Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

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Riqueza

Cuencos tibetanos creados por Ewaldt Schaa

Cuencos tibetanos creados por Ewaldt Schaa

No pedían demasiado: un techo, pan, queso y en las tardes, un vino tibio o una cerveza helada mientras escuchaban el ronroneo del mar.

Eso en cuanto a lo material, porque el resto formaba parte de su liviano equipaje: risas, bailes, abrazos, amor, y el don de sus manos, capaces de dar forma a la creatividad que la Divinidad les había regalado.

Dolores Leis Parra

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Revelación

Boda espiritual

Cada vez que le preguntaba: ¿Qué somos?, no sabía muy bien que responder. Eran pareja, amigos, amantes…
Tardó en entender la verdadera naturaleza de su relación, eran eso y mucho más. Él lo había manifestado en varías ocasiones; eran la comunión del cuerpo y el alma, dos personas simples que conforman un todo.
Feliz por la revelación quiso gritarlo al mundo:
Tú eres mi esposo -escribió- y Yo soy tu mujer. Siempre.

Dolores Leis Parra

Contigo

CHIMENEA (1)

Bajo las mantas
un mundo de fantasía
donde no cabe el invierno.

Dolores Leis Parra

Todo es sencillo

Gratitud

La sencillez reside
en la humildad de los actos
y las letras reposadas.
No utilices complicadas rimas
para decir «te amo»
ni te pierdas en abismos
de palabras rimbombantes.
Metáforas las justas
para embellecer sin confundir
y nunca olvides sonreír
cuando cae la tarde.

Dolores Leis Parra

Mujer de Plata

Mujer plateada

Imaginar…

Que te cubren esas manos dibujadas en el aire.
Que te besan unos labios perfilados con los dedos.
Que descubre los matices de los versos escondidos.
Que escucháis en el silencio de burbujas blancas.
Que fluye el agua encendida con la hoguera de su cuerpo.
Que eres metal y piedra tallada.

Dolores Leis Parra

Descubrir(se)

bajar hasta sus labios

Apoyada en la baranda, mirando el horizonte de un parque por descubrir.
Vuela el cabello, tu nombre subió las escaleras.
Lentamente, sujetando el ruedo de la falda que cubre el deseo, bajaste hasta sus labios.

Dolores Leis Parra

Lluvia

lluvia de pasion

Miró por la ventana, el bosque se extendía a sus pies.

Sabía que era un bosque porque los libros que la rodeaban así se lo habían dicho. Sabía incluso distinguir cada una de las especies vegetales que componían ese bosque.

Aprendió que los árboles podían ser de hoja caduca y de hoja perenne. No era difícil, solo debía aguardar a eso que llamaban “Otoño” para distinguirlo.

En el invierno vio como los denominados abetos cubrían sus hojas con un manto blanco nombrado “Nieve”, agua solidificada fría y húmeda.

Tropezó en los libros con el significado de su nombre.

“Lluvia: Precipitación de agua de la atmósfera que cae de las nubes en forma de gotas.”  Aquel día dejo de ver el bosque para mirar al cielo.

No siempre había nubes y de haberlas nunca eran iguales. Aprendió a distinguir esas que la nombraban. Grises y compactas. En algunas ocasiones su nombre caía manso y apaciguado; en otras, torrente enfurecido, arrasaba la tierra haciendo peligrar los arbustos más débiles.

Mil veces estuvo a punto de sacar la mano por esa ventana y sentirla. Mil veces la metió en el bolsillo esperando que pasaran las ganas.

Lluvia conocía el mundo desde los libros.

Lluvia veía el mundo a través de un cristal.

Aprendió a distinguir la primavera del verano por la inclinación de los rayos del Sol que entraban en la habitación. Por el verdor de las flores, por el cantar de los pájaros.

Vivía encerrada en su torre de marfil.

Lluvia nunca abriría la puerta de su mazmorra.

Breves

manos-sensuales

Hoy, pasada la media noche soy todo tacto.
Manos que sujetan manos,
que acarician manos,
que añoran manos.

¿Puede la lluvia hermanar ciudades o personas?

Seis renglones tachados cubren la cuadrícula del cuaderno, no consigo escribir nada coherente.
Tinta azul que oculta las únicas letras que no debo pronunciar, las que contiene tu nombre.

Cuatro días de una vida.
Cuatro manos.
Dos miradas.
Mil palabras.
Millones de sonrisas.
Cuatro días y una vida.
Ni un día más.
Ni una vida menos.

¿Cómo escribir el deseo, la necesidad, las manos enlazadas, los besos con lengua, los besos sin lengua, su lengua en tu piel, su piel en tus manos…

– Disculpe señor pero debe marcharse, el olfato me dice que alguien se está enamorando en esta cocina.
Y cerró con tanta violencia que el corazón quedó atrapado en el quicio de la puerta. Ni dentro, ni fuera.

Dolores Leis Parra

Una linda sonrisa

hacer-el-amor1

Hubo gemidos, roces y sudor. También el sonido de la cama que quería ocultar el deseo del amor prohibido… Y luego silencio.

Alargó la mano para coger un cigarrillo. Hacía años que habías dejado de fumar pero el olor del tabaco te trajo recuerdos que resultaban molestos; es por eso, que con suavidad lo retiraste de sus dedos antes de que lo encendiera, dejándolo sobre la mesilla que había junto a ti.

― Quiero que me prometas dos cosas.

Te pusiste sobre el costado derecho, la cabeza apoyada en la mano tras flexionar el codo, con la otra dibujabas bucles entre el vello cano que cubría su pecho. Te sonrió con esa sonrisa que tanto te gustaba, pero no dijo nada. Nadie promete algo sin saber primero de que se trata.

― Prométeme que no pasará un solo día, sin que me des los buenos días o las buenas noches. O las dos cosas…― callaste, él asintió sin dejar de sonreír.― Y prométeme también que te enamorarás de una mujer que te haga feliz.

Se le congeló la sonrisa y se velaron sus ojos. Suave pero firme te empujó hasta quedar sobre ti, era irresistible el deseo de besarle.

― Lo último no voy a prometerlo, pero mi mensaje será lo primero que veas cada mañana al despertar y lo último antes de ir a dormir.

 

Queda un mensaje mudo en la bandeja de entrada, nadie pulsa el enter. Un fugaz recuerdo, la primera y única vez que compartieron algo más que café.

Eras un cadáver con una linda sonrisa.

Dolores Leis Parra

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