Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

Archivo para la etiqueta “despedida”

Fantasmas

fantasmas

Hay un gato en la escalera, tal vez un pariente lejano de aquél que se subía a mi regazo y pasaba acurrucado en él tantos minutos que llegaban a ser horas si no me movía del lugar.

Sarito (ostentaba dicho nombre en honor a su madre) era grande, atigrado en tonos canela, y un día desapareció. No era callejero pero le gustaba trastear en los tejados, casi siempre llegaba a casa con arañazos en el rostro, imaginábamos que eran heridas de guerra por conquistar el amor de su dama. Si regresaba de noche entraba por el entretecho y se acomodaba en el sofá o sobre el cojín rojo de tu silla para dormir hasta que alguno de nosotros le despertaba con caricias. Sin embargo, si el regreso coincidía con los rayos del sol maullaba para que le abriéramos la puerta y le dábamos comida. Adoraba el pollo, era un placer verle dar rienda suelta a la gula cuando le dejábamos los huesos mal arrebañados, para que tuvieran su pedacito de carne.

Podía pasar fuera dos o tres días pero cuando contamos el cuarto y el quinto sin aparecer, la preocupación de que le hubiera pasado algo empezó a invadirnos.

¡Cuánta razón!

Sarito no volvió. A veces le imagino en lo alto de la tapia que divide los patios, tan real que puedo escuchar su maullido, es entonces cuando recuerdo que yo, al igual que él, ya no habito aquella casa, que sólo soy un fantasma en permanente espera.

Dolores Leis Parra

Una linda sonrisa

hacer-el-amor1

Hubo gemidos, roces y sudor. También el sonido de la cama que quería ocultar el deseo del amor prohibido… Y luego silencio.

Alargó la mano para coger un cigarrillo. Hacía años que habías dejado de fumar pero el olor del tabaco te trajo recuerdos que resultaban molestos; es por eso, que con suavidad lo retiraste de sus dedos antes de que lo encendiera, dejándolo sobre la mesilla que había junto a ti.

― Quiero que me prometas dos cosas.

Te pusiste sobre el costado derecho, la cabeza apoyada en la mano tras flexionar el codo, con la otra dibujabas bucles entre el vello cano que cubría su pecho. Te sonrió con esa sonrisa que tanto te gustaba, pero no dijo nada. Nadie promete algo sin saber primero de que se trata.

― Prométeme que no pasará un solo día, sin que me des los buenos días o las buenas noches. O las dos cosas…― callaste, él asintió sin dejar de sonreír.― Y prométeme también que te enamorarás de una mujer que te haga feliz.

Se le congeló la sonrisa y se velaron sus ojos. Suave pero firme te empujó hasta quedar sobre ti, era irresistible el deseo de besarle.

― Lo último no voy a prometerlo, pero mi mensaje será lo primero que veas cada mañana al despertar y lo último antes de ir a dormir.

 

Queda un mensaje mudo en la bandeja de entrada, nadie pulsa el enter. Un fugaz recuerdo, la primera y única vez que compartieron algo más que café.

Eras un cadáver con una linda sonrisa.

Dolores Leis Parra

Navegador de artículos