a esa lista de invitados y con el beneplácito de Ricardo Virtanen, pude acudir con mis mejores galas, traducidas en una sincera sonrisa, a la sala Miguel Hernández del Centro social de Covibar.

Tras la intervención de Manuel se proyectó un precioso audiovisual que Elena Muñoz había preparado como regalo y recordatorio de ese día. Sonó entonces la evocadora música de Falla, marcada por aires andaluces, que enmarcaban la fotografía de época, acompañada también por breves textos, que insinuaban lo que el lector encontraría entre sus páginas, sin llegar a mostrarlo.

Elena y yo habíamos hablado. Decidimos que la presentación no fuera un acto convencional, queríamos dar una visión de la historia más dinámica y personal. Ella contaría lo que le había parecido, animándome a explicar el  porqué del siglo XIX, de esos personajes y aquel paisaje plagado de olivares con un toque de mar. Buscábamos un diálogo de tú a tú en el que sólo nos faltó un café, de esos que según apreciación de algún lector, se consume muy a menudo en los salones donde trascurre la novela.

Qué haya quien tras casi 650 páginas, me pregunte si he pensado escribir una segunda parte es tan sorprendente como halagador; más, si tenemos en cuenta que esta es mi primera incursión en el mundo literario, mi carrera como escritora acaba de comenzar, es más, ni siquiera me creo con derecho de utilizar ese título que solamente el tiempo y espero, el buen hacer fruto del trabajo, la preparación y la madurez, me permitan usar por derecho.

La velada tocaba a su fin. Sepa el amable lector que fue una tarde mágica en la que letras y música se dieron la mano para acompañar a los ilustres invitados. Quizás usted quiera formar parte de ellos, le aseguro querido amigo, que las puertas de la Bernalesa, están abiertas de par en par a todo aquel que desee adentrarse entre sus páginas; tan solo necesita algo de tiempo y ganas de soñar.

Dolores Leis Parra

Silencio

Mirabas por el rabillo del ojo. De sobra conocías esa expresión, concentrado, atento, siempre con la vista en la carretera. Pero no te dejabas engañar ante esa calma aparente, en cualquier momento el resorte de la voz podía saltar a la palestra, contra un conductor cualquiera, contra un coche, contra ti.

Hacía años que los viajes se habían convertido en un trámite plagado de silencios y quietud. Todavía recordabas cuando de novios subíais al 127, tomando cualquier carretera con dirección a ninguna parte, el casete de música sonando y vosotros siguiendo el ritmo de la canción a voz en grito. Las ventanillas bajadas, en verano por el calor, en invierno porqué los cristales se empañaban y era imposible ver más allá del salpicadero del coche.

Ya casados, montados en el xantia, solamente la música rompía la monótona conversación. Siempre cansados, siempre malhumorados; por el jefe, por los compañeros, por el proveedor, por los clientes. Las risas apenas quedaban hilvanadas en la tapicería de los asientos, desaparecidas entre las rendijas, que según la estación del año, soltaban un chorro de aire frío o caliente.

A raíz de perder el trabajo ni la música sonaba en el Cd. Las risas se fugaron por las puertas entreabiertas, el aire se volvió irrespirable dentro de aquel armazón metálico que se empeñaba en trasladar vuestros cuerpos de un lugar a otro.

Una gasolinera a lo lejos y lanzaste la moneda, ella se encargaría de decidir puesto que tú nunca serías capaz de hacerlo sin ayuda. Cerraste los ojos, visualizando su caída. El claxon retumbó en tus oídos.

― ¡Será cabrón! ¿Has visto? ¡Gilipollas!

Y no te equivocabas, saltó el resorte; esta vez y por fortuna no dirigido contra ti, aunque tal vez la próxima, no tuvieras tanta suerte.

― ¡Para!

― ¿Qué?

― ¡Para!― repetiste― ¡He dicho que pares!

Te hizo caso, entró en la vía de servicio y se detuvo frente al restaurante situado al lado de la gasolinera. Bajaste del coche.

― ¿Vas al baño? ¿Qué buscas?

Esta última pregunta la hizo al ver que te dirigías al maletero. No respondiste, abriste el portón, cogiste la maleta y el portátil. Tu vida. No miraste al coche, tampoco al conductor, caminaste hasta la cafetería. Le sabías aferrado al volante sin comprender de que iba todo aquello, dudando si correr tras de ti o arrancar y dejarte tirada en aquel punto de la geografía española. Le conocías demasiado bien. Optaría por lo  segundo, aprovechando la oportunidad que le brindabas para huir de tu lado. La suerte en el aire. Cara o cruz. Nunca más permitirías que la moneda cayera de canto.

Los pasos te condujeron a las risas de los niños, al llanto de un bebé, a las voces incesantes que repetían de manera insistente nombres propios y cuidados; hasta el ladrido de un perro te dio la bienvenida al entrar. Te hiciste una promesa. Quemaste el carnet de conducir. A partir de ese día no más viajes silenciosos, no más miradas de reojo, no más miedo al adelantar. El autobús se convirtió en tu medio de transporte y en la quietud de la noche, mientras devorabas kilómetros, siempre había algún pasajero que se acordaba de roncar.

Dolores Leis Parra

 

Palabras que matan

Hay palabras que matan. Palabras que de manera individual poco indican el poder que poseen pero que cuando se unen para formar frases, se convierten en letales. Cada persona tiene las suyas, tanto quien las pronuncia, como el destinatario de las mismas; lo peor, es que el emisor, sabe a ciencia cierta el daño que produce cuando las permite salir de sus labios.

“Qué” y “tienes” son algunas de ellas. Tan inofensivas, tan simples, tan poquita  cosa, y sin embargo tan viperinas, porque generalmente son utilizadas para recalcar algo inapropiado, algún defecto o una cualidad que no es tal (en este último caso se utilizan de manera irónica con lo que duelen todavía más)

“Vaya xxxx que tienes”, se ha convertido en la frase favorita de muchos que son capaces de ver la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio. Esas personas que a modo de martillo pilón la dejan caer, y os aseguro que no hay armadura, cota de malla o aura resplandeciente que aguante su continuo  golpear. Al final erosiona, pero no lo hace suave como el agua que redondea los cantos. No. Erosiona con el desgarro que produce la fractura en una piedra, dejando un fragmento cortante e irregular, dañando el todo y dañando lo que queda alrededor.

Puede durar minutos, puede durar horas, en algunos casos dura toda la vida. Se puede luchar contra ellas, se necesita valor y fuerza interior. Valor para enfrentarlas, para rebatirlas, para negarlas. Fuerza interior para comprender que la realidad no es esa; que tienes lo que tienes, y que precisamente eso que tienes, es lo que te hace ser tú mismo. Debemos comprender que los demás, perciben de nosotros unas sensaciones distintas, que no todos nos ven con los mismos ojos, ni están dispuestos a aceptar nuestra forma de ser de la misma manera.

Palabras, palabras son; depende de quién las pronuncia y del tono que utiliza al hacerlo.

Palabras, palabras son, da igual quien las diga y con qué finalidad.

Palabras, palabras son; no matan, ni siquiera hieren; si somos capaces y sabemos jugar con ellas, nos hacen más fuertes.

Dolores Leis Parra

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