Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

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Un día como hoy

Hace tiempo que los recuerdos que facebook me trae cada mañana son escasos y totalmente anodinos, me cuesta reconocerme en esas frases sin fuerza, en esas fotos cliché, en esa mujer que parecía querer demostrar que seguía ahí a pesar de silencio al que estaba condenada.

Facebook es la constancia de lo vivido, a diario entremezcla actualidad y recuerdos que muchos vuelven a compartir intentando convencerse de que cualquier tiempo pasado (no) siempre fue mejor, recuerdos mostrados con orgullo, con nostalgia, con esa letanía de repetir, mientras que yo sólo puedo deslizar el ratón y dejar que continúen ocultos en ese espacio que la aplicación titula, casi a modo de burla, «un día como hoy», como si hoy fuera todos los días.

¿Vivimos para facebook? ¿Son reales esos momentos o sólo pose para acaparar pulgares hacía arriba y corazones? ¿Existe lo que no se comparte en las redes sociales? Miro ese pasado y no sé si es que no supe captar los momentos o simplemente mi vida se diluyó en esa nube que llamamos internet, pero me niego a creer que la Dolores de los primeros facebook y la de los últimos son producto de la madurez que nace de cumplir años y desperdiciar sueños. Lo bueno, y aunque alguno se eche las manos a la cabeza, es que creo estar recuperándola y quizá el año que viene los recuerdos sean dignos de ser recordados… y si no, no.

Dolores Leis Parra

 

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Reflexiones sobre la muerte

 

No es la muerte, es ese miedo a reencarnarse en otro cuerpo que nunca recordará quien fuiste, los momentos que viviste ni lo que sentiste mientras los vivías.
No es la muerte, es el miedo a perder la identidad, son los recuerdos que abandonan el espíritu, ocultos en los bolsillos de ese traje que llamamos cuerpo y que, como él, serán devorados por las llamas o los gusanos.
No es la muerte, ni el dolor por los que quedan, es despertar y no saber en quien te has convertido ni que cuota de felicidad y sufrimiento te tocará pagar en esa nueva vida que te ofrecen.
No es la muerte, es el temor del más allá y la certeza de la desmemoria.
No es la muerte, es el olvido.

Dolores Leis Parra

Relatividad

Quien sabe lo que nos depara el pasado.
La frase no es mía, la he leído de un contacto que a su vez lo leyó en fb y me parece una frase genial, ¿qué es el futuro sin pasado? A veces hay que vivir el pasado y el futuro en el mismo plano, por igual y en paralelo, ambos son giros de una moneda lanzada al aire.
Se dice que somos la consecuencia de lo que decidimos en el pasado, no sólo ese pasado que recordamos y engloba nuestra niñez y adolescencia, no sólo de esos pasos certeros o equivocados que dimos en la vida adulta; también de todas las elecciones de las muchas vidas que nos tocó vivir en distintas épocas y con distintos cuerpos.
Podemos creer que el cuerpo que lucha por la supervivencia en este plano es el mismo que, en otras dimensiones, se manifiesta como envoltorio de una mente que necesita diferentes sueños para ser feliz de los que somos conscientes aquí y ahora… también podemos no creer.
Es cierto que nadie sabe lo que nos depara la vida, ni pasada ni futura ni presente por que éste cambia con un suspiro, una palabra, una lágrima… El presente es el más efímero de los tiempos y quizá por eso nos cuesta tanto vivir en él, es más sencillo regresar al pasado que, en su intemporalidad, se hizo eterno o renegar de ese futuro, de equilibrio incierto, en que se transforma la lágrima al deslizarse por la mejilla, y mientras, en un brevísimo lapso de tiempo nos asalta la inquietud  de no poder responder la más sencilla de las preguntas: si nos anclamos al pasado renegando del futuro ¿qué sentido tiene desafiar al presente?, y como no encontramos respuesta relativizamos, cual genio loco, los conceptos espacio-tiempo y seguimos respirando.

