Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

Archivar en la categoría “Reflexiones”

Somos leyenda

Siempre he creído en los poetas malditos, para mí es grata y tranquilizadora su lectura porque no pretenden dar ninguna lección de vida, ni mostrarte un mundo rosado que las más de las veces no pasa de ser un rojo desteñido. Ellos, los malditos, no pintan el universo como la panacea para todos tus problemas, al contrario, te hablan de fango, de miedo, de adicciones, tormentos, bucles, paranoias, más miedo. De la culpa que acecha detrás de una copa de vino, del pánico al escuchar la sentencia de una prueba médica, del amor que te abandona o del abandonado, de tantas pérdidas…

«Tú también eres una poeta maldita, has sido alcohólica, te has marcado una buena colección de cagadas, has visto monstruos en los espejos…»

Cierto que fui (¿es correcto usar el pretérito?) maldita, más en esa época no era poeta, entre la bruma de cervezas y gin-tonics, con la vista fija en una lámpara que no dejaba de girar, se perdieron el total de los versos, sin fuerzas ni conciencia para llevarlos al papel. Ahora escribo poesía, sé que ningún universo me va a dar por arte de magia lo que deseo, que odiar forma parte del ser humano y es necesario en algunos momentos para no perder la cordura, que el que da amor no siempre es pagado con la misma moneda y que a las mejores personas (casi) siempre les caga la vida.

Quizá la figura del poeta maldito sólo sea una leyenda pero me gusta pensar que es real y que alguna vez fui uno de ellos.

Dolores Leis Parra

 

Anuncios

Sopa de letras

Hacía algunos años que no lograba sentirme orgullosa de mi trabajo -cuando  hablo de trabajo me refiero al de escritor que, al fin y al cabo, trabajo es-, poesía, novela, relatos, el blog, todo se me hacía un mundo y nada de lo que quedaba plasmado en el universo virtual me hacía sentir conforme, unas veces porque mostraba más de lo que deseaba, otras porque me resultaba tan frívolo y lejano que no conseguía reconocerme en los textos; y yo no concibo escribir desde la distancia, sobre todo si hablamos de poesía; o está inundada de alma o es papel mojado (por supuesto una opinión personal que admite discrepancias).
Me costó mucho dar por terminado el poemario, confieso que todavía añado algún poema nuevo que se gesta en el insomnio y nace con la mañana, pero no puedo evitarlo, siempre me pregunto si los elegidos son los que deben estar y ante la ambigüedad de la respuesta lo dejo tal cual, relajarse o morir.
Pero a lo que iba que me pierdo, en los últimos tiempos he tenido la fortuna de que la Gaceta Peuco Dañe compartiera uno de mis poemas, de que otro haya sido seleccionado entre más de 1100 para formar parte de una antología de versos de amor que editará Diversidad Literaria, de terminar el citado libro de poemas, de retomar el blog cuando, por problemas tecnológicos, lo creí perdido, de impartir un taller de lectoescritura a niños de básica en el Liceo Luis Humberto Acosta en El Monte, por cierto, taller en el que todos aprendemos, yo la primera…
Confieso que hacía muchos años que no conseguía valorar mi trabajo, pensaba que si el reconocimiento no venía de fuera era un reconocimiento sin valor pero cuando empecé a creer de nuevo en lo que escribía, a dejar de temer a las palabras y a los sentimientos que estas mostraban, cuando recuperé la diversión que para mí siempre supuso sentarme frente a una máquina de escribir, logré dejar atrás toneladas de miedo y quintales de duda, y hoy, después de recibir tanto cariño y afecto por parte de amigos, conocidos y contactos de las redes sociales que se alegran conmigo de mis pequeños logros, me siento recompensada por todos esos meses en los que anduve perdida en el mar de las letras cual sopa en busca de lápiz que encontrara las palabras escondidas.
Gracias a todos los que estáis, también a los que son aunque no están.

