Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

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Hoy

Me siento bien, sonrío, es increíble como un pequeño logro me hace pasar de la preocupación a la euforia.
Paseo por Santiago, bajo por Estado en dirección a la Alameda, casi llegando descubro el Burger King donde un año antes hice una entrevista de trabajo, ¿porqué no? me digo, mi día bien merece un capricho. Elijo cuidadosamente, no quiero tomate, lechuga ni ninguna de las otras mariconadas que pretenden convertir la comida basura en algo saludable, sólo carne (doble), bacón y queso acompañado de mucho ketchup y mostaza.
La misma mujer que aquel día me permitió acceder a las oficinas me saluda sonriente mientras me pregunta si quiero subir al piso superior, creo ver en ese gesto que me ha reconocido, pero, quién sabe.
Me siento junto a la ventana, abro el envoltorio, saco el móvil y entre bocado y bocado me doy cuenta de que en lugar de saborear ese momento tan especial me dedico a mirar como un autómata el facebook. Apago. Me quito las gafas. Muerdo con deleite la carne jugosa que chorrea entre el tierno pan hasta mi mano, sorbo (casi rayando la mala educación) de la pajita que corona mi bebida y mientras observo la calle, y a sus transeúntes, me pongo a idear este relato. Al terminar el almuerzo bajo las escaleras, la misma mujer que me recibió se despide con un guiño, no me cabe duda, me ha reconocido.
Satisfecha, feliz, humana, recorro los pocos metros que me separan del metro.
Sonriendo, sonriendo, sonriendo…

Dolores Leis Parra

Perros callejeros

Perros callejeros

Para Barbi y Pampita
que me miman cuando estoy y me añoran cuando marcho

Cada pocos pasos, tropiezas con un perro callejero. En el país de dónde vienes la gente los ignora y cambia de dirección, o se acerca a ellos con la oculta intención de apartarlos del camino.
En esta ciudad con nombre de apóstol, los cuidan como lo que son, compañeros, aunque el pedigrí escasee y la apariencia no presuma buena raza. El barrio, aquí lo llaman Comuna, que te acoge, recorta sus viandas y las comparte con ellos, siempre hay unos metros, cuadrados o lineales, para albergar a un nuevo miembro en la familia, aunque tenga cuatro patas, y hablo de gente trabajadora que en su mayoría hace florituras para llegar a fin de mes.
Va esta entrada por ellos, por las mascotas, por los amigos, por su alegría traducida en ladrido, por sus carreras y sus juegos. Por hacernos sonreír y acurrucarse a nuestro lado cuando nos saben tristes. Por darnos esa excusa que nos invita a pasear por el jardín.

Dolores Leis

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