Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

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Cuero de chancho

«Cuando alguien decide ser fiel a si mismo y vivir de manera alternativa tiene que hacer cuero de chancho». Así le hablaba Alejandra a su hija que, con doce años, tiene muy claro lo que le gusta, lo que desea y como quiere vivir su vida a pesar de sufrir diariamente a los molestos compañeros que ni entienden ni quieren entender, mucho menos aceptar.
La intolerancia se instala en las aulas y en las calles; el intolerado se vuelve intolerante pero no sólo con los que son intolerantes con él, su grado de intolerancia se extiende a esas otras personas, siempre minorías, que como ellos ha decidido ser fieles a si mismos y vivir de manera políticamente incorrecta. De este modo se crea una especie de partido de tenis dónde la fuerza del saque tira a matar y en muchos casos mata.
Me han preguntado en varias ocasiones que cuando voy a buscar trabajo, también me han echado en cara, directamente, que no trabajo, parece que hacer joyas y venderlas (quien dice joyas dice cualquier tipo de artesanía), escribir una novela o un poemario, dar clases de yoga o artes marciales, ser entrenador personal, hacer el pino puente o bailar zapateado en la plaza principal, no es trabajo porque no te obliga a pasar ocho horas en una tienda u oficina. Si optas por ese tipo de vida te conviertes en un rebelde, por sacar los pies del tiesto, por tener el valor de abandonar matrix para regresar a tu esencia, pero es lo que has decidido y hace feliz aunque no te permita tener un lujoso coche en la puerta ni una boyante cuenta bancaria o ser el más popular de los compañeros de clase.
Me pregunto si yo también, desde mi manera actual y diferente de ver la vida me he vuelto intolerante o sólo es incomprensión y tristeza ante la manera de actuar de muchos de aquellos que no entendieron mi elección y se perdieron en el silencio, el desdén, la burla y el olvido.
Ante ello cubro mi piel con Cuero de chancho que, aún revestida, siente de cuando en cuando la cuchilla que sin querer o queriendo trata de degollarlo por intentar vivir fuera de los límites de la vanidad.

Dolores Leis Parra

Si yo te contara

No hay mayor riesgo en este oficio, aparte del de morir de hambre, que tus amigos y no tan amigos descubran a lo que te dedicas, todos tienen un conocido cuya vida (por no decir la propia) es digna de una novela y debes sentirte afortunado porque de entre los miles de escritores que pueblan esta tierra es a ti a quien han elegido para que la cuentes. Si me dieran un euro por cada vez que la famosa frase ha sido susurrada en mi oído no digo que sería millonaria pero, de seguro, para más de una noche de farra me llegaría; y por supuesto no creo ser la excepción.
Pensar que con nuestra vida se puede escribir una novela es la mayor prueba de vanidad que nos envía el universo, si a eso se le suma que nos dedicamos, con mayor o menor fortuna, a la literatura, la vanidad, no cabe duda, se transforma en ego.
P.D: La sombra de la muerte planea sobre uno de los personajes.

Metáfora

sencillez

Desde chica tuve un sueño.

Ser eternamente niño no me seducía demasiado, lo que realmente envidiaba de Peter Pan era su capacidad de volar sobre la ciudad, soñaba ir de su mano mientras los rayos de luna bañaban mi piel; tal vez por eso cuando conocí a Chagall me rendí fascinada a su obra El violinista en el tejado y que decir de Melendi y su canción del mismo título; todo me incitaba a despegar, el cielo se mostraba, lienzo en blanco, ante mí, posé la vista al frente y como burro con orejeras sólo vi lo que mi corta visión deseaba ver. Un día, además de cumplir mis deseos, la luna me mostró las miserias humanas, ajenas y propias, se quebraron las alas y ante mí se abrió un horizonte de preguntas sin respuesta, constantes inquietudes que cuestionaban la belleza de aquel sueño y el sentido de mi vida. Para algunos agoté el «polvo de hadas», para otros erré las chimeneas y tomé un camino equivocado, para todos, sin excepción, caí en el umbral de la locura.

Hoy prefiero el sol y camino sobre la tierra, con los pies anclados al suelo. Si algo aprendí del topetazo es que el cielo no es tan claro como imaginaba y que quitarse el barro del cuerpo es más fácil que deshacerse de la inmaterial contaminación. Llegó una etapa de descanso, de calma, de interiorizar y descubrir. No he abandonado el sueño, sigo en la brecha, fiel a mi cuerpo y a mi mente, en un trapecio imaginario que me permite verlas venir aunque todavía algunas me sorprenden. Cayéndome y levantándome.