Dolores Leis Parra

…más cine por favor

Fotograma de «Palmeras en la nieve»

Han sido jornadas de cine, tres películas en dos días, tres películas que me han llegado al corazón y a las tripas…
Debo confesar que no he sido nunca cinéfila y que es ahora, en la vejez, cuando empiezo a disfrutar de este maravilloso arte. Qué nadie se lleve las manos a la cabeza, no es mi cometido hacer crítica de ellas, tampoco estoy capacitada para criticar nada que no sea mi propia obra, pero no puedo dejar de nombrarlas por si alguien con gustos similares, y sensibilidad a flor de piel, se anima.

-El hilo invisible (2017)
-Hostiles (2017)
-Palmeras en la Nieve (2015)

Esta última es una adaptación de la novela de Luz Gabás que, por motivos tecnológicos, no pude leer en su momento y que ahora, tras ver la hermosa y dramática historia que esconde sus páginas, me hace cuestionarme mi capacidad como escritora. Si la película es maravillosa cómo no ha de ser el libro.

Pues nada a seguir echándole ganas sin caer en el desaliento…

¡A ponerle empeño no más!

Dolores Leis Parra

Un día como hoy

Hace tiempo que los recuerdos que facebook me trae cada mañana son escasos y totalmente anodinos, me cuesta reconocerme en esas frases sin fuerza, en esas fotos cliché, en esa mujer que parecía querer demostrar que seguía ahí a pesar de silencio al que estaba condenada.

Facebook es la constancia de lo vivido, a diario entremezcla actualidad y recuerdos que muchos vuelven a compartir intentando convencerse de que cualquier tiempo pasado (no) siempre fue mejor, recuerdos mostrados con orgullo, con nostalgia, con esa letanía de repetir, mientras que yo sólo puedo deslizar el ratón y dejar que continúen ocultos en ese espacio que la aplicación titula, casi a modo de burla, «un día como hoy», como si hoy fuera todos los días.

¿Vivimos para facebook? ¿Son reales esos momentos o sólo pose para acaparar pulgares hacía arriba y corazones? ¿Existe lo que no se comparte en las redes sociales? Miro ese pasado y no sé si es que no supe captar los momentos o simplemente mi vida se diluyó en esa nube que llamamos internet, pero me niego a creer que la Dolores de los primeros facebook y la de los últimos son producto de la madurez que nace de cumplir años y desperdiciar sueños. Lo bueno, y aunque alguno se eche las manos a la cabeza, es que creo estar recuperándola y quizá el año que viene los recuerdos sean dignos de ser recordados… y si no, no.

Dolores Leis Parra

 

Reflexiones sobre la muerte

 

No es la muerte, es ese miedo a reencarnarse en otro cuerpo que nunca recordará quien fuiste, los momentos que viviste ni lo que sentiste mientras los vivías.
No es la muerte, es el miedo a perder la identidad, son los recuerdos que abandonan el espíritu, ocultos en los bolsillos de ese traje que llamamos cuerpo y que, como él, serán devorados por las llamas o los gusanos.
No es la muerte, ni el dolor por los que quedan, es despertar y no saber en quien te has convertido ni que cuota de felicidad y sufrimiento te tocará pagar en esa nueva vida que te ofrecen.
No es la muerte, es el temor del más allá y la certeza de la desmemoria.
No es la muerte, es el olvido.

