Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

Archivar para el mes “enero, 2014”

Parcelas

Tengo la vida colocada, estacionada, compartimentada.

Todas y cada una de mis parcelas

han pasado un riguroso orden,

de días, de años.

No hay objeto fuera de lugar, ni lugar que no propicie objeto.

Una cosa para cada sitio, un sitio para cada cosa.

 

Llegas tú, como tormenta tropical que todo arrasa.

Descolocas, desajustas,

amontonas en claro desorden

aquello que tanto tardé en acoplar.

Nuevos vientos que alteran rutinas,

con promesas de aventuras

que no pasan de ser meras anécdotas.

 

Volteas mi mundo. Patas arriba queda

cuando cierras la la puerta de la calle

y yo, de nuevo (aceptada la tregua que me ofreces)

empiezo a recomponer tu caos.

Dolores Leis Parra

Buscando empleo

― Buenas tardes. Tome asiento por favor.

El hombre indicaba una silla enfrente de la que él ocupaba.

― Buenas tardes.― saludó ella sentándose.

― Usted dirá ¿a qué debo su visita?

― Estoy buscando trabajo.

― ¡Cómo la mayoría del país!

― Lo sé, lo sé. Pero yo― hizo énfasis en el yo― tengo muchos años de experiencia. Empecé siendo casi una cría.

― Una cría sigue siendo señora. No hay más que verla.― un toque de galantería nunca venía mal.

― Gracias, es usted muy amable. Pero ya he llegado a los cuarenta, los años no perdonan. Ya quisiera yo…― una pausa incómoda de llenar.

― Pues usted me dice. ¿En qué puedo ayudarla?

― Pues claro que le digo. Y le repito. Busco empleo. Le aseguro que soy muy buena en lo mío, aunque lamento decirle que no puedo ofrecerle referencias que lo avalen. Cosas de la vida.

― ¿Y puedo saber a qué se dedica?

― Soy ama de casa en paro.

― Querrá usted decir que busca un primer empleo.

― No señor, quiero decir lo que he dicho. A-ma de ca-sa en pa-ro.― y lo dijo así, silabeando para que la entendiera.

― ¿Pero eso existe?

― Por desgracia sí. Mire usted, yo aspiraba a la jubilación, pero ni modo. Hace una semana que mi marido me ha despedido.

― ¿Qué su marido la ha despedido?

― Pues como lo oye. Me puso de patitas en la calle. He oído que va a contratar a una más joven.― y en tono confidencial― Perderá con el cambio, no existe mujer más hacendosa que yo.

Los dedos del caballero tamborileaban sobre el escritorio. Nadie le había preparado para un caso como ese.

>> Además― continuó ella ya sin matiz― después de tantos años ya le conozco bien. Sé los minutos que debe estar la leche en el microondas para que el café quede a su gusto; el punto exacto de acidez en el tomate; como calzarle las zapatillas después de un masajito en sus cansados pies. Usted ya me entiende, cosas que se aprenden a fuerza de mucho practicar.

― Si usted lo dice. En fin, volvamos a lo que nos ocupa ¿Qué clase de trabajo está buscando?

― Creo señor que no me escucha. Por supuesto busco lo mismo. Soy ama de casa, no voy a emplearme en otra cosa.

― ¿Y qué le hace pensar que en nuestra empresa va a encontrarlo?― preguntó él cada vez más confundido.

― Según tengo entendido las tres cuartas partes de su plantilla son hombres y de ellos, más del cincuenta por ciento solteros.

― Pues siento decirle que no puedo ayudarla. Me casé hace quince días. Acabo de regresar del viaje de novios.

― Más lo siento yo.― se levantó resignada― Le pido disculpas por el malentendido. Si ya decía que llevaba días sin verle… Un favorcito ¿podría indicarme a cuál de sus compañeros debo dirigirme para que dé curso a mi solicitud? Gracias por su amabilidad y por favor, no olvide saludar a su señora de mi parte.

Dolores Leis Parra

Estrella

Artículo Altheia nº 10

Artículo publicado en el nº10 de la revista Altheia, que corresponde al mes de diciembre de 2013

Aunque el cruce daba a tres caminos diferentes no tomó ninguno. A la derecha un pequeño espacio de terreno, alfombrado de hojas invitaba a tumbarse. La noche era cálida, y la chaqueta anudada a la cintura, le sirvió de almohada para aquel colchón improvisado.

