Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

Archivar para el mes “octubre, 2013”

Noche de difuntos

Hacía ya varios días que María Vargas no conseguía descansar. Se despertaba en medio de la noche acuciada por un sudor frío al que seguían molestos temblores; cuando cesaban, conciliar de nuevo el sueño era casi imposible. Amanecía pálida y ojerosa, apenas nada quedaba de aquella piel rosada que llevara a  enloquecer a más de un caballero en su afán por acariciarla. Las sombras violáceas que enmarcaban los ojos, semejaban una oquedad que enmascaraba el negro iris que tantos halagos provocara en boca de algunos enamorados. Aquejada de un mal que desconocía, sabía de los susurros a sus espaldas, de los rumores que su estado provocaba en la servidumbre; alguien habló del Diablo y ni siquiera las amenazas que Lolita Mayoral, la cocinera, le hiciera al servicio de arrancar su piel a tiras y cocerla en un caldero, surtieron efecto para acabar con ellos.

Deambulaba de madrugada Isabela Vargas por los pasillos de la Bernalesa, en pos de un vulgar vividor que se alojaba provisionalmente en el cortijo, cuando al pasar junto al dormitorio de su hermana escuchó ruidos más propios de animal que de ser humano. Recordó las historias que sobre fieras y monstruos giraban en torno a aquella noche, víspera de difuntos; mal día para mantener una cita clandestina. Los sonidos que se escuchaba al otro lado de la puerta tampoco eran muy tranquilizadores ¿se encontraba su querida María, encerrada en las profundidades de una pesadilla? Era su deber, como hermana mayor, entrar y despertarla, calmar su miedo y tumbarse junto a ella hasta que el sosiego volviera a su cuerpo… Juró al día siguiente que trató de entrar en el dormitorio, que su mano se posó en el pomo de la puerta dispuesta a hacerla girar, que los dedos se aferraron con fuerza e incluso, se ayudó del hombro para vencer la resistencia que desde el otro lado le ofrecían. No, no pudo gritar, la voz quedó atrapada en la garganta cuando sintió el roce de unas uñas deslizarse sobre la madera.

El periodista inglés, huésped de la casa, aseguró que vio una sombra correr en dirección al monte. No supo decir a ciencia cierta si era animal o persona. Si observó que tenía el cuerpo cubierto de blanco, posiblemente restos de la tela que encontró prendida entre las matas al emprender desde el jardín el regreso a su habitación. Claro que estaba totalmente seguro de lo que decía, porque cuando la gasa con forma de nubes que cubría el cielo dio paso a la luna llena, recordó que según sus creencias anglosajonas, esa era la noche en que los espíritus errantes, abandonaban el descanso para atormentar a aquellos que les atormentaron en vida.

Sobre la cama, descansaban los jirones del blanco camisón, en algunos trozos podía distinguirse las iniciales bordadas. A lo lejos el viejo lobo, llamaba a su manada.

Dolores Leis Parra

Cuaderno de interior, de Ricardo Virtanen

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El pasado jueves 24 de octubre el poeta y músico ripense, Ricardo Virtanen, presentó en el Centro Cultural Federico García Lorca de Rivas Vaciamadrid, su “Cuaderno de interior”. Forman este libro los diarios que el autor fue escribiendo durante el periodo comprendido entre mayo de 2003 y diciembre de 2004.

Acompañaron al escritor, Curro García Corrales (Concejal de cultura) y José Luis Morante (docente y poeta). Posteriormente se emite un audiovisual montado para la ocasión por Candela Arevalillo.

Antes de dar por finalizado el acto, Ricardo Virtanen respondió a distintas cuestiones en un debate abierto con el público asistente. No obstante, en casa me surgieron un par de dudas que al día siguiente y sin previo aviso, le envié por correo “Se que el momento de plantear estas preguntas era ayer, pero por un lado el pudor y por otro el temor a que con la inmediatez del momento quedaran ambiguas o confusas, me han decidido a enviarlas hoy por email.” Recibo su respuesta que quiero compartir con vosotros, los que estuvisteis allí y los que no.

Dolores Leis: Viertes en tu libro opiniones sobre distintos escritores y poetas. En algunos casos, nos confiesas, que esas opiniones están suavizadas o maquilladas antes de su publicación ¿Ese maquillaje se debe, a que en esta década trascurrida desde que fueron escritas hasta ahora, que ven la luz, ha variado tu opinión sobre dichas personas o es una manera de que esa amistad no se vea erosionada?