Dolores Leis Parra

Cuero de chancho

«Cuando alguien decide ser fiel a si mismo y vivir de manera alternativa tiene que hacer cuero de chancho». Así le hablaba Alejandra a su hija que, con doce años, tiene muy claro lo que le gusta, lo que desea y como quiere vivir su vida a pesar de sufrir diariamente a los molestos compañeros que ni entienden ni quieren entender, mucho menos aceptar.
La intolerancia se instala en las aulas y en las calles; el intolerado se vuelve intolerante pero no sólo con los que son intolerantes con él, su grado de intolerancia se extiende a esas otras personas, siempre minorías, que como ellos ha decidido ser fieles a si mismos y vivir de manera políticamente incorrecta. De este modo se crea una especie de partido de tenis dónde la fuerza del saque tira a matar y en muchos casos mata.
Me han preguntado en varias ocasiones que cuando voy a buscar trabajo, también me han echado en cara, directamente, que no trabajo, parece que hacer joyas y venderlas (quien dice joyas dice cualquier tipo de artesanía), escribir una novela o un poemario, dar clases de yoga o artes marciales, ser entrenador personal, hacer el pino puente o bailar zapateado en la plaza principal, no es trabajo porque no te obliga a pasar ocho horas en una tienda u oficina. Si optas por ese tipo de vida te conviertes en un rebelde, por sacar los pies del tiesto, por tener el valor de abandonar matrix para regresar a tu esencia, pero es lo que has decidido y hace feliz aunque no te permita tener un lujoso coche en la puerta ni una boyante cuenta bancaria o ser el más popular de los compañeros de clase.
Me pregunto si yo también, desde mi manera actual y diferente de ver la vida me he vuelto intolerante o sólo es incomprensión y tristeza ante la manera de actuar de muchos de aquellos que no entendieron mi elección y se perdieron en el silencio, el desdén, la burla y el olvido.
Ante ello cubro mi piel con Cuero de chancho que, aún revestida, siente de cuando en cuando la cuchilla que sin querer o queriendo trata de degollarlo por intentar vivir fuera de los límites de la vanidad.

Dolores Leis Parra

Si yo te contara

No hay mayor riesgo en este oficio, aparte del de morir de hambre, que tus amigos y no tan amigos descubran a lo que te dedicas, todos tienen un conocido cuya vida (por no decir la propia) es digna de una novela y debes sentirte afortunado porque de entre los miles de escritores que pueblan esta tierra es a ti a quien han elegido para que la cuentes. Si me dieran un euro por cada vez que la famosa frase ha sido susurrada en mi oído no digo que sería millonaria pero, de seguro, para más de una noche de farra me llegaría; y por supuesto no creo ser la excepción.
Pensar que con nuestra vida se puede escribir una novela es la mayor prueba de vanidad que nos envía el universo, si a eso se le suma que nos dedicamos, con mayor o menor fortuna, a la literatura, la vanidad, no cabe duda, se transforma en ego.
P.D: La sombra de la muerte planea sobre uno de los personajes.

Metáfora

sencillez

Desde chica tuve un sueño.

Ser eternamente niño no me seducía demasiado, lo que realmente envidiaba de Peter Pan era su capacidad de volar sobre la ciudad, soñaba ir de su mano mientras los rayos de luna bañaban mi piel; tal vez por eso cuando conocí a Chagall me rendí fascinada a su obra El violinista en el tejado y que decir de Melendi y su canción del mismo título; todo me incitaba a despegar, el cielo se mostraba, lienzo en blanco, ante mí, posé la vista al frente y como burro con orejeras sólo vi lo que mi corta visión deseaba ver. Un día, además de cumplir mis deseos, la luna me mostró las miserias humanas, ajenas y propias, se quebraron las alas y ante mí se abrió un horizonte de preguntas sin respuesta, constantes inquietudes que cuestionaban la belleza de aquel sueño y el sentido de mi vida. Para algunos agoté el «polvo de hadas», para otros erré las chimeneas y tomé un camino equivocado, para todos, sin excepción, caí en el umbral de la locura.

Hoy prefiero el sol y camino sobre la tierra, con los pies anclados al suelo. Si algo aprendí del topetazo es que el cielo no es tan claro como imaginaba y que quitarse el barro del cuerpo es más fácil que deshacerse de la inmaterial contaminación. Llegó una etapa de descanso, de calma, de interiorizar y descubrir. No he abandonado el sueño, sigo en la brecha, fiel a mi cuerpo y a mi mente, en un trapecio imaginario que me permite verlas venir aunque todavía algunas me sorprenden. Cayéndome y levantándome.

El guerrero entiende que la victoria no siempre pasa por la lucha, pero no se confundan, el guerrero es guerrero hasta la muerte.

