Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

Archivar para el mes “mayo, 2014”

Debut

 

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Ayer debuté en el teatro, lo hice a lo grande en el “Español” y con la obra Misántropo… Perdonen creo que mi comentario puede dar lugar a confusión, no me piensen actriz ni corista, mi debut fue como espectadora, porque señores aunque se les caiga el mito he de confesar que a mis cuarenta y tantos jamás había acudido a una representación teatral (si exceptuamos obras en las que participaban de pequeños mis propios hijos).

Ya en el momento de abrirse las puertas sentí los nervios del debutante “Quién pise las tablas del Teatro Español debe ser consciente de que esta pisando un terreno sagrado de la cultura universal“. El recinto aunque menor de como lo imaginaba, lejos de decepcionarme me llenó de admiración, los palcos a ambos lados del escenario, los balcones dorados alrededor del patio de butacas, las butacas rojas de suave tacto, el pesado telón tan parecido a una gran alfombra… Disculpen de nuevo tan vulgares comparativas porque les aseguro que si hubiera habido moscas gran parte de ellas se encontrarían en mi estómago.

Misántropo, versionada y dirigida por Miguel del Arco y basada libremente en el original de Molière, sigue estando vigente; poco o nada ha cambiado el ser humano del siglo XVII del que habita el siglo XXI época a la que Kamikaze Producciones traslada la acción.

“Es llamativo que la sinceridad resulte tan inapropiada” dicen en la obra y es bien cierto, ya que nuestro protagonista Alcestes lleva la sinceridad por bandera sin importarle el daño que esa verdad puede causar, sin embargo se niega a reconocer la doble cara de Celimena, su gran amor, y está dispuesto a negar lo que para todos es evidente.

Extraordinaria interpretación, magnífica puesta en escena, diálogos soberbios, dramática, divertida en muchos aspectos, dinámica y real, un directo a la conciencia que noquea con frases memorables “La misma lengua que te lame el culo es el aguijón que se clava en tu espalda” “El poeta empieza donde acaba el hombre” “No hay nada más fácil que halagar a un vanidoso” o ” Hay personas con el ego tan alto que si saltan se suicidan” son una pequeña muestra de lo mucho que esta obra incita a la reflexión. Y como colofón por restar solemnidad a la entrada, foto a la salida del Teatro Español con Cristóbal Suárez actor que da vida al personaje de Oronte (fotografía que podéis encontrar en mi muro de facebook)

Un debut de lujo señores. Estarán de acuerdo conmigo que fue una noche para recordar.

Dolores Leis Parra

 

 

 

Dudas

Levanto la vista del papel, la duda es una cualidad del ser humano ¡No me lo puedo creer! he escrito “cualidad” en lugar de “característica”. Claro que tal vez característica tampoco sea la palabra.

Dejo el bolígrafo en suspenso, dudo. Ciertamente no dudo de mis dudas… pero dudo. De mí, de ti, de los párrafos, de las frases, de las letras… ¿Mueren las letras? Y si lo hacen ¿a dónde van? ¿A un mar (de dudas)?

Regresan las dudas y las letras, y las frases, y los párrafos… De no haber dudado hoy el blog sería una página en blanco.

Dolores Leis Parra

Redes

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Escondido asalta en un descuido, bandolero de caminos sigue el torrente sanguíneo que le lleva al corazón, no doblega la dureza sus múltiples desengaños lo han transformado en piedra. No convence y abandona el símbolo del amor.

Asciende, busca salir y se pierde, reaparece varios palmos sobre el suelo, neuronas en un cortejo al que sin ser invitado adopta, repta, se posiciona, es el miedo y no razona. Como sesos que rebozan para manjar de viejos, alimentado tormentos de redes envuelto en ondas.

Dolores Leis Parra

Jaqueca

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El día se levanta disfrazado de jaqueca, la noche cosió su forro y al llegar el alba las puntadas se muestras más firmes, más rebeldes que el leve hilo de un hilván.

Quiero quitarme la máscara, la peluca y el corpiño, pero quien ató los lazos –a la espalda- lo hizo a conciencia, con el doble nudo de la madre cansada de abrochar la zapatilla de un niño. Tejió en la cabeza jirones de heno, entrelazando entre mi pelo la firmeza de esas extensiones que ni el más fuerte champú consigue desprender del cuero cabelludo, superglú adherido a una sienes doloridas.

