Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

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Crónica de un Festival

Cartel promocional del I Festival Fusión Arte (Plaza de Armas de Talagante)

Ni el frío, ni la noche fueron excusa el sábado para que la Sala/Teatro de la Casa de la Cultura de Talagante se llenara de amigos y amantes de las artes. El llamado lo hizo Marez a través del I Festival Fusión Arte, festival que contó con la participación y el apoyo de la Corporación cultural que de manos de su director, Don Manuel Vergara, le hizo entrega de un cuadro conmemorativo por su labor en la difusión de la cultura en la comuna.
El evento reunió en un mismo escenario música, circo, teatro y poesía, y para dar la bienvenida a los asistentes, en el hall de acceso al teatro, los cuadros de Madalena Lobão-Tello.

Madalena Lobão-Tello

Coordinar y empastar las distintas manifestaciones artísticas que componían el festival no era tarea fácil, pero Marez lo consiguió al introducir la magia del circo como conductor y presentador de las distintas participaciones.

En un año en que la polémica por el premio Nobel de literatura levantó ampolla entre muchos escritores y poetas, decir que la música que nos acompañó esa tarde era poesía en movimiento. Ivok, Critical funk y Marez dejaron claro que la buena música acoge buenas letras y las buenas letras duplican su mensaje con la buena música. Tiempo de volar, soñar y reivindicar, o póngales ustedes el orden, que éste no alterará el producto.

Ivok

 

Marez

 

 

 

 

Critical funk

El Teatro estuvo a cargo de Sol Segura y Compañía que escenificó un fragmento adaptado del mito de Medea.

 

 

 

 

 

Y en cuanto a la poesía, tres fueron los poetas participantes, uno Talagantino, otro de Tomé y la española que escribe, vecina de esta comuna desde hace casi un año.

Ricardo García (Tomé)

Javier Tarkowski (Talagante)

Sacarse selfies mientras uno recita no es nada sencillo, más bien diría que misión imposible por lo que no puedo dejar constancia gráfica de mi paso por el I Festival Fusión Arte pero les prometo -palabra de Leis- que allí estuve recitando mis poemas.

Dolores Leis Parra

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Fragmento

camila

CAMILA 

I 

Usted necesita alguien alegre, que la haga sonreír, con quien practicar los ritos milenarios que armonizan la mente y el cuerpo. Alguien con quien dormir abrazada. Tiznar papeles en una esquinita de su taller, levantar los ojos y enfrentar la mirada. Artesano de la belleza. Vivir en libertad lejos del corsé que oprime a los de su clase. Fluir. Un hombre que la haga vibrar con un roce. Que de forma a su cuerpo, metal tibio entre sus manos. Que la derrita en agua… 

Al escuchar esas palabras en boca de aquella mujer supo que no pararía hasta encontrarle. Quiso detenerse, pero Amaranta tiró de ella con fuerza dejando atrás a  la desconocida. Cuando la voz apenas era un murmullo confuso entre los muchos del mercado, soltó su mano. Ella se giró enfadada por su gesto, iba a regañarla cuando leyó la determinación en su rostro. La joven se colocó en jarras y la enfrentó, por primera vez vio a Amaranta retroceder.

—Vamos a regresar.

Había reconocido la voz de sus sueños, esa que la perseguía en las noches haciendo que, al amanecer, sus ojos se poblaran de sombras oscuras. Tampoco esperó respuesta, ni volteó la mirada para ver si la seguía, con paso decidido deshizo el camino parándose frente a la mujer que mostró un diente de oro al sonreír e hizo un gesto para que le acompañara.

—Sólo ella —dijo cuando Amaranta trató de seguirla al interior—. Tú no eres bienvenida en casa de Corina.

