Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

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Reflexiones sobre la muerte

 

No es la muerte, es ese miedo a reencarnarse en otro cuerpo que nunca recordará quien fuiste, los momentos que viviste ni lo que sentiste mientras los vivías.
No es la muerte, es el miedo a perder la identidad, son los recuerdos que abandonan el espíritu, ocultos en los bolsillos de ese traje que llamamos cuerpo y que, como él, serán devorados por las llamas o los gusanos.
No es la muerte, ni el dolor por los que quedan, es despertar y no saber en quien te has convertido ni que cuota de felicidad y sufrimiento te tocará pagar en esa nueva vida que te ofrecen.
No es la muerte, es el temor del más allá y la certeza de la desmemoria.
No es la muerte, es el olvido.

Dolores Leis Parra

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Teatro

«A mi padre»

Regreso al blog con la maldición de no ser yo quien escribe.
Este año planea la incertidumbre de la vejez y el olvido: esos fantasmas que nadie invita y se sientan a tu mesa; viajes nunca realizados a los que reclamas un regreso; teatros abarrotados, sin palco ni platea, dónde sentarse a disfrutar los entreactos de la vida.

Regreso al blog con ese filo de amenaza: un umbral con salida al precipicio y el castigo de la muerte acechando entre bambalinas.

Dolores Leis Parra

Matrix

muerte de Triniti

Tienes que salir. Es la única opción.

Cuchicheos, comentarios, miradas furtivas. Estás fuera, lo sabes y lo saben, es cuestión de semanas como mucho meses. Llegar al año será recoger un cadáver sin una linda sonrisa.

El Oráculo supo que morirías encerrada en la rutina. Sin valor para tragar la pastilla roja es difícil abandonar Matrix.

Morfeo tiró la toalla.

Neo partió de viaje (allende el infinito)

Trinity murió por salvar al Elegido y (él) nunca se enteró.

Tendrás tiempo de enviar una última carta, la de un alma que agoniza con mortaja a medida del cobarde.

El infierno no espera.

Dormirás entre las llamas.

Al fin descansarás.

Dolores Leis Parra

 

Una linda sonrisa

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Hubo gemidos, roces y sudor. También el sonido de la cama que quería ocultar el deseo del amor prohibido… Y luego silencio.

Alargó la mano para coger un cigarrillo. Hacía años que habías dejado de fumar pero el olor del tabaco te trajo recuerdos que resultaban molestos; es por eso, que con suavidad lo retiraste de sus dedos antes de que lo encendiera, dejándolo sobre la mesilla que había junto a ti.

― Quiero que me prometas dos cosas.

Te pusiste sobre el costado derecho, la cabeza apoyada en la mano tras flexionar el codo, con la otra dibujabas bucles entre el vello cano que cubría su pecho. Te sonrió con esa sonrisa que tanto te gustaba, pero no dijo nada. Nadie promete algo sin saber primero de que se trata.

― Prométeme que no pasará un solo día, sin que me des los buenos días o las buenas noches. O las dos cosas…― callaste, él asintió sin dejar de sonreír.― Y prométeme también que te enamorarás de una mujer que te haga feliz.

Se le congeló la sonrisa y se velaron sus ojos. Suave pero firme te empujó hasta quedar sobre ti, era irresistible el deseo de besarle.

― Lo último no voy a prometerlo, pero mi mensaje será lo primero que veas cada mañana al despertar y lo último antes de ir a dormir.

 

Queda un mensaje mudo en la bandeja de entrada, nadie pulsa el enter. Un fugaz recuerdo, la primera y única vez que compartieron algo más que café.

Eras un cadáver con una linda sonrisa.

Dolores Leis Parra

Testamento vital

testamento vital

Había dejado todo atado. Demasiadas veces había estado al otro lado del cristal viviendo escenas que no deseaba se repitieran delante de a él.

Amigos tenía muchos ¿pero lo bastante fuertes como para cumplir sus deseos…? Serias dudas le asaltaron a la hora de elegir, al final creyó que el más indicado era ese cuya amistad siempre había estado cogida con alfileres. No le temblaría la voz al dar la orden que con anterioridad habría dejado firmada de su puño y letra. Testamento vital lo llamaban, vital que viene de vida y lo redactas para acelerar la muerte ¡Vaya contradicción!.

El ataúd cerrado, imprescindible e innegociable. Nada de llantos frente al féretro, si los deudos querían lamentarse que lo hicieran lejos de su mirada… ¿Qué mirada si las córneas serían donadas? al menos no tenía ni miopía ni astigmatismo- se consoló- quien las recibiera no llevaría gafas ni lentes de contacto. Nunca se hizo donante pero siempre tuvo claro que deseaba que sus órganos fueron aprovechados, lo reiteró una y otra vez hasta dejarlo grabado en la mente de sus familiares ¡Hasta eso respetaron!. Quizá alguno de esos órganos no estaba en tan buen uso como creía pero a caballo regalado… siempre estaría más sano que el de aquel que lo recibía. Ojalá la huella del tabaco se haya borrado de sus pulmones, hacía más de una década que había dejado de fumar y le parecía cruel que el receptor se ahogara subiendo las escaleras por un vicio que posiblemente su enfermedad nunca le permitió disfrutar.

Acertó en su elección, aquel amigo cumplió bien el mandato, demasiado bien se atrevería a decir. Aún seguía vivo cuando empezaron a descuartizar su “no cadáver”.

Dolores Leis Parra

Reencarnación

 

Perseguiste un sueño que en realidad corría tras de ti.

La banca te premió con un as, pero el astuto rey, venció a la dama blanca.

Viviste eternamente, perdido en las brumas de la infancia.

Creíste perdurar, al ver los fieles agolparse ante tu cama.

 

Alcanzaste una quimera.

Finalizó en derrota la partida.

Esa mente difusa hizo perdurar los recuerdos.

Una cruz de madera coronó la tumba.

Y a pesar de regresar mil veces,

De nuevo la Calaca, aplastó la vida.

Dolores Leis Parra

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