Ricardo Virtanen: Cuando uno escribe  -sobre todo- opiniones sobre contemporáneos suyos, gentes a las que ves con mucha frecuencia, o amigos incluso, lo hace en caliente. El diario es un género que no está en principio concebido para publicarse, al menos en mi caso. Cuando yo retrato situaciones,  a poetas, conocidos y amigos, lo hago para mí, desde una posición absolutamente íntima.  Se ha dado la casualidad de que pasados los años, casi una década, decido publicar esos retratos y perfiles dentro de lo que es conocido como el curso de mis días. Entonces es cuando uno observa lo óptimo de que esos retratos se publiquen tan y como se concibieron, o deben ser modificados algo, o simplemente anulados. Es así. Uno debe pensarse mucho publicar cualquier comentario íntimo sobre sus contemporáneos. Yo he seguido pues una  selección natural de mis momentos, y los he limado convenientemente.

D.L.: Dices que escribir un diario es como hacer striptease. Esta frase me hizo pensar en la película Gilda, lo que me llevó a la siguiente cuestión ¿En “Cuaderno de interior” te limitas a deslizar el guante sin mostrar lo que se oculta debajo?

R.V.: No perdamos la perspectiva de que todo esto es literatura. Yo no prosigo una cronología absoluta de mis horas, de mis días. Uno va apuntando cosas, y al final ese perfil conforma la vida de uno, una vida en ciernes, muy sesgada claro está. Todo lo impúdico que hay en sus páginas es lo impúdico que uno desea mostrar. Si lo maquilla o no, nadie lo sabrá nunca, ni yo mismo. He decidido publicar este diario, que no es  más que una autobiografía momentánea. Pero siempre desde la perspectiva de  la alta literatura, que uno siempre quiere alcanzar con cualquier escrito.

Con respecto a esta última respuesta, encuentro en Cuaderno de interior, una entrada con fecha 10 de junio de 2003 en la que ya se plantea la conveniencia de hacer del diario personal, un diario literario, con el que define este libro.

10 de junio

El gran González-Ruano, en su “Diario”, nos da la clave, su receta para el constructor de diarios: <<En la medida de lo posible huyo de hacer literatura. Sería demasiado fácil y quedaría todo más falso>>. Un diario, siempre al margen de la impostura. O sea, de la literatura. Pero ¿y si fuera precisamente al contrario? (Pág. 33)

Quiero agradecer a Ricardo su amabilidad y el tiempo dedicado a resolver mis dudas. Sin olvidar también darle las gracias, por alimentar mi maltrecho ego con su bonita dedicatoria.

Si queréis conocer un poco mejor a éste músico/poeta llamado Ricardo Virtanen, os invito a leer “Cuaderno de interior”. O porqué no, escuchar su solo de batería.

Dolores Leis Parra

El autor agradece los comentarios.

Más información www.doloresleis.com

Extraña noche

Extraña noche en que la risa golpea los párpados impidiendo dormir.

Extraña noche en que los pensamientos, lejos de contar ovejitas, cuentan sonrisas.

Extraña noche que planea sobre su cabeza, alojando la certeza de un futuro mejor.

Extraña noche en la que un deseo, largamente ansiado, sobrevuela al fin el cielo.

Vueltas en la cama, nunca fue tan difícil dormir. No es una noche cualquiera. Presagios. La primera vez que la felicidad enturbia su sueño.

Preocupaciones, pesares, dudas, ansias, desazón tan arraigada que no permite cerrar los ojos; compañeros. Más, trino de ave dorada; nunca vivió caso similar a lo que estaba aconteciendo. Ajena al desenlace que propicia su repentina felicidad, se obligaba a reír entre dientes para no despertar a quien a su lado descansa. No ceja la risa, regresa como niño travieso que tira guijarros al cristal de su presente; buscando romper la capa que encarcela el futuro. Cierra los ojos, los abre. Es más fácil reír con ellos entornados. Risas tranquilas, calladas, fluyendo al exterior. Percibe la noche, esa noche extraña que rompe las horas de vigilia.

No sabe muy bien hasta cuándo debe llevar la sonrisa, pero mientras luce no le asusta  el insomnio, mensajero de esa felicidad que ahuyenta los malos augurios. El despertar es otra cosa ¿Acaso cayó en el sueño sin darse cuenta? Se escapó la alegría junto a la luna. Los labios quieren reír, la mueca se pinta en ellos.