Amaranta rezongaba en la puerta, se lamentaba por haber cedido a los ruegos de Camila. La casa Alcocer continuaba de luto, apenas había pasado un año desde la muerte de los señores y la joven en lugar de cambiar los ropajes negros por otros de tonos más discretos, había escogido el más llamativo de su armario, un brillante vestido azul pavo real y con la sonrisa pintada en el rostro se había lanzado, arrastrándola con ella, a recorrer las atestadas calles en día de mercado. Y para más inri esa tal Corina la arrancaba de su lado.

Continuara…

Dolores Leis Parra

El pasado en cada esquina

Título: El pasado en cada esquina
Título original: El pasado en cada esquina
Autor: Dolores Leis Parra
Género: Drama
Saga:
Año Copyright: 2015
Premios:

Estamos en 1924, en los primeros pasos de la dictadura de Primo de Rivera. Madrid es una ciudad apasionante, llena de vida social, artística y económica, a ella llegan Ernesto Sotomayor y su familia que acaba de aceptar un cargo en la unidad infantil de un hospital y Gala, acompañada de su padre, con la idea de abrir una galería de arte al estilo de las que ya existen en París.

A partir de aquí el amor, la vida, la sociedad, los misterios de familia se cruzan y se enfrentan en el marco de un país que vive entre la inestabilidad política, la admiración intelectual y el deseo de expansión y apertura.

El pasado en cada esquina es una historia de entonces sobre las relaciones familiares, amorosas y profesionales. Estudiado con cuidado cada perfil de los personajes, escrita con claridad y ritmo, su lectura nos tendrá cautivos desde el principio hasta la última página.

 

Rozando el nuevo siglo

Texto de 1999

12 de junio de 1999

Estaba viendo por tercera vez “La casa de los espíritus” cuando volvió a asaltarme el deseo de escribir una novela tan maravillosa como la de Isabel Allende. ¡Pensé que es tan difícil hacerlo! Yo no tengo una abuela Clara que me ponga en contacto con los espíritus para crear un personaje tan entrañable, no he conocido una guerra cruel y devastadora en mi patria, ni mi familia ha sufrido las vejaciones y el maltrato que de un golpe de estado se deriva. Mi marido no es un Gregory Reeves con un pasado turbulento digno de figurar como protagonista de una novela; mi hijo de nueve años sólo tiene tres pasiones en su corta vida: el futbol, Egipto y la Game boy que por navidad le trajeron los Reyes Magos; en cuanto a la niña he de agradecer infinito que no sea Paula, mi pequeña es una mujercita que mañana cumple siete años y que espera ilusionada los regalos que ese día le traerá.

Cuando yo era una niña tenía una imaginación desbordante. No necesitaba juguetes, sólo tenía que ver una película para convertirme en Sissi Emperatriz; en Jo, la escritora rebelde en “Mujercitas” o en Pollyana, la niña feliz que vivía en un orfanato. Cualquier libro me transportaba a una isla desierta en las historias de Los Cinco, hasta de un perro de peluche usado (al que mi madre puso unas orejas de fieltro) me servía del fiel Tim; en las alumnas que poblaban el internado Santa Clara, o el de Torres de Malory es lo mismo; en la sensata Pam de las aventuras de Los Hollister… Cualquier personaje era bueno para introducirme en su piel y crear mis propias aventuras.

Recuerdo que iría a 3º de E.G.B. cuando comencé mi primer libro, era la historia de diez muchachos que resolvían misterios y ayudaban a los demás, los bauticé con los nombres de mis compañeras de clase a las niñas y nombres inventados para los niños (era un colegio mixto pero en las clases aún nos dividían por sexos), como no una de las protagonistas llevaba mi nombre, era todo lo que yo anhelaba ser, guapa, popular, con un hermoso pelo siempre recogido en una trenza hacía adelante… con trozos de tela vieja fabriqué esa trenza y con ayuda de un pasador la unía a mi corto cabello mientras jugaba a que nos encontrábamos en un castillo viejo y abandonado. Todo lo que sucedía durante la tarde era anotado en un cuaderno y así iba creando capítulo tras capítulo la trama de esa historia. Un día olvidé la trenza, olvidé el castillo y olvidé la novela. Yo que pensaba en escribir una colección de libros sobre Los Diez, ni siquiera fui capaz de terminar el primero. Pero no me preocupé, otra historia ocupó su lugar.

