Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

Archivar para el mes “enero, 2015”

El Gran Ojo

Cuadro blanco y negro

─¿Está segura de lo que dice, señorita?

─¿Acaso duda de mi palabra?─ contestaste su pregunta con otra.

─Por supuesto que no…

─¿Piensa que me lo invento? ¿Qué son paranoias mías? ¿Qué veo agua en un cauce seco?─ hiciste una pausa teatral─. ¿Acaso cree que miento?

Se recolocó en el asiento. Su nuez hizo amago de tragar… Él, tan sereno e imperturbable se revolvió molesto ante la acusación de tus palabras. Sólo unos segundos, bien es cierto. En un abrir y cerrar de ojos volvió a convertirse en el ser al que te tenía acostumbrada pero tú fuiste más hábil, no parpadeaste y le viste dudar. Escondiste la sonrisa, con esa clase de gente no convenía mostrarse triunfadora.

─¿Lo hace?

Se inclino hacía adelante, apoyando los codos en la mesa, controlando la situación. Tal vez imaginaste su inquietud, después de todo fue efímera. La satisfacción del triunfo dio paso al miedo, ese hombre tenía el destino en sus manos.

Negaste con un gesto.

»¿Cómo dice? No la escucho.

─No.

─No ¿qué?─ inquirió ante tu negativa.

─No lo hago…

─No hace ¿qué?

¿Qué, qué, qué…? Te tapaste los oídos pero fue inútil, la conjunción taladraba tu cabeza.

»¿No quiere responder?

Responder ¿a qué? ¿Cuál era la pregunta?

Sonreía victorioso. Ilusa, habías caído de nuevo en su juego macabro de preguntas sin respuesta.

Dolor de cabeza. Confusión. Esa sensación de estar constantemente vigilada.

El Gran Ojo sobre ti.

─¡Socorro!

Desesperación incluso para tus oídos, asustada, transformaste el grito en un susurro.

»Vivo rodeada de detectives privados.

Dolores Leis Parra

 

Entelequia

Entelequia

… Y en el epicentro del océano

ratas saltando por la borda nadan hasta esa playa,

más allá del mundo,

donde nadie alimenta fantasías,

tan solo la hambruna del deseo.

Entelequia de un sueño convertido en pesadilla.

Oleaje herido en el vaivén de los recuerdos.

Bomba que estalla entre las manos.

Muñones de dedos amputados señalando un corazón.

Ruinas de olvido que asesina las palabras

en esta medianoche en que tus ojos

son testigos silenciosos del paso del cometa.

Dolores Leis Parra

 

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