Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

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Somos leyenda

Siempre he creído en los poetas malditos, para mí es grata y tranquilizadora su lectura porque no pretenden dar ninguna lección de vida, ni mostrarte un mundo rosado que las más de las veces no pasa de ser un rojo desteñido. Ellos, los malditos, no pintan el universo como la panacea para todos tus problemas, al contrario, te hablan de fango, de miedo, de adicciones, tormentos, bucles, paranoias, más miedo. De la culpa que acecha detrás de una copa de vino, del pánico al escuchar la sentencia de una prueba médica, del amor que te abandona o del abandonado, de tantas pérdidas…

«Tú también eres una poeta maldita, has sido alcohólica, te has marcado una buena colección de cagadas, has visto monstruos en los espejos…»

Cierto que fui (¿es correcto usar el pretérito?) maldita, más en esa época no era poeta, entre la bruma de cervezas y gin-tonics, con la vista fija en una lámpara que no dejaba de girar, se perdieron el total de los versos, sin fuerzas ni conciencia para llevarlos al papel. Ahora escribo poesía, sé que ningún universo me va a dar por arte de magia lo que deseo, que odiar forma parte del ser humano y es necesario en algunos momentos para no perder la cordura, que el que da amor no siempre es pagado con la misma moneda y que a las mejores personas (casi) siempre les caga la vida.

Quizá la figura del poeta maldito sólo sea una leyenda pero me gusta pensar que es real y que alguna vez fui uno de ellos.

Dolores Leis Parra

 

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Tantos cantos y un puente en la A-3

 

Bello canto
y como todo lo hermoso
se equivoca,
si alguien estorba en su ecuación
eres tú que regresaste
para elevar al cuadrado la incógnita.

Nada detiene a la muerte
ni siquiera un puente
de la autopista de Valencia.

Hay muchas formas de morir:
los barbitúricos de la Pizarnik,
las olas de Alfonsina,
el salto al océano de Hart Crane,
el arsénico de Chatterton,
las venas cortadas de Fabrice,
el disparo de Rigaut,
la soga de Arnero.

Morir, como Larra,
la Woolf,
Mishima.
Tantas muertes por cantar…

Revive su muerte
y tú la escuchas
en el canto de la lluvia,
en el humo del cigarro,
en ese puente que separa
Moratalaz de Vallecas.

Dos caras en una sola moneda.

Dolores Leis Parra

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