Dolores Leis

"No importa cuán lentamente avances mientras no te detengas"

Besa

Besa. Antigua tradición albanesa que habla de socorrer y cuidar a quien está en apuros.

Todavía no comprendo que me impulsó a comprarlo. Cuando leo la sinopsis de una novela y encuentro las palabras “holocausto” “Segunda guerra mundial” o “nazi” huyo de ella como de la peste. Pero en esta ocasión, la promesa de Paris, una portada evocadora o tal vez porque el librero bajo el cierre mientras yo tenía el libro en las manos; hizo que obviara mi propia norma y me lleve a casa “La lista de los nombres olvidados” de Kristin Harmel.

La protagonista de la historia, es nieta de una refugiada judía, al enfermar ésta, y tras la muerte de su madre, será ella quien deba hacerse cargo del negocio familiar, una pastelería. El libro está salpicado con recetas de dulces, tanto de tradición judía como musulmana. En eso, me ha recordado lecturas como “Afrodita” de Isabel Allende, o “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel.

En uno de los escasos periodos de lucidez que le da el alzhéimer, Rose le habla a su nieta Hope de su pasado en el Paris ocupado de 1942. Le entrega una lista con los nombres de la familia que quedó en Francia tras su huída la noche del 15 de julio, un día antes de la gran redada llevada a cabo por los nazis y que tuvo como consecuencia el internamiento de millares de judíos franceses en el Vel d´Hiv. Junto con la lista, le pide que regrese a la capital francesa y los busque.

En un contexto histórico en que una parte de la humanidad, se dedicó a exterminar a otra, salta a mis ojos el concepto de Besa. La expresión podría traducirse como “palabra de honor” y habla de un hecho cultural único, cuyo origen es antiquísimo, tanto como el mundo. Explica que si el mundo existe, es gracias a este acuerdo colectivo que habla de socorrer al que está en apuros y de vernos reflejados en él, porque todos somos criaturas de Dios. Besa es al mismo tiempo una obligación moral y un código de honor centrado en el cuidado de otro, en especial de aquel que llega hasta nuestra puerta pidiendo auxilio. La autora, por boca de uno de los personajes, nos lo define como “Concepto albanés que deriva del Corán. Significa que si alguien acude a nosotros por una necesidad, no podemos rechazarlo” (cap. 21, pág. 299).

Fue esa premisa la que hizo posible que durante los años de guerra, se salvaran cientos de judíos que vivían en las zonas ocupadas por los alemanes. Musulmanes y católicos, aún a poniendo en riesgo su vida y la de sus familiares, no dudaron en esconder y ayudar a abandonar sus ciudades de origen, a aquellas personas que por cultura, raza o religión eran perseguidas.

Quiero creer. No. Estoy convencida; que este tipo de acciones se siguen llevando a cabo. Que a pesar de las diferencias, el radicalismo, la xenofobia, hay en el mundo personas dispuestas a sacrificarlo todo por ayudar a quienes lo necesitan. Existen organizaciones interconfesionales, en las que las personas, colaboran para el entendimiento religioso. Pero hay otros, colectivos o individuales, que lo hacen porque sí, por el deseo de construir un mundo más justo, por la satisfacción de ayudar a los demás. Ahí reside la verdadera Besa.

La lista de los nombres olvidados, es una bonita historia. Casi un cuento de hadas. “Me gusta”.

Dolores Leis Parra

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