Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

Archivar en la categoría “No ficción”

La calma del desierto

Viajaba de Roma a Santiago cuando tras varias horas de vuelo el bullicio de los pasajeros se detuvo, las pantallas dejaron de brillar, los motores apenas se percibían, todo quedó en segundo plano, la calma se hizo palpable, el silencio audible, un momento mágico en el que creí que el sueño me había vencido (he aprendido a relajarme en los aviones, de las 13 horas que dura el viaje al menos nueve las paso dormitando) pero estaba despierta con una paz que jamás había sentido. Busqué el mapa de ruta, todos los aviones, de largo recorrido al menos, te muestran que parte del mundo sobrevuelas en tiempo real, no sé que esperaba encontrar pero no me sorprendió ver que estábamos atravesando el Sahara, ese inmenso desierto que a pesar de que algún tratado dice pertenecer a Marruecos, es territorio de libertad.
Ayer, viendo la película de John Wick le vi caminar por desierto y con cada uno de sus pasos rememoré aquella tranquilidad que me invadió lo que duró mi paso por el Sahara, pensé en que si me había sentido así volando sobre él que no sería el poner los pies sobre su arena y tomarla entre mis manos.
Los pensamientos siguen su lógica particular y saltan de uno a otro sin orden, por asociación de ideas y en la noche recordé cuando años atrás, paseando por el H2O de Rivas encontré una mini feria esotérica, en uno de los puestos te mostraban tu vida pasada, una antigua reencarnación; era poco confiable, ponías la mano sobre un semicírculo con luz y en pocos segundos aparecía impreso de dónde provenías, costaba 3 euros importe que mi bolsillo se podía permitir, la muchacha, más atenta al móvil que a mí, me tendió un papel con la información de la máquina adivina. Provenía de África, había sido vendida y transportada a Europa como esclava. En ese momento me visualicé con la piel negra, el pelo crespo y los dientes salientes (supongo que influenciada por las películas y series de esclavos con que nos invade la tele), ahora, después de sentir el desierto, pienso que pude ser una beduina, África es África más allá del color de la piel, cuyo cuerpo sintió el llamado de los ancestros, de la raíz tirando de mí. Y cobró sentido aquel sinsentido que me dijo la máquina.
Si un día piso el desierto espero volver a sentir esa calma, ese silencio y tal vez encuentre las palabras para transportaros a su magia, aunque para poder contarlo deba esperar a que, con el paso del tiempo, una imagen o un acontecimiento le vuelva a dar orden y sentido a mis pensamientos.

Dolores Leis Parra

Somos leyenda

Siempre he creído en los poetas malditos, para mí es grata y tranquilizadora su lectura porque no pretenden dar ninguna lección de vida, ni mostrarte un mundo rosado que las más de las veces no pasa de ser un rojo desteñido. Ellos, los malditos, no pintan el universo como la panacea para todos tus problemas, al contrario, te hablan de fango, de miedo, de adicciones, tormentos, bucles, paranoias, más miedo. De la culpa que acecha detrás de una copa de vino, del pánico al escuchar la sentencia de una prueba médica, del amor que te abandona o del abandonado, de tantas pérdidas…

«Tú también eres una poeta maldita, has sido alcohólica, te has marcado una buena colección de cagadas, has visto monstruos en los espejos…»

Cierto que fui (¿es correcto usar el pretérito?) maldita, más en esa época no era poeta, entre la bruma de cervezas y gin-tonics, con la vista fija en una lámpara que no dejaba de girar, se perdieron el total de los versos, sin fuerzas ni conciencia para llevarlos al papel. Ahora escribo poesía, sé que ningún universo me va a dar por arte de magia lo que deseo, que odiar forma parte del ser humano y es necesario en algunos momentos para no perder la cordura, que el que da amor no siempre es pagado con la misma moneda y que a las mejores personas (casi) siempre les caga la vida.

Quizá la figura del poeta maldito sólo sea una leyenda pero me gusta pensar que es real y que alguna vez fui uno de ellos.

Dolores Leis Parra

 

