Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

Cuaderno de ruta: Montefrío

La visita de hoy me ha permitido olvidarme de curvas y decepciones, por lo que si hay algo que lamento, es que nuestra estancia esté a punto de terminar.

El Castillo de Montefrío no es tal castillo. Se trata de una de las fortalezas amuralladas que el Reino Nazarí mandó construir en el Poniente granadino, en un intento de frenar el avance de las tropas cristianas. “Los pueblos del Poniente granadino eran la línea fronteriza que marcó encuentros y desencuentros entre dos maneras de ver el mundo” Es la última frontera de Al-Andalus.

En 1482 los Reyes Católicos empiezan a luchar contra estos puestos fronterizos. Montefrío calló el 26 de junio de 1486, aunque lo cierto es que tras la caída del resto, los musulmanes abandonaron el lugar sin luchar, partiendo hacía Granada.

En 1941 se inicia el asedio a Granada. Casi un año de encierro, penuria y enfermedades, abocó a la Firma de Capitulaciones, entregando la ciudad a Isabel y Fernando, el 2 de enero de 1492.

Volviendo al lugar que nos ocupa, en la ladera sur de la Villa se encuentra el arroyo de la Cruz Gorda, en el modulado de los macizos conocidos como “olas de piedra”. Sobre ellas se ubicó el antiguo campamento o El Real, donde los Reyes Católicos acamparon durante el asedio. Al rendirse las tropas árabes y pasar a convertirse en Villa cristiana, nuevas normas rigieron la fortaleza.

Era obligado acudir a la llamada del Rey en caso de guerra. Sólo estaban exentos las mujeres, el clero, los frailes, los judíos y los mudéjares. Miles de personas se contrataban para transportar durante la campaña, víveres y artillería. Esto último sería la gran novedad en la guerra de Granada. Además, el ejército era seguido por médicos, obreros e incluso narradores de historias. Estas tierras vieron nacer el inicio de lo que sería el ejército moderno.

“En el espacio que existe entre el cielo y el suelo han nacido diferentes creencias, dioses y advocaciones. En muchas ocasiones se han convertido en instrumento de separación, excusa, expulsión y agresión… En el nombre de Dios.

… En el nombre de Dios se inicia la Reconquista.

… En el nombre de Dios se idean las Cruzadas.

… En el nombre de Dios, los musulmanes permiten a los judíos y cristianos seguir practicando su religión en sus territorios, a cambio de fuertes impuestos y ser considerados ciudadanos de segunda clase.

… En el nombre de Dios, los cristianos dirigen su mensaje religioso, no ya a los no creyentes, sino a otros cristianos que deberán tener una razón para luchar y confirmar su verdadera Fe.”

 

En el siglo XVI (1543) el arquitecto Diego de Silos, inicia la construcción dentro del recinto amurallado, de la Iglesia de la Encarnación, más conocida como Iglesia de la Villa, de estilo gótico-renacentista. El 29 de mayo de 1776, mientras se celebraba misa, un rayo cae sobre ella, prendiendo fuego a cuadros, tallas y el retablo del Altar Mayor; una gran piedra se desploma del techo pero ninguno de los reunidos resulta herido, sólo un perro es alcanzado perdiendo el rabo. Se habla de milagro, lo que no impide que la iglesia quede abandonada, construyendo Domingo Lois de Monteagudo la Nueva Iglesia de la Encarnación, de estilo neoclásico (1876/1802).

En el interior de la antigua Iglesia de la Villa se levanta en la actualidad un Centro de Interpretación. Se puede subir a la torre, 111 peldaños en una escalera de caracol, con dos tramos intermedios para descansar, te permiten coronarla y ver desde lo alto, una preciosa panorámica de Montefrío.

Al pie de la ladera donde se levanta el Castillo, hay varios nichos que forman parte del primer cementerio cristiano de la época.

 

Una cervecita para reponer fuerzas y continuamos nuestro periplo visitando El Pósito, edificio neoclásico que se utilizaba como almacén de cereal (siglo XVIII). La Iglesia de San Antonio, dedicada al culto de San Antonio de Padua, de estilo barroco tardío; y el Convento del mismo nombre, perteneciente a la Orden de los Franciscano hasta la desamortización de Mendizábal, cuando pasó a manos de particulares funcionando como panadería.

Ya por la tarde, visita a Las Cascadas del molino, cuyas cristalinas aguas invitaban al baño y fotografía al Puente Romano.

Dolores Leis Parra

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