Adoraba bailar, grababa canciones de la radio en un viejo casete, la música de entonces, Miguel Bosé, Leif Garrett, Los Pecos… pasaba tardes y tardes recorriendo el salón, piruetas, giros, movimientos de cadera; me sentía feliz con ella, el baile me llenaba me hacía sentir una niña diferente, una niña ágil, armoniosa; alguien que no tenía nada que ver conmigo, larga, torpe y desgarbada. Me gustaba bailar, creo que todavía me gusta pero no puedo hacerlo, aún cuando me encuentro sola en casa y lo intento el ridículo a mi misma me invade e impide que mis pies y mi cuerpo se muevan al son de Manolo García o Alejandro Sanz.

Acabé mi primera novela gracias a mi marido, tenía dieciséis años y un montón de folios sin terminar separados por papeles doblados e intentando cada uno de ellos sobrevivir a la poca constancia que poseo. Cierto día, cuando me acompañaba al autobús le pedí que me escribiera una canción (le encanta tocar la guitarra, ahora apenas lo hace, los años siempre nos llevan a perder) lo haré el día que tú acabes una novela fueron sus palabras y como si fuera un reto lo hice. Nació “Lombourg” (título complicado que tomé prestado a Jane Austen de su “Orgullo y prejuicio”), era una novela romántica, ambientada en el inicio de la Guerra de Secesión americana con apenas 30 páginas y millones de erratas o concesiones a la época actual. Orgullosa como un pavo fui con mi carpeta bajo el brazo para entregársela convencida que en pocos días tendría mi canción. Han pasado dieciséis años y todavía continúo esperando.

Dolores Leis Parra

Hay maneras y maneras

De siempre se ha dicho que escribir un libro es como parir un hijo. Tal vez la comparativa no sea muy acertada, después de todo el libro, una vez editado, no llora a las tres de la mañana porque tiene hambre o el pañal sucio, pero es cierto que por haber <<nacido>> de ti, lo muestras con el mismo cariño y orgullo con que muestras a tu hijo, aunque no sea todo lo guapo o perfecto que quisieras.

Soy de esas madres que siempre defiendo a mis vástagos, pero nunca me he engañado ni he engañado a los demás, tampoco he tratado de hacer que comulguen con ruedas de molino, si alguien me ha señalado algo malo y realmente es cierto, no lo he negado e incluso he avisado a otros de lo que van a encontrar. Acepto todas las opiniones, lo único que pido es es que lo digan con respeto, sin buscar hacer daño ni ofender.

Hace unos días puse un tweet en el que decía que era la última vez que me fustigaba con relación a las erratas de la novela, pero se ve que me faltaba éste último latigazo.

Ahora sí, ni uno más.

Dolores Leis Parra

Entrevista

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Si queréis conocerme un poco mejor os invito a leer la entrevista que Irene Rohs publica hoy en su blog “Mi Rincón de los Libros”

http://lectura.elcontenedor.net/la-entrada-del-jueves-entrevista-a-dolores-leis/

Suicidio literario o la verdad por delante

Cuando el escritor novel autopublica suele cometer ciertos errores, bien por inexperiencia, bien por las prisas de ver su primera obra impresa.

Algunos ya sabéis que publiqué mi primera novela hace unos meses. Lo primero que llama la atención de ella es lo gorda que es. Tiene algo más de 650 páginas, no era intención que tuviera tantas pero finalmente ese fue el resultado. Con respecto a ello, hay personas que me han dicho que se podían suprimir algunas, también hay quien dice que con menos páginas la novela hubiera quedado coja. Necesitaba un número determinado de hojas para quedar completa; y éstas son las necesarias, bajo mi punto de vista para poder contar, todo lo que quería que los lectores supieran y no dejar cabos sueltos.