Sopa de letras

Hacía algunos años que no lograba sentirme orgullosa de mi trabajo -cuando  hablo de trabajo me refiero al de escritor que, al fin y al cabo, trabajo es-, poesía, novela, relatos, el blog, todo se me hacía un mundo y nada de lo que quedaba plasmado en el universo virtual me hacía sentir conforme, unas veces porque mostraba más de lo que deseaba, otras porque me resultaba tan frívolo y lejano que no conseguía reconocerme en los textos; y yo no concibo escribir desde la distancia, sobre todo si hablamos de poesía; o está inundada de alma o es papel mojado (por supuesto una opinión personal que admite discrepancias).
Me costó mucho dar por terminado el poemario, confieso que todavía añado algún poema nuevo que se gesta en el insomnio y nace con la mañana, pero no puedo evitarlo, siempre me pregunto si los elegidos son los que deben estar y ante la ambigüedad de la respuesta lo dejo tal cual, relajarse o morir.
Pero a lo que iba que me pierdo, en los últimos tiempos he tenido la fortuna de que la Gaceta Peuco Dañe compartiera uno de mis poemas, de que otro haya sido seleccionado entre más de 1100 para formar parte de una antología de versos de amor que editará Diversidad Literaria, de terminar el citado libro de poemas, de retomar el blog cuando, por problemas tecnológicos, lo creí perdido, de impartir un taller de lectoescritura a niños de básica en el Liceo Luis Humberto Acosta en El Monte, por cierto, taller en el que todos aprendemos, yo la primera…
Confieso que hacía muchos años que no conseguía valorar mi trabajo, pensaba que si el reconocimiento no venía de fuera era un reconocimiento sin valor pero cuando empecé a creer de nuevo en lo que escribía, a dejar de temer a las palabras y a los sentimientos que estas mostraban, cuando recuperé la diversión que para mí siempre supuso sentarme frente a una máquina de escribir, logré dejar atrás toneladas de miedo y quintales de duda, y hoy, después de recibir tanto cariño y afecto por parte de amigos, conocidos y contactos de las redes sociales que se alegran conmigo de mis pequeños logros, me siento recompensada por todos esos meses en los que anduve perdida en el mar de las letras cual sopa en busca de lápiz que encontrara las palabras escondidas.
Gracias a todos los que estáis, también a los que son aunque no están.

Dolores Leis Parra

…más cine por favor

Fotograma de «Palmeras en la nieve»

Han sido jornadas de cine, tres películas en dos días, tres películas que me han llegado al corazón y a las tripas…
Debo confesar que no he sido nunca cinéfila y que es ahora, en la vejez, cuando empiezo a disfrutar de este maravilloso arte. Qué nadie se lleve las manos a la cabeza, no es mi cometido hacer crítica de ellas, tampoco estoy capacitada para criticar nada que no sea mi propia obra, pero no puedo dejar de nombrarlas por si alguien con gustos similares, y sensibilidad a flor de piel, se anima.

-El hilo invisible (2017)
-Hostiles (2017)
-Palmeras en la Nieve (2015)

Esta última es una adaptación de la novela de Luz Gabás que, por motivos tecnológicos, no pude leer en su momento y que ahora, tras ver la hermosa y dramática historia que esconde sus páginas, me hace cuestionarme mi capacidad como escritora. Si la película es maravillosa cómo no ha de ser el libro.

Pues nada a seguir echándole ganas sin caer en el desaliento…

¡A ponerle empeño no más!

Dolores Leis Parra

Un día como hoy

Hace tiempo que los recuerdos que facebook me trae cada mañana son escasos y totalmente anodinos, me cuesta reconocerme en esas frases sin fuerza, en esas fotos cliché, en esa mujer que parecía querer demostrar que seguía ahí a pesar de silencio al que estaba condenada.

Facebook es la constancia de lo vivido, a diario entremezcla actualidad y recuerdos que muchos vuelven a compartir intentando convencerse de que cualquier tiempo pasado (no) siempre fue mejor, recuerdos mostrados con orgullo, con nostalgia, con esa letanía de repetir, mientras que yo sólo puedo deslizar el ratón y dejar que continúen ocultos en ese espacio que la aplicación titula, casi a modo de burla, «un día como hoy», como si hoy fuera todos los días.

¿Vivimos para facebook? ¿Son reales esos momentos o sólo pose para acaparar pulgares hacía arriba y corazones? ¿Existe lo que no se comparte en las redes sociales? Miro ese pasado y no sé si es que no supe captar los momentos o simplemente mi vida se diluyó en esa nube que llamamos internet, pero me niego a creer que la Dolores de los primeros facebook y la de los últimos son producto de la madurez que nace de cumplir años y desperdiciar sueños. Lo bueno, y aunque alguno se eche las manos a la cabeza, es que creo estar recuperándola y quizá el año que viene los recuerdos sean dignos de ser recordados… y si no, no.

Dolores Leis Parra

 

Teatro

«A mi padre»

Regreso al blog con la maldición de no ser yo quien escribe.
Este año planea la incertidumbre de la vejez y el olvido: esos fantasmas que nadie invita y se sientan a tu mesa; viajes nunca realizados a los que reclamas un regreso; teatros abarrotados, sin palco ni platea, dónde sentarse a disfrutar los entreactos de la vida.

Regreso al blog con ese filo de amenaza: un umbral con salida al precipicio y el castigo de la muerte acechando entre bambalinas.

Dolores Leis Parra

Declaración

YO SOY Dolores Leis Parra
YO SOY Escritora
YO SOY Artesana
YO SOY Fuerte
YO SOY una Luchadora

YO AMO la Vida
YO AMO la Sencillez de mi Vida
YO AMO la Complejidad de mi Vida
YO AMO mi Vida

YO SOY Valiente
YO SOY Creadora
YO SOY Escritora
YO SOY Dolores Leis Parra

Dolores Leis Parra
Halloween 2017

Navegador de artículos