Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

Fantasmas

fantasmas

Hay un gato en la escalera, tal vez un pariente lejano de aquél que se subía a mi regazo y pasaba acurrucado en él tantos minutos que llegaban a ser horas si no me movía del lugar.

Sarito (ostentaba dicho nombre en honor a su madre) era grande, atigrado en tonos canela, y un día desapareció. No era callejero pero le gustaba trastear en los tejados, casi siempre llegaba a casa con arañazos en el rostro, imaginábamos que eran heridas de guerra por conquistar el amor de su dama. Si regresaba de noche entraba por el entretecho y se acomodaba en el sofá o sobre el cojín rojo de tu silla para dormir hasta que alguno de nosotros le despertaba con caricias. Sin embargo, si el regreso coincidía con los rayos del sol maullaba para que le abriéramos la puerta y le dábamos comida. Adoraba el pollo, era un placer verle dar rienda suelta a la gula cuando le dejábamos los huesos mal arrebañados, para que tuvieran su pedacito de carne.

Podía pasar fuera dos o tres días pero cuando contamos el cuarto y el quinto sin aparecer, la preocupación de que le hubiera pasado algo empezó a invadirnos.

¡Cuánta razón!

Sarito no volvió. A veces le imagino en lo alto de la tapia que divide los patios, tan real que puedo escuchar su maullido, es entonces cuando recuerdo que yo, al igual que él, ya no habito aquella casa, que sólo soy un fantasma en permanente espera.

Dolores Leis Parra

1 de noviembre

1-de-noviembre

Dibujan cicatrices en el rostro,
cubren su cuerpo de harapos.
Despierta el metro con su carga de insomnes.
¿Buscas fantasmas?
¿Brujas de sombrero picudo y escoba rota?
¿Zombis alcohólicos?
¡Mírame! ¡Estoy aquí!
A cara descubierta, con cicatrices.
Desnuda.

Dolores Leis Parra

Poema seleccionado por Francisco Javier Illán Vivas, para formar parte de la antología «Diez voces de la poesía actual» Editorial ADIH (2015)

Metáfora

sencillez

Desde chica tuve un sueño.

Ser eternamente niño no me seducía demasiado, lo que realmente envidiaba de Peter Pan era su capacidad de volar sobre la ciudad, soñaba ir de su mano mientras los rayos de luna bañaban mi piel; tal vez por eso cuando conocí a Chagall me rendí fascinada a su obra El violinista en el tejado y que decir de Melendi y su canción del mismo título; todo me incitaba a despegar, el cielo se mostraba, lienzo en blanco, ante mí, posé la vista al frente y como burro con orejeras sólo vi lo que mi corta visión deseaba ver. Un día, además de cumplir mis deseos, la luna me mostró las miserias humanas, ajenas y propias, se quebraron las alas y ante mí se abrió un horizonte de preguntas sin respuesta, constantes inquietudes que cuestionaban la belleza de aquel sueño y el sentido de mi vida. Para algunos agoté el «polvo de hadas», para otros erré las chimeneas y tomé un camino equivocado, para todos, sin excepción, caí en el umbral de la locura.

Hoy prefiero el sol y camino sobre la tierra, con los pies anclados al suelo. Si algo aprendí del topetazo es que el cielo no es tan claro como imaginaba y que quitarse el barro del cuerpo es más fácil que deshacerse de la inmaterial contaminación. Llegó una etapa de descanso, de calma, de interiorizar y descubrir. No he abandonado el sueño, sigo en la brecha, fiel a mi cuerpo y a mi mente, en un trapecio imaginario que me permite verlas venir aunque todavía algunas me sorprenden. Cayéndome y levantándome.

El guerrero entiende que la victoria no siempre pasa por la lucha, pero no se confundan, el guerrero es guerrero hasta la muerte.

Dolores Leis Parra

 

De tu mano

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Entre revueltas y giros
una vida escala la cumbre de su vida.
Lo que fue blanco en otoño
se vuelve gris o anaranjado.
La mirada trasparente
ve más allá del paso que tropieza
y frente a la encrucijada
no abandona su mano,
aunque el río le obligue
a nadar contracorriente.
Un remanso invita a echar la vista atrás,
kilómetros robados al viento
para alcanzar el sueño de adolescente
y otra vez adolescente
empezar de nuevo el ascenso
por la ladera de la vida.

Dolores Leis Parra

Fragmento

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CAMILA 

I 

Usted necesita alguien alegre, que la haga sonreír, con quien practicar los ritos milenarios que armonizan la mente y el cuerpo. Alguien con quien dormir abrazada. Tiznar papeles en una esquinita de su taller, levantar los ojos y enfrentar la mirada. Artesano de la belleza. Vivir en libertad lejos del corsé que oprime a los de su clase. Fluir. Un hombre que la haga vibrar con un roce. Que de forma a su cuerpo, metal tibio entre sus manos. Que la derrita en agua… 

Al escuchar esas palabras en boca de aquella mujer supo que no pararía hasta encontrarle. Quiso detenerse, pero Amaranta tiró de ella con fuerza dejando atrás a  la desconocida. Cuando la voz apenas era un murmullo confuso entre los muchos del mercado, soltó su mano. Ella se giró enfadada por su gesto, iba a regañarla cuando leyó la determinación en su rostro. La joven se colocó en jarras y la enfrentó, por primera vez vio a Amaranta retroceder.