Dolores Leis Parra

Relatividad

Quien sabe lo que nos depara el pasado.
La frase no es mía, la he leído de un contacto que a su vez lo leyó en fb y me parece una frase genial, ¿qué es el futuro sin pasado? A veces hay que vivir el pasado y el futuro en el mismo plano, por igual y en paralelo, ambos son giros de una moneda lanzada al aire.
Se dice que somos la consecuencia de lo que decidimos en el pasado, no sólo ese pasado que recordamos y engloba nuestra niñez y adolescencia, no sólo de esos pasos certeros o equivocados que dimos en la vida adulta; también de todas las elecciones de las muchas vidas que nos tocó vivir en distintas épocas y con distintos cuerpos.
Podemos creer que el cuerpo que lucha por la supervivencia en este plano es el mismo que, en otras dimensiones, se manifiesta como envoltorio de una mente que necesita diferentes sueños para ser feliz de los que somos conscientes aquí y ahora… también podemos no creer.
Es cierto que nadie sabe lo que nos depara la vida, ni pasada ni futura ni presente por que éste cambia con un suspiro, una palabra, una lágrima… El presente es el más efímero de los tiempos y quizá por eso nos cuesta tanto vivir en él, es más sencillo regresar al pasado que, en su intemporalidad, se hizo eterno o renegar de ese futuro, de equilibrio incierto, en que se transforma la lágrima al deslizarse por la mejilla, y mientras, en un brevísimo lapso de tiempo nos asalta la inquietud  de no poder responder la más sencilla de las preguntas: si nos anclamos al pasado renegando del futuro ¿qué sentido tiene desafiar al presente?, y como no encontramos respuesta relativizamos, cual genio loco, los conceptos espacio-tiempo y seguimos respirando.

Dolores Leis Parra

Cuero de chancho

«Cuando alguien decide ser fiel a si mismo y vivir de manera alternativa tiene que hacer cuero de chancho». Así le hablaba Alejandra a su hija que, con doce años, tiene muy claro lo que le gusta, lo que desea y como quiere vivir su vida a pesar de sufrir diariamente a los molestos compañeros que ni entienden ni quieren entender, mucho menos aceptar.
La intolerancia se instala en las aulas y en las calles; el intolerado se vuelve intolerante pero no sólo con los que son intolerantes con él, su grado de intolerancia se extiende a esas otras personas, siempre minorías, que como ellos ha decidido ser fieles a si mismos y vivir de manera políticamente incorrecta. De este modo se crea una especie de partido de tenis dónde la fuerza del saque tira a matar y en muchos casos mata.
Me han preguntado en varias ocasiones que cuando voy a buscar trabajo, también me han echado en cara, directamente, que no trabajo, parece que hacer joyas y venderlas (quien dice joyas dice cualquier tipo de artesanía), escribir una novela o un poemario, dar clases de yoga o artes marciales, ser entrenador personal, hacer el pino puente o bailar zapateado en la plaza principal, no es trabajo porque no te obliga a pasar ocho horas en una tienda u oficina. Si optas por ese tipo de vida te conviertes en un rebelde, por sacar los pies del tiesto, por tener el valor de abandonar matrix para regresar a tu esencia, pero es lo que has decidido y hace feliz aunque no te permita tener un lujoso coche en la puerta ni una boyante cuenta bancaria o ser el más popular de los compañeros de clase.
Me pregunto si yo también, desde mi manera actual y diferente de ver la vida me he vuelto intolerante o sólo es incomprensión y tristeza ante la manera de actuar de muchos de aquellos que no entendieron mi elección y se perdieron en el silencio, el desdén, la burla y el olvido.
Ante ello cubro mi piel con Cuero de chancho que, aún revestida, siente de cuando en cuando la cuchilla que sin querer o queriendo trata de degollarlo por intentar vivir fuera de los límites de la vanidad.

Dolores Leis Parra

Si yo te contara

No hay mayor riesgo en este oficio, aparte del de morir de hambre, que tus amigos y no tan amigos descubran a lo que te dedicas, todos tienen un conocido cuya vida (por no decir la propia) es digna de una novela y debes sentirte afortunado porque de entre los miles de escritores que pueblan esta tierra es a ti a quien han elegido para que la cuentes. Si me dieran un euro por cada vez que la famosa frase ha sido susurrada en mi oído no digo que sería millonaria pero, de seguro, para más de una noche de farra me llegaría; y por supuesto no creo ser la excepción.
Pensar que con nuestra vida se puede escribir una novela es la mayor prueba de vanidad que nos envía el universo, si a eso se le suma que nos dedicamos, con mayor o menor fortuna, a la literatura, la vanidad, no cabe duda, se transforma en ego.
P.D: La sombra de la muerte planea sobre uno de los personajes.

