Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

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Sopa de letras

Hacía algunos años que no lograba sentirme orgullosa de mi trabajo -cuando  hablo de trabajo me refiero al de escritor que, al fin y al cabo, trabajo es-, poesía, novela, relatos, el blog, todo se me hacía un mundo y nada de lo que quedaba plasmado en el universo virtual me hacía sentir conforme, unas veces porque mostraba más de lo que deseaba, otras porque me resultaba tan frívolo y lejano que no conseguía reconocerme en los textos; y yo no concibo escribir desde la distancia, sobre todo si hablamos de poesía; o está inundada de alma o es papel mojado (por supuesto una opinión personal que admite discrepancias).
Me costó mucho dar por terminado el poemario, confieso que todavía añado algún poema nuevo que se gesta en el insomnio y nace con la mañana, pero no puedo evitarlo, siempre me pregunto si los elegidos son los que deben estar y ante la ambigüedad de la respuesta lo dejo tal cual, relajarse o morir.
Pero a lo que iba que me pierdo, en los últimos tiempos he tenido la fortuna de que la Gaceta Peuco Dañe compartiera uno de mis poemas, de que otro haya sido seleccionado entre más de 1100 para formar parte de una antología de versos de amor que editará Diversidad Literaria, de terminar el citado libro de poemas, de retomar el blog cuando, por problemas tecnológicos, lo creí perdido, de impartir un taller de lectoescritura a niños de básica en el Liceo Luis Humberto Acosta en El Monte, por cierto, taller en el que todos aprendemos, yo la primera…
Confieso que hacía muchos años que no conseguía valorar mi trabajo, pensaba que si el reconocimiento no venía de fuera era un reconocimiento sin valor pero cuando empecé a creer de nuevo en lo que escribía, a dejar de temer a las palabras y a los sentimientos que estas mostraban, cuando recuperé la diversión que para mí siempre supuso sentarme frente a una máquina de escribir, logré dejar atrás toneladas de miedo y quintales de duda, y hoy, después de recibir tanto cariño y afecto por parte de amigos, conocidos y contactos de las redes sociales que se alegran conmigo de mis pequeños logros, me siento recompensada por todos esos meses en los que anduve perdida en el mar de las letras cual sopa en busca de lápiz que encontrara las palabras escondidas.
Gracias a todos los que estáis, también a los que son aunque no están.

Dolores Leis Parra

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Eres tú mi príncipe azul…

Portada del cuento
Trabajo de la profesora Luisa Arroyo y su hija

      

Desde el Liceo Luis Humberto Acosta, en la comuna de El Monte, me invitaron a escribir una introducción que diera pie a un baile de cuento que se realizaría durante el Café Literario organizado para finalizar los actos que conmemoraban la semana del libro.

Mi admiración y agradecimiento a los pequeños príncipes y princesas que pusieron alas a mis palabras: Krishna, Amaranta, Crishna, Karla, Antonia, Scarlett, Andrés, Benjamín, Gonzalo, Luis y Yostin.
Nada más bello que su sonrisa.
Nada más hermoso que su cariño.

CUENTO PARA UN VALS
Había una vez, en un país no tan lejano, un hermoso palacio coronando la montaña. Los príncipes habían partido en busca de aventuras deseando conquistar nuevas tierras y convertirse en recordados guerreros. Las princesas, por su lado, marcharon también en busca de sus propios cuentos dejando entre sus muros al rey solo y triste.
Pasaron los años y ninguno regresaba, cansado el anciano rey de que sus palabras sólo obtuvieran silencio como respuesta decidió dar un gran baile con el que llenar de alegría su corazón y los altos techos del palacio; mandó descorrer las cortinas, encerar los suelos hasta convertirlos en espejos y engalanar con lazos y globos las paredes.
La noticia de los preparativos corrió por los distintos reinos llenándose el lugar de vecinos que deseaban acompañar al rey y participar de la fiesta.
Llegaron los príncipes que, nerviosos, paseaban de un lado a otro por la escalinata, tropezando entre sí cada pocos pasos.
Aurora despertó de su sueño.
Blancanieves abandonó el bosque.
Bella visitó su cabello con pétalos de rosa.
Y Cenicienta se calzó de nuevo los zapatitos de cristal.

¡Silencio! Parece que alguien viene…
¡Sí! ¡Son cascos de caballos! Se acerca un carruaje…
¡Miren! La sala está iluminada…
¿Escuchan? Es la música que se filtra por las ventanas. Hay risas en el palacio…
Ya están aquí las princesas ¡Qué comience el baile!

Dolores Leis Parra

(Música de fondo)
Eres tú mi príncipe azul…

Pequeños príncipes y princesas junto a las profesoras Luisa Arroyo (5º Básico) y Alejandra Caverlotti (coreógrafa y profesora de yoga)

 

 

Vuelta a las aulas

 

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Fueron días repletos de eventos relacionados con los libros, no en vano el sábado se celebró su día. Muchos actos para honrar y reivindicar a este olvidado amigo, a quienes dedican horas y desvelos para darle vida y por supuesto al lector, que hace de cada página una nueva aventura.

Tuve la fortuna de ser invitada al Liceo Luis Humberto Acosta, en la comuna de El Monte de la Región Metropolitana para acompañarles en las actividades que con motivo de ese día habían preparado, un 23 de abril (en este caso viernes 22) diferente, al menos para mí que no pisaba un aula escolar desde que mis hijos terminaran el instituto. Las puertas de las clases estaban vestidas de gala en homenaje a conocidas historias de la literatura: Alicia en el país de las maravillas, El principito, Romeo y Julieta

Primera parada para visitar a los autores chilenos, Neruda, Gabriela Mistral, Nicanor Parra y Marcela Salas que nos hicieron un breve recorrido por su vida y obra antes de acudir a la sala de arte, dónde tendría lugar el foro literario con los alumnos de 4º medio, entre los cuales, según me indicó su profesor de lenguaje, hay algunos con esa voz tan necesaria para quien tiene entre sus inquietudes seguir llenando el mundo de libros e historias. Hubo mucha participación, ganas y buenas preguntas, espero que las respuestas estuvieran a la altura de quienes amablemente se tomaron unos minutos para compartirlos conmigo.

Los pequeños de 1º y 2º básico me recibieron con cariño y abrazos. Al explicarles la profesora a que me dedico quisieron saber si yo había escrito Papelucho, personaje de cuento muy querido por todos los niños que en ese momento ocupaba la pizarra. Lejos de perder la sonrisa con mi negativa, redoblaron las risas y los abrazos entre comentarios, preguntas y posar para una foto de recuerdo.

Pinceladas de su historia, el misterio que alberga sus muros, un café con sopaipillas y muchísimo cariño, formaron parte del equipaje que viajó conmigo en la micro a mi regreso. Un día diferente en que los libros y los estudiantes fueron los auténticos protagonistas. Me abrieron las puertas de su mundo, mirada atenta, sentidos alerta, mente abierta; en esto de la literatura nunca se deja de ser aprendiz.

Dolores Leis Parra

 

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