La farola más cercana quedaba a poco menos de un kilómetro, suficiente para que la luz artificial no restara luminosidad al firmamento, permitiendo vislumbrar ese cielo, que sin ninguna duda, era el más hermoso de toda la comarca.

Mientras contemplaba las estrellas, trató de mantenerse despierto, no quería perderse ni un segundo del hermoso espectáculo que se ofrecía ante sus ojos. Paradójicamente esas mismas estrellas, observaban al ser diminuto que distante, en otra galaxia, admiraba su belleza. Y coquetas cual mujeres a punto de partir hacia una fiesta, estudiaban su reflejo en ríos y mares, compitiendo por ser la más grande y luminosa en aquel cielo común.

Llamó la atención del muchacho una de ellas, no es que tuviera nada especial, pero con los astros sucede como con los amores, nada distingue un alma gemela salvo la certeza de que la has encontrado. Así lo sintió cuando la vio a lo lejos. Aquella era su estrella Se elevó la risa por encima de la chopera cercana, feliz por toparse con ella. No es fácil, muchos no lo logran y otros, equivocan la elección, tomando como suya la luz destinada a otro mortal. Afortunado, por segunda vez en su corta vida se encontraban.

En lucha constante contra el sueño, supo perdida la batalla cuando el arrullo del riachuelo adormeció los sentidos, invitando a abandonarse entre los brazos de Morfeo. Cabezadas apresuradas que le permitían reencontrarse en pocos minutos. Más la noche era terca, y empecinada en llevarle a su terreno, dejó caer sobre él, el peso de la oscuridad, tornando de nuevo fugaz a su estrella. Se despertó al alba, enfadado consigo mismo al comprender que había perdido la posibilidad de contemplarla ¿Cuántas oportunidades más le daría el destino para hacerlo?

Cabizbajo, regresó al cementerio, todavía quedaba mucho por hacer antes de tomar el autobús que le llevaría al pueblo cercano dónde estudiaba. Cortaría las flores con las que su madre adornaría los jarrones, ayudaría a su padre en la limpieza de las lápidas y durante los breves instantes que el trabajo le dejara, se sentaría junto a la tumba de su Estrella para contarle que aquella noche, a lo lejos, la había vuelto a ver.

Dolores Leis Parra

Espejos

En un rincón del viejo altillo, dónde la luz apenas rasga el negro sueño, descansa vestido de  luto pueblerino, el olvidado espejo.

Manos temblorosas lo desnudan. Es día de cabellos coloreando canas; de ojos perspicaces que bajo los diamantes descubren el ajado cuello; de manicura francesa quebrada en capas. La sobriedad del traje, corte impecable, sin una arruga, cae desmadejada sobre un cuerpo que trata de engañar el paso del tiempo.

En el espejo del pasado busca la sonrisa de aquel primer beso robado en la noche.

El espejo de la vida le muestra un hermoso cadáver tirado en la arena.

El cristal del futuro levanta el vuelo. No regala una mirada a aquel, que nunca volvió la vista mientras le abandonaba.

Cumplido el ritual, gana su batalla a la muerte. El hermoso cadáver que es da paso a una regia dama. Manos serenas lo cubren con su luto pueblerino, a la espera de que la llave gire de nuevo y lo rescate del olvido. Aunque la vida sólo dure unos breves minutos.

Dolores Leis Parra

Colaboración “Acantilados de papel”

Esta entrada difiere bastante de lo que habitualmente llevo a cabo en el blog, pues en contra de mi costumbre no leeréis en ella un relato.

Hoy es el primer día del año y recibo mi primera alegría literaria. Desde esta mañana se puede descargar el nº 3 de la revista Acantilados de papel, en la que se incluye mi relato <<Cronos en París>>, lo encontraréis en la página 39. Os invito a que disfrutéis con su lectura y también con las demás colaboraciones que incluye este número cuyo tema central es <<Siempre nos quedará París>>. Espero que os guste y merecer la confianza que desde la citada revista han depositado en mi y en mi trabajo.

http://es.calameo.com/read/0019314223a7ffc213c12

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