El guerrero entiende que la victoria no siempre pasa por la lucha, pero no se confundan, el guerrero es guerrero hasta la muerte.

Dolores Leis Parra

 

Soy como soy

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Soy como soy y sé que no puedo agradar a todo el mundo.
Escribo historias, más o menos largas que algunos dicen son novelas, otros no dicen nada, me gusta creer que quizá lo piensan.
Mis publicaciones en facebook, incluso en este mismo blog se han espaciado en el tiempo, aclaro que tengo mucho guardado en la garganta pero con los años me he vuelto más precavida y trato de moderar mis pensamientos y mi lengua por temor a herir, con mis comentarios, a quienes me conocen y a pesar de ello me quieren; aunque poco importa lo que decimos en este medio tan saturado de información y textos, seguidores y detractores habrá siempre… lo olvidaba, también indiferentes, todos queremos que nos lean pero poco leemos al compañero, nos miramos el ombligo con cada frase o poema que buscamos convertir en memorable (824 me gusta y 87 comentarios) y si no resulta siempre podemos contar los más oscuros pecados que esconde nuestro interior, la literatura no vende, el morbo sí.
En este tiempo he aprendido a diversificar mi creatividad, a la escritura le he sumado la artesanía, trabajo con piedras que, combinadas con metal se transforman a las más hermosas pulseras, collares y aros, disculpen si suena vanidoso (hasta yo sucumbo a los pecados) pero ¿qué clase de artista sería si no me gustara mi propia creación? Amo la escritura y la orfebrería, en ambas soy una aprendiz, en ambas trato de crecer cada día.
A mis casi cuarenta y diez intento ponerme el mundo por montera pero aún siento cierto pudor a exponer abiertamente lo bueno y lo malo que me rodea; podría hablarles de sentimientos, de sexo, de sueños, de frustraciones, de comidas, de canciones, y todo ello adornado con un gran lazo de erotismo, cinismo, maldad o mala educación (a gusto del consumidor), pero por suerte o por desgracia soy como soy, mezcla de ficción y realidad, mezcla de miedo y osadía, mezcla de tú y yo.

Dolores Leis Parra

Pinceladas

MUJER DE MAR

Atravesé un océano para mirar otro de frente -más inmenso, más bravo- y dejar que el romper de las olas alcanzara mis rodillas.
Conocí a grandes poetas, algunos incluso alabaron mi poesía de «andar por casa» invitándome a compartir con ellos mesa de lectura.
Anduve por  aeropuertos de paso escuchando un idioma incomprensible a mis negados oídos.
Animé a mi equipo de fútbol y a una selección ajena… ganó la segunda.
Comí helado, manjar y chocolate mientras empapaba del «Mundo Hola» mi cerebro y mi retina.
Bailé hasta el límite de la vergüenza (prometo que la perderé algún día).
Reí y lloré en la misma medida, se cumplió la teoría de los vasos comunicantes… sólo la teoría, desborda el vaso de la risa.
Soy mujer. Soy mortal. Soy vida.

Dolores Leis Parra

 

 

Regreso a «Brooklyn»

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El sueño de todo inmigrante es regresar a su país. Desde mi condición de inmigrante esa frase suena a tópico porque ni todos quieren regresar, ni todos se consideran inmigrantes más allá del papel que otorga extranjería y les etiqueta como tales.

Inicié el viaje de retorno con ilusión y miedo a partes iguales, ilusión de ver a los míos, miedo por no saber que encontraría en la ciudad que abandoné hace meses. Partí con billete de vuelta, temerosa de que el azar y el destino me enredaran impidiéndome el regreso, envuelta, tal vez, por el aire de Brooklyn, película que había visto justo antes de mi partida y que tan similar imaginaba en forma y fondo a la vida que dejaba al subir al avión.

Pasaron los días, disfruté de mis hijos, de mis padres y de esos amigos que se cuentan con una mano y sobran dedos. Recibí llamadas inesperadas que me alegraron la jornada y los días venideros, también ecos y runrunes que lejos de hundirme fortalecieron mi espíritu. Y aquí estoy, vuelvo a ser una inmigrante que se busca la vida lo que significa, a todas luces, que tengo vida y eso es más de lo que muchos pueden decir.