Metáfora

sencillez

Desde chica tuve un sueño.

Ser eternamente niño no me seducía demasiado, lo que realmente envidiaba de Peter Pan era su capacidad de volar sobre la ciudad, soñaba ir de su mano mientras los rayos de luna bañaban mi piel; tal vez por eso cuando conocí a Chagall me rendí fascinada a su obra El violinista en el tejado y que decir de Melendi y su canción del mismo título; todo me incitaba a despegar, el cielo se mostraba, lienzo en blanco, ante mí, posé la vista al frente y como burro con orejeras sólo vi lo que mi corta visión deseaba ver. Un día, además de cumplir mis deseos, la luna me mostró las miserias humanas, ajenas y propias, se quebraron las alas y ante mí se abrió un horizonte de preguntas sin respuesta, constantes inquietudes que cuestionaban la belleza de aquel sueño y el sentido de mi vida. Para algunos agoté el «polvo de hadas», para otros erré las chimeneas y tomé un camino equivocado, para todos, sin excepción, caí en el umbral de la locura.

Hoy prefiero el sol y camino sobre la tierra, con los pies anclados al suelo. Si algo aprendí del topetazo es que el cielo no es tan claro como imaginaba y que quitarse el barro del cuerpo es más fácil que deshacerse de la inmaterial contaminación. Llegó una etapa de descanso, de calma, de interiorizar y descubrir. No he abandonado el sueño, sigo en la brecha, fiel a mi cuerpo y a mi mente, en un trapecio imaginario que me permite verlas venir aunque todavía algunas me sorprenden. Cayéndome y levantándome.

El guerrero entiende que la victoria no siempre pasa por la lucha, pero no se confundan, el guerrero es guerrero hasta la muerte.

Dolores Leis Parra

 

Soy como soy

14364754_582850785248462_1434133026117083886_n

Soy como soy y sé que no puedo agradar a todo el mundo.
Escribo historias, más o menos largas que algunos dicen son novelas, otros no dicen nada, me gusta creer que quizá lo piensan.
Mis publicaciones en facebook, incluso en este mismo blog se han espaciado en el tiempo, aclaro que tengo mucho guardado en la garganta pero con los años me he vuelto más precavida y trato de moderar mis pensamientos y mi lengua por temor a herir, con mis comentarios, a quienes me conocen y a pesar de ello me quieren; aunque poco importa lo que decimos en este medio tan saturado de información y textos, seguidores y detractores habrá siempre… lo olvidaba, también indiferentes, todos queremos que nos lean pero poco leemos al compañero, nos miramos el ombligo con cada frase o poema que buscamos convertir en memorable (824 me gusta y 87 comentarios) y si no resulta siempre podemos contar los más oscuros pecados que esconde nuestro interior, la literatura no vende, el morbo sí.
En este tiempo he aprendido a diversificar mi creatividad, a la escritura le he sumado la artesanía, trabajo con piedras que, combinadas con metal se transforman a las más hermosas pulseras, collares y aros, disculpen si suena vanidoso (hasta yo sucumbo a los pecados) pero ¿qué clase de artista sería si no me gustara mi propia creación? Amo la escritura y la orfebrería, en ambas soy una aprendiz, en ambas trato de crecer cada día.
A mis casi cuarenta y diez intento ponerme el mundo por montera pero aún siento cierto pudor a exponer abiertamente lo bueno y lo malo que me rodea; podría hablarles de sentimientos, de sexo, de sueños, de frustraciones, de comidas, de canciones, y todo ello adornado con un gran lazo de erotismo, cinismo, maldad o mala educación (a gusto del consumidor), pero por suerte o por desgracia soy como soy, mezcla de ficción y realidad, mezcla de miedo y osadía, mezcla de tú y yo.

Dolores Leis Parra

Navegador de artículos