El tema de las erratas es otra cosa. No sabía que existían lectores beta, o correctores profesionales que se dedican a pulir una obra hasta dejarla perfecta. Yo fui la  encargada de corregir mi obra, con paciencia y ayuda de algún lector voluntario (del corrector ortográfico de word no hablo porque según queda de manifiesto, no es demasiado fiable). En un momento determinado tuve que decir “basta”, porque a fuerza de leer y releer, cada vez perdía más sentido lo que trataba de contar. ¿Qué se colaría algún error o falta ortográfica? Era más que probable, sólo me cabía esperar que fueran las menos posibles.

Otra cosa que se me achaca es que no puntúo lo suficiente. Por lo que he podido darme cuenta, mi escritura se caracteriza por frases largas, con pocas pausas entre palabras. Es mi manera de escribir, y ahora, siendo consciente de ello (no lo fui durante la escritura de El último Bernal) y cuidando el ser más clara en las expresiones, me sigue sucediendo. Aunque espero que se aprecie el esfuerzo que hago por ajustarme más a las normas establecidas, en ningún caso quiero perder mi propia identidad, correcta o incorrecta manualmente hablando, pero mi estilo.

Hay editoriales que aunque auto publiques si te corrigen el texto y distribuyen la obra. Por desgracia en este momento no tengo los medios económicos para reeditar la novela, ahora sí, en un envase perfecto. Porqué las opiniones negativas que me llegan tienen más que ver con la forma que con el fondo. El último Bernal, es fácil de leer, engancha, tiene giros inesperados, acotaciones originales… pero hay que darle una paliza al corrector. Los que me hacen esta última observación también me dicen que no afecta a la lectura ni a la comprensión del texto. Otros no hablan para nada de ellas, y los hay también en según que pasajes del libro, culpan a dichas erratas de darle poca claridad.

Me estoy tirando piedras contra mi propio tejado con este artículo. Pero las vigas son fuertes y una vez sustituida la frágil uralita por tejas de barro, seguiré luchando por esta novela. Creo en ella, en la historia que cuenta, en la de Jimena y en la mía, que en definitiva van juntas en esta aventura. Puede que alguna presentación que tengo medio apalabrada, se caiga tras leer esto, con toda libertad, me podéis decir lo que sea. También puede hacer desistir a posibles lectores, de alguno de los cuales, espero su opinión, y por supuesto, puedes echarte para atrás en acompañarme en la presentación antes mencionada si así lo deseas (a quién va dirigida lo entenderá)

Para mi próxima novela, que ya está en marcha porque estas cosas te dejan tocado, pero no te hunden, contrataré un corrector, o quizás alguna editorial con corrector en plantilla se interese por ella. En ese caso la historia, perfecta en su forma, habrá perdido un pedacito de mí, porque habrá alguien que se encargue de poner puntos y comas, acortando esas frases demasiado largas que me son tan comunes.

A todos los que ya la han leído, gracias por confiar. A los que a pesar de leer esto, continuáis con ganas de leerla, adelante, os animo a que lo hagáis y disfrutéis del universo que os ofrece “El último Bernal”. Y a los que después de esto, deciden no hacerlo, gracias también por permitir que me explique. No me gusta mentir y desde que los primeros lectores me hablaron de las erratas, cada vez que ofrezco la novela a alguien, siento que no soy totalmente sincera. Por fin lo he sido, ahora todos saben lo que encontrarán cuando la abran, en forma y fondo.

Aunque me late acelerado el pulso por esta confesión que temo no llegue a ser comprendida, el cuarto Chakra (Anahata), siente un inmenso alivio, por fin el puño que durante meses le ha estado oprimiendo, abre sus dedos y le permite bombear libremente.

Dolores Leis Parra

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