Su grito estremece la quietud del nuevo día ¡Vuelve!

Dolores Leis Parra

El autor de esta entrada agradece los comentarios.

Para más información http://www.doloresleis.com

Tony

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Nos hacemos mayores, querido amigo. Cómo bien me dices, lo vemos en nuestros hijos que van creciendo; en nuestros padres o suegros, que nos abandonan. Estamos en esa edad intermedia en que la segunda juventud huye y la tercera corre para alcanzarnos. Ese limbo, espacio de nadie donde se desdobla la personalidad que nos convierte en seres necesarios e innecesarios, en parte y juez.

Reivindicas humanidad, la reclamas para seguir adelante, para no convertirte en mera máquina de vivir y recordar. Ningún tiempo pasado fue mejor. Si acaso diferente, alegre selección de momentos plenos. Luchábamos con otras armas, las que nos daba la inconsciencia de creernos capaces de cambiar el mundo. Un día ese mundo nos arreó una patada en el trasero, y tuvimos que ser nosotros los convertidos para no sucumbir a la desolación que se abría ante nuestros ojos desvirgados.

El centrifugado puede omitirse. Permite a la mente gotear ideas, que abracen el frescor del suavizante, esa brisa azul, rosa o vainilla que mezcla la pureza del azar con el aroma de la naturaleza. Da paso a una constante, espiral infinita, en la que los pensamientos anuden lazos de vida serena y combativa que conduzcan a la verdadera felicidad.

A Tony, amigo y compañero… “Al de la victoria”. Siempre contigo.

Dolores Leis Parra

El camino

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Dejamos atrás el campo al atardecer. Las campanas que nos recuerdan el paso del tiempo sin prisa. Se bifurca el camino ¿derecha, izquierda? Hoy no es necesario el azar de la moneda.

Derecha, digo quedo y accedes a mis deseos, siguiendo mis pasos por el camino que nos lleva a Belmonte, pero sabiendo de antemano, que el destino dista kilómetros de allí. Pasamos junto a campos que apenas una semana antes nos mostraban  los secos girasoles, y que hoy sólo son troncos tajados. Los olivos cuyas ramas empiezan a doblarse bajo el peso del fruto, que según cuentan, este año será generoso. Pero tu risa se detiene en la encina, que solitaria en el camino, nos deja ver decenas de bellotas que desafían la gravedad, pues el más mínimo roce, las hace caer entre las piedras del camino. Juegas como un niño pequeño. En el menique la boina que desprendes del fruto; lamento que mi eterno compañero, el bolígrafo, me haya abandonado esa tarde, pintaría tu dedo con puntitos y sonrisas para que la voz que imita al niño, tuviera un lugar real donde vivir.

Llegamos a la Pesquera, lugar de meriendas en la infancia del pueblo y que hoy sucumbe bajo la maleza que todo traga. Termina el paseo, como lo hace el fin de semana, regresando al abrigo de los gruesos muros que nos abre, cálidos, la puerta de la vieja casa.

Dolores Leis Parra

Ninguna parte de José Luis Morante

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Presenta José Luis Morante su poemario “Ninguna parte” en la librería Alberti de Madrid y eso merece estrenar libreta que además reza en su portada la palabra Amigos.

Llego demasiado pronto, como siempre. En una ocasión él mismo me comentó que cada vez son menos los amantes de la puntualidad, tú, yo… pero no es cierto, son muchos los amigos igual de puntuales que nosotros.

Me advirtió también hace unos días, que la librería Alberti era un sitio mágico en el que habían leído los mejores poetas desde hace 30 años, cuando bajamos a la planta inferior y tomamos asiento en el semicírculo que forman las sillas, esa magia se eleva y te hechiza mientras me rodean los libros y varias decenas de amantes de la poesía.

Javier Lostalé hace un recorrido por la obra de José Luis Morante, nos recuerda que tiene tres premios en su haber, el premio Cernuda, el San Juan de la Cruz y el premio Hermanos Argensola. Habla de “Ninguna parte”, enumera alguno de sus poemas, no se detiene en la lectura de ninguno, prefiere que sea el propio poeta quien lo haga. Y así sucede, Javier le cede la palabra y José Luis Morante empieza a desgranar alguno de los versos que componen su última obra. Alguno tan emotivo que hasta la voz parece que se empaña al leerlo.

