Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

Archivar para el mes “septiembre, 2018”

Sopa de letras

Hacía algunos años que no lograba sentirme orgullosa de mi trabajo -cuando  hablo de trabajo me refiero al de escritor que, al fin y al cabo, trabajo es-, poesía, novela, relatos, el blog, todo se me hacía un mundo y nada de lo que quedaba plasmado en el universo virtual me hacía sentir conforme, unas veces porque mostraba más de lo que deseaba, otras porque me resultaba tan frívolo y lejano que no conseguía reconocerme en los textos; y yo no concibo escribir desde la distancia, sobre todo si hablamos de poesía; o está inundada de alma o es papel mojado (por supuesto una opinión personal que admite discrepancias).
Me costó mucho dar por terminado el poemario, confieso que todavía añado algún poema nuevo que se gesta en el insomnio y nace con la mañana, pero no puedo evitarlo, siempre me pregunto si los elegidos son los que deben estar y ante la ambigüedad de la respuesta lo dejo tal cual, relajarse o morir.
Pero a lo que iba que me pierdo, en los últimos tiempos he tenido la fortuna de que la Gaceta Peuco Dañe compartiera uno de mis poemas, de que otro haya sido seleccionado entre más de 1100 para formar parte de una antología de versos de amor que editará Diversidad Literaria, de terminar el citado libro de poemas, de retomar el blog cuando, por problemas tecnológicos, lo creí perdido, de impartir un taller de lectoescritura a niños de básica en el Liceo Luis Humberto Acosta en El Monte, por cierto, taller en el que todos aprendemos, yo la primera…
Confieso que hacía muchos años que no conseguía valorar mi trabajo, pensaba que si el reconocimiento no venía de fuera era un reconocimiento sin valor pero cuando empecé a creer de nuevo en lo que escribía, a dejar de temer a las palabras y a los sentimientos que estas mostraban, cuando recuperé la diversión que para mí siempre supuso sentarme frente a una máquina de escribir, logré dejar atrás toneladas de miedo y quintales de duda, y hoy, después de recibir tanto cariño y afecto por parte de amigos, conocidos y contactos de las redes sociales que se alegran conmigo de mis pequeños logros, me siento recompensada por todos esos meses en los que anduve perdida en el mar de las letras cual sopa en busca de lápiz que encontrara las palabras escondidas.
Gracias a todos los que estáis, también a los que son aunque no están.

Dolores Leis Parra

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La falda muy corta

Cuando la viste entrar supiste que se iba a liar, en realidad lo sabías de antes, cuando sin esperarlo, tus hijos llegaron y ocuparon un lugar en primera fila. De nada sirvió el apresurado mensaje, ni tampoco ayudó el numeroso público que abarrotaba la sala, fue escucharse, en el silencio del poema, la puerta que se abría y todos, sin excepción, giraron la cabeza para ver quien era el desalmado que se atrevía a llegar tarde al recital.
Y allí estaba ella, altiva, arrogante, desafiante con quienes buscaban cuestionarla, hermosa como siempre, una exótica flor en aquel jardín de oscuros intelectuales, con la sonrisa pintada de rouge y la falda varios centímetros más corta de lo recomendable en un acto de esas características, pero… así era ella y todo se lo perdonabas, hasta aquella interrupción incómoda que hizo levantarse a los dos adolescentes que apenas empezabas a recuperar tras el divorcio y que la miraron de manera despectiva mientras abandonaban la sala.
Quizá algo bueno saliera de esa situación, pensaste, la presentación de tu nuevo libro andaría de boca en boca por muchas semanas, publicidad añadida que siempre es de agradecer, por lo que calmado el revuelo y gran parte de los murmullos, indicaste con un gesto a la mujer que aguardaba junto a la puerta que ocupara una de las sillas que había quedado vacía y carraspeando, para captar de nuevo la atención del respetable, diste comienzo a una nueva lectura.

Dolores Leis Parra

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