Ocultó el rostro con la mueca alegre del payaso que llora nostalgia y exilio; no reconozco los ojos que me devuelve el espejo, su brillo no es mi brillo, su iris perdió la miel para convertirse en brea, alfileres de colores horadan mis párpados luchadores que hoy quieren dejarse vencer. Pero el sentido común anula otros sentidos y afirma que mi deber es limpiar los baños y recomponer la sonrisa, que luzca natural cuando regresen a casa.

Dolores Leis Parra

Hilos

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Chasquean los dedos y el mundo gira como títere en sus manos. Nadie alza la voz, todos miran de soslayo. Los hilos son muy finos y las tijeras afiladas en sudor de plebe no entiende de familias…, ni de hipotecas…, ni de hambre.

Callan y ahogan las palabras al fondo de sus gargantas. Quién saca los pies del tiesto, cae desmadejado en las oficinas del inem.

Dolores Leis Parra

Entre botellines y copas

Casa Rural Palacio Universitás

Casa Rural Palacio Universitás

No voy a contar como nos conocimos, pues a estas alturas quien no sepa que nuestro primer encuentro tuvo lugar en el pub Saboya, conocido en el pueblo como bar de la Mari, o cómo el propio Adolfo lo nombró en su novela “Erótica rural” pub de Sonia, no nos conocía antes de que la edad y los achaques nos pillaran por sorpresa a Adolfo y a mí.

Compartir botellines y copas une mucho, si además como es nuestro caso, somos apasionados de la literatura, el vínculo puede llegar a ser indestructible.

Artista polifacético, escritor, pintor y escultor; tal vez sea en ésta última faceta la que más me maravilla de él. Su manejo de la forja, esa capacidad de hacer una obra de arte con el más rudimentario de los aperos de labranza es digno de admirar. Prueba de ello, la preciosa escultura que a base de arados, adorna el jardín del bar Saga, que lleva el sugerente título “Máquina para labrar el viento” y que en mi ignorancia por todo lo relacionado con el campo, creí se trataba de pájaros volando.

Adolfo es esa clase de personas que hablan para sí más que para quien tiene enfrente. Disfruta rememorando anécdotas de su juventud que a pesar de compartir con los demás, son más un recordatorio interior de sus vivencias que el deseo de darlas a conocer al mundo. Muestra de ello son esas pausas en las que igual aprovecha para pensar lo que va a decir a continuación, que las utiliza para memorizar lo ya narrado. En cualquier caso, no cabe duda, que deja con la boca abierta a su interlocutor ante las locuras cometidas con nocturnidad y alevosía en aquellos años universitarios, historias que en nuestros últimos encuentros ha tenido a bien compartir con nosotros y que sin su consentimiento, no me atrevo a revelar.

Vive en un entorno privilegiado, entre los muros de lo que estuvo destinado a ser universidad y ahora se ha convertido en el Palacio rural Univérsitas. Poseedor de una biblioteca que es la envidia de quien escribe y cuyo temor se basa, en que sus herederos no sean capaces de apreciarla. Amigo de todos y de ninguno, respetado por ser quien es, o quién era, que su nombre pesa mucho en la región. Envidiado en algunos casos por ponerse el mundo por montera, sin atarse a los convencionalismos ni al qué dirán. Habita en ese mundo que es el de todos, pero en el que solamente él, es capaz de transitar con la naturalidad de quien lo tiene todo acomodado.

Me enorgullezco de ser su amiga, de haber compartido a su lado tardes de sol y lluvia, charlas sobre literatura, pequeños cotilleos sin maldad, su famosa puntilla “eso me interesa” que te hace ver lo equivocado que estás al pensar que inmerso en sus propios pensamientos, no te escucha.

Adolfo M. Martínez es autor de ese precioso relato titulado El hombre que amaba a los pájaros incluido en su libro “Los profetas cabreados” en él narra un idílico entierro, del que nunca me ha querido aclarar si imaginaba el suyo, pero cuya referencia a la copa de balón que Sonia deposita sobre la tumba, así lo hace pensar.

Adolfo, que tardemos muchos años en hacer realidad ese magnífico cuento.

Dolores Leis Parra

 

Caminos

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No es fácil que al mirar el cielo

muten los distintos azules a violeta

si no es el momento justo del ocaso.

No es fácil que el abrazo de la hierba

deje gotas en la piel de tu vestido

si no es día de lluvia o de riego.

No es fácil que nuestras miradas

se crucen, si tu norte y el mío

pasan por distintos hemisferios.

No lo es, pues diferentes estrellas

guían nuestros pasos,

buscando mis huellas, huyendo del pasado.

Dolores Leis Parra

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