Tras firmar mi ejemplar al final de la presentación, trato de regresar al mundanal presente leyendo un wasap enviado por mi hermano emplazándome al día siguiente para nuestra comida mensual (disculpad esta divagación totalmente ajena a lo que nos compete), cuando me aborda un caballero que me indica lo bien que ha estado el acto. Me extraña el abordaje, no recuerdo haberle visto en el interior y el libro que lleva en las manos, no sólo no es el de Morante, ni siquiera es de poesía. Asiento educadamente y camina a mi lado. Sus palabras me desconciertan, me habla del estado de ánimo del poeta, dice “le notaba lúgubre”, la palabra me choca hasta el punto de dudar de si es esa realmente la utilizada, pero me convenzo de que sí, ese es el adjetivo. Le contesto que no puedo opinar, conozco a José Luis desde hace unos meses y aunque los hilos del cariño son fuertes entre nosotros, apenas si hemos coincidido una decena de veces, tal vez menos (todo esto por supuesto, con palabras menos bonitas que las que ahora escribo) Le recuerdo sus referencias al alzheimer, a la ceguera, a la memoria… una cosa es plasmar en un poema el dolor que nos deja una situación personal y otra decirla de viva voz. Termino de hablar y me recrimino en silencio, que respuesta tan insulsa, tan poco apropiada, porque ¿quién soy yo para poner voz al dolor de otros? Continúa a mi lado durante algunos metros más, comentarios banales y un encantado antes de separarnos en el cruce de la calle Princesa.

Hasta aquí los hechos de anoche, los palpables, los tangibles. Ahora la lectura de Ninguna parte y sentir con los versos del poeta.

 

Dolores Leis Parra

 

Feliz cumpleaños (06/10/2013)

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Pasan los años y ya van cincuenta. Recuerdo aquellos primeros poemas de adolescente enamorada que escribía en el autobús camino de mi primer trabajo. Un cuaderno de espiral y de una raya en el que con cada palabra caía un sentimiento, con cada sentimiento una risa.

Hoy, es tu día. Las velas de la tarta se iluminan para ti, tú formulas el deseo, acaricias el tiempo que nos resta, sonríes al futuro, mientras yo, continuo llenando cuadernos con nuestra historia. Volveré a dejar entre sus páginas pedacitos de corazón que tú recogerás, guardándolos junto al tuyo para que nunca llegue a extraviarse.

Nuevos versos alentados por una vida en común, que se hizo firme sobre cimientos inseguros. Por el que pocos apostaron, tú, yo y algún otro suicida que supo ver más allá de dos almas perdidas.

Feliz día amor… y que cumplas mucho más.

 

 

Otoño

 

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Mientras abrazaba el pan caliente que acababa de comprar en la alimentación que los chinos habían abierto en la Plaza Central; aquella hoja cayó en el hueco de sus brazos, atrapada por el calor que desprendía a partes iguales cuerpo y pan, en una simbiosis tan perfecta que hasta el fuerte viento dejó de soplar a su alrededor.

Llevaba tiempo instalada en el frío del verano, desde aquel mes de julio que servicios sociales vino para alejarle de ella, con el beneplácito de un juez que decidió que aquellos que le abandonaron, estaban más capacitados que ella para criarlo.

Miró al cielo, cientos de hojas caían, suaves, livianas, ligeras, murmurando al gravitar: ma, ma… (silencio), ma, ma…

― Mamá.

El pelo encrespado, la piel morena, los vaqueros que le compró y que en esos meses se quedaron cortos permitiendo ver sus finos tobillos. Era la primera vez que la nombraba; cuando partió de su lado apenas sabía balbucear sílabas sin sentido.

El pan quedó oculto por las hojas que enviaba el otoño. Sustituyó aquel calor caduco por el de su pequeño cuerpo que a pesar de las semanas trascurridas seguía ajustándose perfectamente a sus formas. Reía y lloraba. Lloraba y reía. La trabajadora social asistía al encuentro en un discreto segundo plano hasta que se vio forzada a intervenir.

― Su abuela falleció hace una semana. La madre no se ve con fuerzas para criarlo ella sola. Ha renunciado a su custodia y el juzgado de menores ha decidido seguir adelante con el proceso de adopción. Ahora nadie puede arrebatártelo, el niño es tuyo.

Recogió la bolsa que le tendía, cargándola igual que al pequeño. Cerró la puerta del piso y allí, como un soplo, niño, hojas y pan.

Otoño.

Dolores Leis Parra

 

 

 

 

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