Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

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Cuaderno de ruta: Granada

Son más de las 12 de la noche, sin reloj no puedo aventurar la hora exacta y hace meses que me niego a utilizarlo (cuando no consigo resistir la tentación de saber la hora, miro el móvil). Aprovecho que Manolo duerme, o lo intenta, para continuar con ésta bitácora.

Curvas, curvas y más curvas… y Granada, como si se lo estuvieran llevando. Más de una hora para recorrer la distancia que nos separa de Montefrío.

Una vez allí, la canción de Sabina, “Peces de ciudad” me viene a la memoria. ¡Cuánta razón al decir que “al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver”! La ciudad que nos ha recibido no tiene nada que ver con la de hace 25 años. No la recordaba tan grande. Para visitar la Alhambra hay que sacar entrada con antelación (algo que ya sabíamos) o hacer cola desde las seis de la mañana para conseguir alguna de las entradas que diariamente se ponen a la venta y que se agotan enseguida. Las cuestas con 20 años eran menos empinadas y no había que pagar para entrar a la Catedral.

Se salva la Alcaicería. El zoco árabe no ha cambiado con respecto a mi recuerdo; sigue igual de misterioso y envolvente. Las palabras dichas en extraña lengua y los gritos de un lugar a otro, a pesar de que ni un metro los separa, te invita a entrar y buscar reminiscencias de la época musulmana.

El haber visto a Gloria, después de quince días ha hecho esta visita menos decepcionante.

Al montar en el coche, ya de vuelta, mi estómago empieza una danza que no presagia nada bueno. He ahí, que el tomtom nos cambia el rumbo y nos trae de regreso por una carretera bastante llana, de curvas tan abiertas, que comparadas con las anteriores son casi rectas. El estómago se relaja y yo con el. Después de todo el regreso ha sido tranquilo. Respiro mientras escribo esto. Otro motivo añadido de satisfacción, creo, que va empate.

Fin del primer día.

Buenas noches y mañana más…

Dolores Leis Parra

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Cuaderno de ruta: El viaje

Durante su estancia en Granada, Washington Irving no sólo visitó la Alhambra. Su viaje le llevó por distintos pueblos de la provincia, uno de ellos Montefrío, en la serranía granadina. Hoy mis pasos me traen aquí.

Hasta Bailen bien podría ser uno más, de los muchos viajes en los que acompaño a Manolo a Sevilla. Es precisamente en ese pueblo, donde dejaremos atrás la carretera de Córdoba y tomaremos la que nos conducirá a Granada. Es por tanto, en Bailen donde dará comienzo lo que he dado en llamar “nuestra aventura”.

Cuando nos desviamos en la autovía de Sierra Nevada, nos quedan algo más de 120 km para llegar a nuestro destino. Acortamos distancias mientras divisamos al fondo, montes que rompen el paisaje de olivos que nos rodea.

Cercanos ya a la provincia de Granada, los olivos siguen ganando terreno a los pinares. Los primeros invaden la serranía, arrinconando pequeños ejemplares de pinos asidos a la ladera.

Sólo el cartel de color verde, nos avisa del cambio de provincia. Jaén queda atrás pero el paisaje que se extiende ante nosotros es más de lo mismo. Por desgracia, la carretera tiene tal cantidad de curvas, que soy incapaz de disfrutarlo. Mi estómago es como una lavadora en pleno centrifugado.

A poca distancia y controlando la nausea que no remite, divisamos Montefrío. Casas blancas alojadas en la ladera, Castillo en lo alto… mucho más grande de lo que imaginaba.

Desde que entras, descubres los carteles que rezan “Ruta de Washington Irving”, para ellos es un orgullo que el escritor romántico, eligiera el pueblo como uno de sus destinos.

Nos alojamos en “La Enrea”, un antiguo molino de aceite del siglo XIX reconvertido en hotel rural. Esta tarde visitaremos Granada, que se encuentra a aproximadamente 50 km. Espero que la carretera no se muestre tan hostil y permita a mi maltratado estómago disfrutar del camino y la posterior visita a la ciudad.

Ya os contaré…

Dolores Leis Parra

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