Dolores Leis Parra

Todo es sencillo

Gratitud

La sencillez reside
en la humildad de los actos
y las letras reposadas.
No utilices complicadas rimas
para decir «te amo»
ni te pierdas en abismos
de palabras rimbombantes.
Metáforas las justas
para embellecer sin confundir
y nunca olvides sonreír
cuando cae la tarde.

Dolores Leis Parra

Casino

Casino

Soy consciente de que a lo largo de mis casi cinco décadas he tomado decisiones que han ocasionado dolor y malestar a terceras personas, decir lo contrario sería engañarme a mí misma que no a los demás, que fueron testigos de ello. «Aciertos y errores» que han traído y llevado mi vida por distintos derroteros, más o menos amargos, más o menos dulces, pero en los que siempre he sido yo quien ha decidido y actuado en consecuencia, intentando no culpar a nadie cuando las cosas no salían como deseaba, ni regodearme por mucho tiempo (patada y hacía arriba) en el fango que a veces acompañaba esas decisiones.

Ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio está muy de moda, predicar sin el ejemplo; no opinar, condenar;  hablar más de la cuenta y en muchas ocasiones a quien no corresponde pues simplemente pasaba por ahí, se ha convertido en deporte nacional ¿o ya lo era?

En un mundo de adultos hay que dejar de buscar excusas y asumir la responsabilidad que tiene cada uno en esta ruleta en que se ha convertido vivir, sí no quieres jugar no apuestes y si apuestas tienes que estar preparado para lo que salga, bueno o malo y en la vida, como en los casinos, casi siempre gana la banca.

Dolores Leis Parra

 

Órdago a «la chica»

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Está lloviendo y desde la quinta planta del Costanera se ve una ciudad apresurada y gris. De momento, sin paraguas, aquí me quedo, atrapada entre un latte y un sueño.

Siento la melancolía de un café acompañada, de palabras habladas y no escritas, de besos y abrazos reales, no virtuales. Me invade el otoño y las ausencias pero aún no llega el momento de regresar, todavía queda mucho que pensar. He aprendido que no se trata sólo de tomar decisiones, también hay que convivir con la duda de si las decisiones, que tanto cuesta tomar, son las acertadas, porque apuestas sin tener el cien por cien de las certezas, ¿qué jugador las tiene?, y encima tú no eres jugadora, siempre dejaste que otros tiraran los dados por ti.

En un mundo de truhanes hay que moverse con cautela, confiar en las cartas que el azar puso en tu mano y de cuando en cuando arriesgarse con un órdago a «la chica» aunque sea de perdedores. Causalmente los milagros también existen.

Dolores Leis Parra

Un pequeño refugio

Café (Blog)

Me pesa lo incompleto. Atrás quedó la lección aprendida, el puñetazo en el estómago, la puñalada en la espalda, el beso en la mejilla. Mi mirada atraviesa los huecos del destino, trata de adelantarse a los hechos buscando respuestas en el altar de los recuerdos, en la mímica de los sueños, quizá en otras ciudades de paso.

Agarro con cabezonería el famoso clavo ardiendo aunque sé que mis manos se abrasan más allá de la piel y los huesos, créanme señores, huele a carne pasada de punto.

No encuentro refugio entre las cuatro paredes que componen mi mal llamada «casa», una habitación arrendada donde el silencio peina el aire y lo adorna con un pasador de indiferencia, un lugar donde rebosa el vacío de la soledad administrado con cuentagotas, muerte lenta por desgaste.

Huyo, me sumerjo entre una multitud de desconocidos que ignoran mi historia inmersos en la propia, sonrío saboreando café en mi local favorito mientras observo de reojo, con cierta envidia, a dos muchachas conversando a mi lado. Pienso en las amigas que quedaron en España y en las que aguardan en Puerto Montt a que me decida a dar un salto… Este local se ha convertido en una balsa dentro del tormentoso oleaje de Santiago, un refugio al que escapar cuando la realidad aprieta, un lugar para pensar, trazar planes, buscar estrategias, reconducir caminos, reír y/o llorar. Un espacio donde recupero las ganas de escribir, dónde encuentro de nuevo mi voz, dónde vuelvo a ser la mujer que hace unos meses abandonó su tierra dispuesta a enfrentar todo lo que venga.

Dolores Leis Parra

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