Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

Abandonada

 

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Buscando estar y estando, llegó a la orilla, cansada. Primero un pie, después otro, hasta alcanzar el punto exacto que buscaba. Un estremecimiento, de placer, o de frío, o de miedo, o de vergüenza por la desnudez que el agua se negaba a ocultar sospechando, que ojos traidores acechaban detrás de las matas.

Flexionó las rodillas, permitiendo al río ceñir su pecho, salpicar el rostro, lamer las puntas del cabello mientras recordaba, cuentos de seres encantados, de peces de colores y buques amarrados que el padre le contaba. Escuchó el cantar de las sirenas, a través del viento le llegaba desde un mar que cercano al pueblo quedaba. Cerró los ojos, el húmedo cabello se hizo corona flotando alrededor como si de algas se tratara. Mientras, las voces la llamaban. Las manos empujaban pero la corriente enemiga la esquivaba, ella, empeñada en hundirse; el río negando convertirse en morada dejó el cuerpo entre las rocas, desmayada. La luna besó sus labios, el aliento de la noche templó el alma; la desnudez cubierta por el otoño que llegaba.

Sin buscar estar y estando, la encontró un caballero que pasaba, miró asustado hacia otro lado y no dijo nada.

 

Dolores Leis Parra

 

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