Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

Archivar para el mes “octubre, 2016”

Metáfora

sencillez

Desde chica tuve un sueño.

Ser eternamente niño no me seducía demasiado, lo que realmente envidiaba de Peter Pan era su capacidad de volar sobre la ciudad, soñaba ir de su mano mientras los rayos de luna bañaban mi piel; tal vez por eso cuando conocí a Chagall me rendí fascinada a su obra El violinista en el tejado y que decir de Melendi y su canción del mismo título; todo me incitaba a despegar, el cielo se mostraba, lienzo en blanco, ante mí, posé la vista al frente y como burro con orejeras sólo vi lo que mi corta visión deseaba ver. Un día, además de cumplir mis deseos, la luna me mostró las miserias humanas, ajenas y propias, se quebraron las alas y ante mí se abrió un horizonte de preguntas sin respuesta, constantes inquietudes que cuestionaban la belleza de aquel sueño y el sentido de mi vida. Para algunos agoté el «polvo de hadas», para otros erré las chimeneas y tomé un camino equivocado, para todos, sin excepción, caí en el umbral de la locura.

Hoy prefiero el sol y camino sobre la tierra, con los pies anclados al suelo. Si algo aprendí del topetazo es que el cielo no es tan claro como imaginaba y que quitarse el barro del cuerpo es más fácil que deshacerse de la inmaterial contaminación. Llegó una etapa de descanso, de calma, de interiorizar y descubrir. No he abandonado el sueño, sigo en la brecha, fiel a mi cuerpo y a mi mente, en un trapecio imaginario que me permite verlas venir aunque todavía algunas me sorprenden. Cayéndome y levantándome.

El guerrero entiende que la victoria no siempre pasa por la lucha, pero no se confundan, el guerrero es guerrero hasta la muerte.

Dolores Leis Parra

 

De tu mano

chica-caminando

Entre revueltas y giros
una vida escala la cumbre de su vida.
Lo que fue blanco en otoño
se vuelve gris o anaranjado.
La mirada trasparente
ve más allá del paso que tropieza
y frente a la encrucijada
no abandona su mano,
aunque el río le obligue
a nadar contracorriente.
Un remanso invita a echar la vista atrás,
kilómetros robados al viento
para alcanzar el sueño de adolescente
y otra vez adolescente
empezar de nuevo el ascenso
por la ladera de la vida.

Dolores Leis Parra

Fragmento

camila

CAMILA 

I 

Usted necesita alguien alegre, que la haga sonreír, con quien practicar los ritos milenarios que armonizan la mente y el cuerpo. Alguien con quien dormir abrazada. Tiznar papeles en una esquinita de su taller, levantar los ojos y enfrentar la mirada. Artesano de la belleza. Vivir en libertad lejos del corsé que oprime a los de su clase. Fluir. Un hombre que la haga vibrar con un roce. Que de forma a su cuerpo, metal tibio entre sus manos. Que la derrita en agua… 

Al escuchar esas palabras en boca de aquella mujer supo que no pararía hasta encontrarle. Quiso detenerse, pero Amaranta tiró de ella con fuerza dejando atrás a  la desconocida. Cuando la voz apenas era un murmullo confuso entre los muchos del mercado, soltó su mano. Ella se giró enfadada por su gesto, iba a regañarla cuando leyó la determinación en su rostro. La joven se colocó en jarras y la enfrentó, por primera vez vio a Amaranta retroceder.

—Vamos a regresar.

Había reconocido la voz de sus sueños, esa que la perseguía en las noches haciendo que, al amanecer, sus ojos se poblaran de sombras oscuras. Tampoco esperó respuesta, ni volteó la mirada para ver si la seguía, con paso decidido deshizo el camino parándose frente a la mujer que mostró un diente de oro al sonreír e hizo un gesto para que le acompañara.

—Sólo ella —dijo cuando Amaranta trató de seguirla al interior—. Tú no eres bienvenida en casa de Corina.

Amaranta rezongaba en la puerta, se lamentaba por haber cedido a los ruegos de Camila. La casa Alcocer continuaba de luto, apenas había pasado un año desde la muerte de los señores y la joven en lugar de cambiar los ropajes negros por otros de tonos más discretos, había escogido el más llamativo de su armario, un brillante vestido azul pavo real y con la sonrisa pintada en el rostro se había lanzado, arrastrándola con ella, a recorrer las atestadas calles en día de mercado. Y para más inri esa tal Corina la arrancaba de su lado.

Continuara…

Dolores Leis Parra

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