Dolores Leis Parra

 

Soy como soy

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Soy como soy y sé que no puedo agradar a todo el mundo.
Escribo historias, más o menos largas que algunos dicen son novelas, otros no dicen nada, me gusta creer que quizá lo piensan.
Mis publicaciones en facebook, incluso en este mismo blog se han espaciado en el tiempo, aclaro que tengo mucho guardado en la garganta pero con los años me he vuelto más precavida y trato de moderar mis pensamientos y mi lengua por temor a herir, con mis comentarios, a quienes me conocen y a pesar de ello me quieren; aunque poco importa lo que decimos en este medio tan saturado de información y textos, seguidores y detractores habrá siempre… lo olvidaba, también indiferentes, todos queremos que nos lean pero poco leemos al compañero, nos miramos el ombligo con cada frase o poema que buscamos convertir en memorable (824 me gusta y 87 comentarios) y si no resulta siempre podemos contar los más oscuros pecados que esconde nuestro interior, la literatura no vende, el morbo sí.
En este tiempo he aprendido a diversificar mi creatividad, a la escritura le he sumado la artesanía, trabajo con piedras que, combinadas con metal se transforman a las más hermosas pulseras, collares y aros, disculpen si suena vanidoso (hasta yo sucumbo a los pecados) pero ¿qué clase de artista sería si no me gustara mi propia creación? Amo la escritura y la orfebrería, en ambas soy una aprendiz, en ambas trato de crecer cada día.
A mis casi cuarenta y diez intento ponerme el mundo por montera pero aún siento cierto pudor a exponer abiertamente lo bueno y lo malo que me rodea; podría hablarles de sentimientos, de sexo, de sueños, de frustraciones, de comidas, de canciones, y todo ello adornado con un gran lazo de erotismo, cinismo, maldad o mala educación (a gusto del consumidor), pero por suerte o por desgracia soy como soy, mezcla de ficción y realidad, mezcla de miedo y osadía, mezcla de tú y yo.

Dolores Leis Parra

Pinceladas

MUJER DE MAR

Atravesé un océano para mirar otro de frente -más inmenso, más bravo- y dejar que el romper de las olas alcanzara mis rodillas.
Conocí a grandes poetas, algunos incluso alabaron mi poesía de «andar por casa» invitándome a compartir con ellos mesa de lectura.
Anduve por  aeropuertos de paso escuchando un idioma incomprensible a mis negados oídos.
Animé a mi equipo de fútbol y a una selección ajena… ganó la segunda.
Comí helado, manjar y chocolate mientras empapaba del «Mundo Hola» mi cerebro y mi retina.
Bailé hasta el límite de la vergüenza (prometo que la perderé algún día).
Reí y lloré en la misma medida, se cumplió la teoría de los vasos comunicantes… sólo la teoría, desborda el vaso de la risa.
Soy mujer. Soy mortal. Soy vida.

Dolores Leis Parra

 

 

Regreso a «Brooklyn»

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El sueño de todo inmigrante es regresar a su país. Desde mi condición de inmigrante esa frase suena a tópico porque ni todos quieren regresar, ni todos se consideran inmigrantes más allá del papel que otorga extranjería y les etiqueta como tales.

Inicié el viaje de retorno con ilusión y miedo a partes iguales, ilusión de ver a los míos, miedo por no saber que encontraría en la ciudad que abandoné hace meses. Partí con billete de vuelta, temerosa de que el azar y el destino me enredaran impidiéndome el regreso, envuelta, tal vez, por el aire de Brooklyn, película que había visto justo antes de mi partida y que tan similar imaginaba en forma y fondo a la vida que dejaba al subir al avión.

Pasaron los días, disfruté de mis hijos, de mis padres y de esos amigos que se cuentan con una mano y sobran dedos. Recibí llamadas inesperadas que me alegraron la jornada y los días venideros, también ecos y runrunes que lejos de hundirme fortalecieron mi espíritu. Y aquí estoy, vuelvo a ser una inmigrante que se busca la vida lo que significa, a todas luces, que tengo vida y eso es más de lo que muchos pueden decir.

Dolores Leis Parra

Todo es sencillo

Gratitud

La sencillez reside
en la humildad de los actos
y las letras reposadas.
No utilices complicadas rimas
para decir «te amo»
ni te pierdas en abismos
de palabras rimbombantes.
Metáforas las justas
para embellecer sin confundir
y nunca olvides sonreír
cuando cae la tarde.

Dolores Leis Parra

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