—Vamos a regresar.

Había reconocido la voz de sus sueños, esa que la perseguía en las noches haciendo que, al amanecer, sus ojos se poblaran de sombras oscuras. Tampoco esperó respuesta, ni volteó la mirada para ver si la seguía, con paso decidido deshizo el camino parándose frente a la mujer que mostró un diente de oro al sonreír e hizo un gesto para que le acompañara.

—Sólo ella —dijo cuando Amaranta trató de seguirla al interior—. Tú no eres bienvenida en casa de Corina.

Amaranta rezongaba en la puerta, se lamentaba por haber cedido a los ruegos de Camila. La casa Alcocer continuaba de luto, apenas había pasado un año desde la muerte de los señores y la joven en lugar de cambiar los ropajes negros por otros de tonos más discretos, había escogido el más llamativo de su armario, un brillante vestido azul pavo real y con la sonrisa pintada en el rostro se había lanzado, arrastrándola con ella, a recorrer las atestadas calles en día de mercado. Y para más inri esa tal Corina la arrancaba de su lado.

Continuara…

Dolores Leis Parra

Soy como soy

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Soy como soy y sé que no puedo agradar a todo el mundo.
Escribo historias, más o menos largas que algunos dicen son novelas, otros no dicen nada, me gusta creer que quizá lo piensan.
Mis publicaciones en facebook, incluso en este mismo blog se han espaciado en el tiempo, aclaro que tengo mucho guardado en la garganta pero con los años me he vuelto más precavida y trato de moderar mis pensamientos y mi lengua por temor a herir, con mis comentarios, a quienes me conocen y a pesar de ello me quieren; aunque poco importa lo que decimos en este medio tan saturado de información y textos, seguidores y detractores habrá siempre… lo olvidaba, también indiferentes, todos queremos que nos lean pero poco leemos al compañero, nos miramos el ombligo con cada frase o poema que buscamos convertir en memorable (824 me gusta y 87 comentarios) y si no resulta siempre podemos contar los más oscuros pecados que esconde nuestro interior, la literatura no vende, el morbo sí.
En este tiempo he aprendido a diversificar mi creatividad, a la escritura le he sumado la artesanía, trabajo con piedras que, combinadas con metal se transforman a las más hermosas pulseras, collares y aros, disculpen si suena vanidoso (hasta yo sucumbo a los pecados) pero ¿qué clase de artista sería si no me gustara mi propia creación? Amo la escritura y la orfebrería, en ambas soy una aprendiz, en ambas trato de crecer cada día.
A mis casi cuarenta y diez intento ponerme el mundo por montera pero aún siento cierto pudor a exponer abiertamente lo bueno y lo malo que me rodea; podría hablarles de sentimientos, de sexo, de sueños, de frustraciones, de comidas, de canciones, y todo ello adornado con un gran lazo de erotismo, cinismo, maldad o mala educación (a gusto del consumidor), pero por suerte o por desgracia soy como soy, mezcla de ficción y realidad, mezcla de miedo y osadía, mezcla de tú y yo.

Dolores Leis Parra

Jazz

Ben Webster

Ben Webster

Entre cerveza y maní confitado me transportas al sótano del jazz. Nada tan puro y vibrante como amarnos al ritmo de esa melodía que inmortaliza el saxo de Ben Webster.

Dolores Leis Parra

Presentación «El pasado en cada esquina» en Talagante (Chile)

…Agradecer a Marcela (Café de la profe), Vane y José González su apoyo y dedicación a la hora de preparar este evento literario, imposible que hubiera salido adelante sin ellos. A la Gobernación de Talagante que nos ha prestado el Salón Auditorio y a Roddy Pérez (Radio Manantial) por cubrir el evento.
Gracias también a la colaboración desinteresada de la librería La Económica, floristería Primavera, a Cecilia Huaico y a Débora (respectivamente) por el vino de honor y el exquisito cóctel que degustaremos a continuación y no olvido a Ángela y Daivi que nos han amenizado con su música y su arte.
Y aunque los nombre en último lugar, quiero agradecer a todos ustedes su asistencia. A mi pareja Ewaldt Schaa y su familia, a mi hija Gloria cuya visita ha coincidido, apostamente, con la presentación, y a todos los amigos y vecinos de Talagante e Isla de Maipo, sin duda los más importantes ya que sin ustedes, sin su presencia, este acto nunca habría podido realizarse.
Muchas gracias a todos por acompañarme y decirles que es para mí un honor formar parte de su comunidad.
D.L.P.
(Fragmento)
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Indiscreta

comunión

Espío, entre los muebles,
por un cristal indiscreto
tu figura en la otra sala.
El televisor, una pantalla en negro,
no distrae mi deseo:
sentir el fuego de tu alma
en perfecta comunión.

Dolores Leis Parra

Riqueza

Cuencos tibetanos creados por Ewaldt Schaa

Cuencos tibetanos creados por Ewaldt Schaa

No pedían demasiado: un techo, pan, queso y en las tardes, un vino tibio o una cerveza helada mientras escuchaban el ronroneo del mar.

Eso en cuanto a lo material, porque el resto formaba parte de su liviano equipaje: risas, bailes, abrazos, amor, y el don de sus manos, capaces de dar forma a la creatividad que la Divinidad les había regalado.

Dolores Leis Parra

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